El video de Julián no tardó en llegar al grupo de WhatsApp de la familia. La abuela Juliette, al verlo desde Ginebra, comentó secamente: "Al menos alguien en esa casa sabe cómo poner orden a los que se creen más hermosos de lo que son".
El embajador vecino, lejos de enojarse, envió una caja de chocolates finos y una nota: "Don Carlos ha pedido asilo político en su propio gallinero. Gracias por la lección de humildad, Missiu".
Mía abrazó a su gata mientras alimentaba a Luna. —Eres única, Missiu. Has domado a Alvear, a Martina, Bianca y a muchas más y ahora a un pavo real. ¿Qué sigue? ¿Un jaguar en la selva?
Missiu solo ronroneó, mirando de reojo el vientre de Paz. Sabía que pronto vendría otra pequeña a la que tendría que "educar" con la misma firmeza.
Damos un salto en el tiempo. El "Castillo" de México es ahora un hogar vibrante. La escena es de puro cine: Victoria (la hija de Paz y Oliver), con tres años, corre por el pasillo persiguiendo a las gemelas Luna y Selene, que llevan puestas las capas de superhéroe de Bastian Justiniano.
Artemisa, la mayor de las niñas, intenta organizar un "té" con muñecas en el jardín, pero Victoria decide que es más divertido usar los pasteles de verdad para alimentar a los peces de la fuente.
—¡Oliver! ¡Tu hija ha decidido que los peces necesitan carbohidratos! —gritó Paz, que ahora dirigía Selene Sur con una eficiencia aterradora pero con una sonrisa constante.
Oliver apareció con el pelo revuelto y un dibujo de un unicornio pegado en la espalda. —¡Lo sé, Paz! ¡Pero al menos no están intentando montar al pavo real!
Julián y Mía entraron en la terraza, cargando bolsas de compras. Julián miró a su alrededor: cinco niños, tres perros, una gata y una mansión que parecía una zona de guerra de juguetes de lujo.
—¿Sabes qué, Oliver? —dijo Julián, dándole una palmadita en la espalda—. Extraño los días en que nuestro mayor problema era un contrato falso y un mango de Chiapas.
Missiu Leguau, ahora una gata veterana de mil batallas, observaba todo desde lo alto de la estatua de la entrada. Cerró los ojos satisfecha. El imperio estaba en manos de una nueva generación de Ferrer indomables, y ella, la reina siamesa, todavía tenía el control de todo
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Editado: 13.05.2026