De vuelta en la mansión, Oliver revisó la tarjeta de memoria del investigador. Había fotos de todos, pero una en especial le llamó la atención: una foto de Martina Rossi en un hotel de Buenos Aires, entregándole un sobre a Facundo Alvear.
—Martina cometió un error —dijo Paz, mirando la pantalla—. No solo nos estaba siguiendo, estaba dejando pruebas de su conspiración con el socio local.
—Mañana mismo enviamos esto a Nueva York —concluyó Oliver—. Martina ya no es un fantasma, es una evidencia criminal.
Missiu Leguau saltó al escritorio y se sentó sobre el teclado, cerrando la sesión con una pata. La gata parecía satisfecha; el territorio estaba marcado, los enemigos expuestos y la familia, a pesar de los cristales rotos y los antojos nocturnos, estaba más unida que nunca en el sur.
Mía decidió que la mejor defensa era un buen ataque mediático. Organizó un Baby Shower espectacular en los jardines del palacete de la Recoleta, invitando a la revista ¡Hola! y a toda la prensa de sociedad de Buenos Aires.
—Si Martina quiere una foto nuestra, se la daremos, pero bajo mis condiciones y con mi mejor perfil —declaró Mía mientras se ajustaba un vestido de seda diseñado para resaltar su panza de gemelas.
El evento fue un despliegue de lujo. Paz y Oliver posaban felices con Bastian Justiniano, mientras Julián intentaba que Artemisa no se comiera los adornos de azúcar. Missiu Leguau, con un lazo de encaje rosa, se paseaba entre las mesas como la verdadera anfitriona.
Martina, que observaba desde un coche alquilado a dos cuadras, rabiaba de impotencia. No podía atacar un evento lleno de cámaras y figuras públicas sin cavar su propia tumba legal. Mía, mirando directamente a una de las cámaras de televisión, levantó su copa de jugo de frutas y sonrió, enviando un mensaje silencioso: "Estamos aquí, somos felices y no te tenemos miedo".
Mientras la fiesta seguía en la ciudad, Alice se quedó en su estudio revisando los bocetos que había hecho durante el fin de semana en la estancia de Facundo Alvear. Al comparar sus dibujos de las estructuras del sótano con un mapa antiguo que el tío Maximiliano le había prestado, notó una inconsistencia arquitectónica.
—Ethan, ven a ver esto —llamó Alice—. La distancia entre la bodega y el muro exterior no coincide. Hay un espacio vacío de casi diez metros.
Ethan, con su ojo analítico, se dio cuenta de inmediato: —Es un túnel, Alice. Conecta el casco principal de la estancia con un muelle clandestino en el río. Así es como Martina entra y sale de Argentina sin pasar por la aduana del aeropuerto. Estaba usando la propiedad de Alvear como un puerto privado para sus movimientos oscuros.
Sin perder tiempo, Ethan envió las coordenadas a la policía federal y a Oliver, quien estaba en pleno Baby Shower recibiendo la noticia por un auricular.
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Editado: 12.05.2026