Diseñando el Desastres

Carnaval y Máscaras en San Telmo

Para celebrar el éxito de la galería de Alice, se organizó un baile de máscaras benéfico en las calles de San Telmo. La idea era mimetizarse con el espíritu bohemio del barrio. Martina Rossi, creyéndose intocable, apareció con una máscara de encaje negro, intentando acercarse a Paz para susurrarle una última amenaza antes de que el "bloqueo" legal se hiciera efectivo.

—Disfruta de tu palacio de papel, Paz. En México ya han empezado a demoler tus sueños —siseó Isabella entre la multitud.

Pero Mía había preparado una sorpresa de alta costura. En medio del baile, las luces se centraron en una pantalla gigante donde se proyectaron, no diseños de moda, sino las fotos de la cámara de seguridad del café donde Julián captó a Facundo con el asistente de Isabella, junto con el audio de la grabación que Paz hizo en el hotel.

—En esta familia no usamos máscaras para escondernos, Isabella. Las usamos para celebrar —dijo Mía por el micrófono—. Y tú ya no estás invitada a la fiesta.

La seguridad del evento, liderada por un Julián que por fin se sentía útil tras el desastre del arreo de vacas, escoltó a Isabella fuera de San Telmo bajo la mirada de toda la élite porteña.

Con Martina y Alvear expuestos pero aún peligrosos legalmente, Paz y Mía tomaron una decisión radical. No podían esperar a que los burócratas en Argentina resolvieran el lío. Debían viajar a México esa misma noche para firmar los permisos de la nueva sucursal antes de que el grupo de Vance pusiera un amparo internacional.

—Nos vamos, Oliver. Volveremos en tres días con los sellos oficiales —sentenció Paz mientras preparaba una maleta pequeña.

—¿Y nosotros? —preguntó Julián, cargando a Artemisa y tratando de que Bastian Justiniano no usara el jarrón chino como casco—. ¿Nos dejan solos a Oliver y a mí con dos niños y una gata con complejo de guardaespaldas?

—Es vuestra oportunidad de demostrar que podéis manejar el "caos Ferrer" sin nuestra ayuda —rio Mía, dándole un beso a su marido—. Además, Missiu Leguau se queda para supervisarnos. Ella es la verdadera jefa ahora.

La gata siamesa, al ver las maletas salir por la puerta sin ella, soltó un maullido de indignación absoluta. Se sentó en lo alto de la escalera de mármol, mirando a Oliver y a Julián con una expresión que decía claramente: "Si el bebé llora o la leche se quema, será culpa de ustedes".




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