Diseñando el Desastres

Un Momento de Paz entre Tormentas

A pesar del caos que se avecinaba, esa tarde hubo un momento de calma. Paz y Oliver caminaron por los jardines de la Recoleta con el pequeño Bastian Justiniano, que intentaba perseguir a las palomas.

—Prometimos que aquí no habría fantasmas, Oliver —dijo Paz, suspirando. —Y los venceremos, Paz. Esta vez no me ocultaste nada, y yo no te ocultaré nada a ti. Somos un equipo.

Mientras tanto, en el piso de arriba, Alice dibujaba a Mía descansando. Las gemelas se movían en su vientre, y Mía sonreía. La familia estaba bajo ataque, pero en ese palacete de Buenos Aires, el amor y el arte seguían siendo los muros más fuertes de Selene Global.

En el despacho del palacete, Ethan y Oliver trabajaron hasta el amanecer. Diseñaron un contrato de exclusividad falso para unos terrenos en México que supuestamente eran la "joya de la corona" de Selene Global. Sabían que Facundo Alvear estaba desesperado por información para entregársela a Martina.

—Si muerde el anzuelo, quedará expuesto frente a todo el consejo de administración —dijo Oliver, sellando el sobre con el logo de la firma.

El plan necesitaba un "accidente". Durante un almuerzo en la estancia de los Alvear, Mía dejó caer su bolso "accidentalmente" cerca de Facundo. Missiu Leguau, entrenada para el drama, saltó sobre la mesa, tirando una copa de vino y creando la distracción perfecta. En la confusión, el sobre "confidencial" quedó a la vista de Facundo.

—Vaya, Mía, parece que tu gata tiene sed de malbec —rio Facundo, mientras sus ojos se clavaban en el documento. —Es una siamesa con gustos caros, Facundo —respondió Mía con una sonrisa gélida—. Vigílala bien, no querrás que se lleve algo que no le pertenece.

En el despacho del palacete, Ethan y Oliver trabajaron hasta el amanecer. Diseñaron un contrato de exclusividad falso para unos terrenos en México que supuestamente eran la "joya de la corona" de Selene Global. Sabían que Facundo Alvear estaba desesperado por información para entregársela a Martina.

—Si muerde el anzuelo, quedará expuesto frente a todo el consejo de administración —dijo Oliver, sellando el sobre con el logo de la firma.

El plan necesitaba un "accidente". Durante un almuerzo en la estancia de los Alvear, Mía dejó caer su bolso "accidentalmente" cerca de Facundo. Missiu Leguau, entrenada para el drama, saltó sobre la mesa, tirando una copa de vino y creando la distracción perfecta. En la confusión, el sobre "confidencial" quedó a la vista de Facundo.

Facundo Alvear no perdió un segundo. Con la rapidez de un prestidigitador, sacó su teléfono y fotografió cada página del contrato falso que sobresalía del bolso de Mía.

Lo que Facundo no sabía era que el documento contenía una cláusula de "compra preferente" en una zona de México que en realidad estaba protegida por el gobierno como reserva ecológica. Si Isabella intentaba bloquear esa compra basándose en esa información, estaría admitiendo que poseía documentos robados y, además, intentaría litigar sobre tierras que legalmente no se pueden tocar.

—Ya picó el anzuelo —susurró Oliver a Ethan esa noche, después de recibir una alerta en el servidor de Selene Global. Alvear había enviado las fotos a un servidor en Nueva York vinculado a Isabella Rossi. La trampa estaba cerrada.

—Vaya, Mía, parece que tu gata tiene sed de malbec —rio Facundo, mientras sus ojos se clavaban en el documento. —Es una siamesa con gustos caros, Facundo —respondió Mía con una sonrisa gélida—. Vigílala bien, no querrás que se lleve algo que no le pertenece.




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