Diseñando el Desastres

Churros, Secretos y el Traidor

Esa misma madrugada, Mía despertó a Julián con una urgencia absoluta. —Julián, las gemelas necesitan churros rellenos de dulce de leche. Pero los de "La Antigua", los que están cerca de la Plaza de Mayo.

—Mía, son las tres de la mañana... —balbuceó Julián, pero al ver la mirada de su esposa (y la de Missiu Leguau, que parecía apoyar la moción), se puso la chaqueta.

Al llegar a la zona histórica, Julián vio algo que lo dejó helado. Frente a un café oscuro que solía cerrar tarde, Facundo Alvear estaba hablando intensamente con un hombre que bajaba de un coche blindado. Julián se ocultó tras una columna de la Recova y sacó su teléfono. El hombre del coche no era otro que el asistente personal de Martina Rossi.

—¡Lo sabía! —susurró Julián—. El "galán" de las vacas está haciendo negocios con la enemiga.

En ese momento, Missiu, que se había colado en el asiento trasero del coche de Julián, saltó por la ventanilla y empezó a maullar cerca de los hombres. Julián tuvo que correr para rescatar a la gata antes de que lo descubrieran, perdiendo la oportunidad de escuchar más, pero con la prueba fotográfica en su poder.

Al día siguiente, en el palacete de la Recoleta, se convocó una reunión de emergencia en la biblioteca. Ethan desplegó su ordenador mientras Paz, Oliver y Mía escuchaban con rostros sombríos.

—Martina no está actuando por despecho amoroso, eso fue solo la pantalla —explicó Ethan—. Se ha aliado con el grupo de Vance y con Facundo Alvear aquí en Argentina. Su objetivo es bloquear legalmente la apertura de nuestra sucursal en México antes de que el consejo de administración apruebe la inversión.

—Quieren asfixiarnos financieramente en el sur para que no podamos expandirnos al norte —analizó Paz—. Si logran detener México, Selene Global perderá su mayor contrato de la década.

Julián entró en ese momento, todavía con olor a churros y polen de los Catskills (metafóricamente). —Y tengo la prueba de que Alvear es el infiltrado —dijo, mostrando la foto del encuentro nocturno.

Missiu Leguau saltó sobre la mesa de caoba, sentándose justo encima del mapa de Ciudad de México. Miró a los cuatro adultos y soltó un maullido autoritario, como si ella ya tuviera la estrategia lista.

—Bien —dijo Mía, acariciando a su gata—. Quieren guerra en Buenos Aires y sabotaje en México. Pues no conocen a las mujeres Ferrer. Oliver, prepara la contrademanda. Paz, vamos a usar los terrenos de Alvear contra él. Y Missiu... tú sigue vigilando a los intrusos.




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