Diseñando el Desastres

La Furia de las Madres (El fin de Martina)

Martina Rossi, ciega de rabia al ver las fotos de la felicidad familiar en México, intentó una jugada desesperada. Contrató a un grupo de abogados locales para impugnar la nacionalidad de las gemelas y detener la obra del Castillo, alegando "tráfico de influencias".

Lo que no calculó fue que se enfrentaba a una Mía protectora y a una Paz con las hormonas de hierro. Las dos mujeres se presentaron en la audiencia preliminar, dejando a los hombres en casa cuidando a los niños.

—Señorita Rossi —dijo Paz, sentándose en la mesa del tribunal con la calma de una reina—, mientras usted gastaba su fortuna en investigadores privados, nosotros compramos cada una de las deudas que su familia tiene en Europa. Si este juicio sigue adelante un minuto más, mañana mismo ejecutaremos el embargo de su apartamento en la Quinta Avenida y de su villa en el Lago di Como.

Mía sacó una carpeta con el sello de Selene Global. —Y aquí están las pruebas de que el señor Vance, su socio, ha estado desviando fondos de su propia cuenta. Martina, se acabó. No eres una villana, eres simplemente alguien que no sabe cuándo retirarse.

Martina miró a las dos mujeres —una con la fuerza de la maternidad reciente y la otra con la autoridad del futuro— y supo que había perdido. Salió del tribunal en silencio, escoltada por sus propios abogados que ya estaban calculando cuánto le cobrarían por el desastre.

Esa tarde, la familia se reunió en la terraza del palacio. Artemisa y Bastian Justiniano intentaban gatear tras Missiu Leguau, que los guiaba como una niñera experta hacia el área de juegos. Alice y Ethan brindaban con mezcal por su nueva vida en Argentina y su visita a México.

Oliver se sentó junto a Julián, ambos con un bebé en brazos. —¿Sabes qué, Julián? —dijo Oliver—. Al final tenías razón. Ser superado en número por las mujeres de esta familia es lo mejor que me ha pasado.

—Te lo dije, amigo —rio Julián—. Solo relájate y disfruta del viaje. Por cierto, ¿trajiste los mangos para mañana?

—En el auto, Julián. Tengo un cargamento entero. Por si las dudas.

Missiu Leguau se sentó en el centro del grupo, mirando a su manada completa. Su mirada azul recorrió a las gemelas, a los niños y al vientre de Paz. El imperio estaba a salvo, la villana estaba fuera y el futuro olía a flores de azahar y éxito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.