Diseñando el Desastres

La Búsqueda del Taco Perdido

Esa misma noche, Mía decidió que sus gemelas no querían asado, sino tacos al pastor auténticos. —Julián, la experiencia en el DF me dejó un vacío que solo una tortilla de maíz real puede llenar —sentenció, mientras acariciaba su panza—. Y no quiero los de los restaurantes de moda. Quiero los que hace un chef mexicano que, según Instagram, se mudó a una zona bohemia de San Telmo y cocina en un garaje.

Julián, todavía con el susto de la plaza, no quiso negarse. Junto a Ethan, se adentraron en las callejuelas de San Telmo a medianoche. Terminaron perdidos en un mercado de antigüedades cerrado, preguntando a los serenos por "el hombre del trompo de carne".

—Si nos asaltan por unos tacos, Mía me va a oír —masculló Ethan—. ¡Soy un abogado de Wall Street, no un buscador de comida callejera!

Finalmente encontraron al chef, un hombre que resultó ser fan de los diseños de Mía. Volvieron a la Recoleta con una caja de tacos humeantes, solo para encontrar a Mía dormida en el sofá con Missiu... y a la gata intentando lamer la salsa de piña en cuanto abrieron el paquete.

Cuando Ethan vio a su hermana dormida, no lo podía creer —¿Nos recorrimos medio San Telmo para encontrarla dormida? —musculó Ethan asombrado.

Llegó el día de la inauguración de la Academia de Arte de Alice. Juliette estaba radiante, paseando entre los caballetes de los niños. Julián, nervioso por el evento, sacó un pañuelo de su bolsillo para secarse el sudor, y con él, voló un pequeño objeto brillante que rebotó en el suelo de parqué, deteniéndose justo en los pies de la abuela.

Era un fragmento de cristal azul, perfectamente reconocido como la "mano derecha" del Ángel de Ginebra.

Juliette lo recogió con dos dedos, su mirada se volvió de acero y miró fijamente a Julián, que se puso del color del papel. —Así que... "estudio de la luz", ¿verdad? —dijo Juliette mirando a Alice, que intentaba esconderse tras un cuadro.

—Abuela, yo... —empezó Paz a intentar defender a Julián.

—Silencio —sentenció Juliette—. Sé perfectamente lo que pasó esa noche con Alvear. Sé que rompieron mi estatuilla. Pero también sé que Alice mintió para proteger a este par de inútiles —señaló a Julián y Oliver— y que Missiu defendió la casa mejor que cualquier sistema de alarmas.

Juliette guardó el fragmento en su bolso con una sonrisa enigmática. —Consideren esto su "deuda de honor". Me comprarán un castillo en México para la nueva sede de Selene, y quizás entonces olvide que mi ángel terminó siendo un puzzle mal pegado.

Cuando Julian y Oliver escucharon la sentencia de Julliette, se quedaron de piedra —¿Un castillo?, —dijeron los dos a la vez, ¿de dónde vamos a sacar un castillo? —no se de donde pero lo van a tener que conseguir, ya saben como se ponen Julliette cuando se enoja, —dijo Paz mientra se reia a carcajadas.




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