Diseñando el Desastres

El Admirador del Teatro Colón

La presentación oficial de Selene Global en Argentina se organizó en el majestuoso Teatro Colón. Toda la alta sociedad porteña estaba allí. Paz, impecable en un vestido de seda azul noche, brillaba mientras explicaba la estrategia para el Cono Sur.

Sin embargo, entre los aplausos, un hombre joven, de apellido tradicional y mirada intensa, no le quitaba los ojos de encima. Se acercó a ella durante el cóctel posterior.

—Señora Thorne, su presentación fue... poética —dijo el hombre, un tal Facundo Alvear—. Argentina necesita una visión como la suya. Me encantaría invitarla a almorzar a mi estancia para discutir cómo mi grupo inversor puede apoyar sus ideas.

Oliver, que estaba a unos pasos, sintió un pinchazo de los viejos celos de Manhattan, pero esta vez se controló. Se acercó lentamente, puso una mano en la cintura de Paz y sonrió con una seguridad profesional que desarmó al argentino.

—Mi esposa tiene la agenda completa por los próximos meses, señor Alvear —dijo Oliver con voz firme—. Pero si quiere discutir inversiones, mi bufete maneja todos los contratos de Selene. Podemos vernos en mi oficina... si puede conseguir una cita.

Missiu Leguau, que observaba desde una silla de terciopelo rojo, soltó un maullido de aprobación. La familia estaba unida, y en Buenos Aires, nadie iba a romper ese frente.

Facundo Alvear no era hombre de rendirse fácilmente. Tras el encuentro en el Teatro Colón, envió a la mansión de la Recoleta una cesta gigante de productos regionales y una invitación formal para pasar el fin de semana en "La Soñada", su estancia histórica en la provincia de Buenos Aires.

—Es una oportunidad estratégica, Paz —insistió Juliette por videoconferencia—. Los Alvear tienen los terrenos más valiosos para el proyecto de viviendas sustentables. Hay que ir.

Julián, que ya se imaginaba como un auténtico gaucho, fue el primero en comprarse un sombrero de ala ancha y unas botas de cuero. Mía, con su panza de gemelas cada vez más prominente, solo aceptó ir con la condición de que Missiu Leguau tuviera su propio espacio en el transporte.

—Si esa oveja patagónica no pudo con nosotros, unas vacas de las pampas menos —sentenció Julián, sin saber lo que le esperaba.




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