Cuando la marca de ropa más importante del país te llama, para que seas la imagen oficial de su nueva colección, dices que sí sin dudarlo. Especialmente, cuando no eres una artista hollywoodense sino una bailarina clásica como yo.
La primera bailarina clásica en ser imagen oficial de Whitman.
Mi madre me acompaña y la señora Helen, la diseñadora y dueña de la marca, ha sido muy amable con nosotras. Aunque mi madre siempre tiene cara de disgusto y hace las cosas un poco incómodas, pero es mi agente y no puedo hacer nada.
Helen me ha explicado qué quiere lograr con esta campaña y también me ha informado que no seré la única cara de la colección, sino que tendré una pareja. Yo representaré lo clásico y elegante, él lo rebelde y alternativo.
Pero el chico no aparece y la Sra. Whitman está un poco de los nervios.
Me he paseado por todo el salón, viendo los posters gigantes con las caras de artistas famosos e importantes: Kendall Jenner, Yungblud, Brandon Sklenar, incluso Harry Styles. Y yo seré la siguiente.
«Es una gran oportunidad. No lo arruines», la voz de mi madre hace eco en mi cabeza y la emoción de este momento se esfuma, dándole paso a la presión.
—¿Conoceremos hoy al otro modelo o no? —pregunta mi madre y yo me sonrojo, evitando mirar a Helen.
—Eh, sí, sí. Es que todavía no… ¡Oh, ahí está! —Señala tras de mí y yo me giro.
Parpadeo y me recuerdo que debo cerrar la boca, carraspeando en mi lugar cuando veo al modelo caminar hacia nosotras. Está vestido con unos vaqueros de cuero, pero no lleva camisa y medio se cubre con una chaqueta de cuero con cadenas. El cinturón grueso tiene una hebilla grande y plateada que me lleva a ver la línea de vello que seguro sigue hacia abajo y…
Cuando me doy cuenta hacia donde están yendo mis ojos, subo la mirada y sacudo la cabeza. Tiene el cabello oscuro peinado hacia atrás con un efecto mojado y un solo mechón fino le cae por la frente. Sus ojos son claros y tienen delineado negro en la línea de agua, solo que está esfumado. Definitivamente le da esa estética gótica y rebelde que creo quiere conseguir la señora Whitman.
—Ira, por fin llegas. Te cité más temprano —masculla la señora Whitman, acercándose a él para saludarlo. Él no dice nada, pero noto el apretón amistoso que le da en el hombro y luego se fija en mí. Me enderezo en mi lugar ante tal mirada y muestro mi mejor sonrisa—. Hueles a cigarrillo y alcohol, muchacho.
Él le murmura algo en el oído que la hace rodar los ojos y termina de acercarse a nosotras. No me hace falta mirar a mi madre para saber que lo observa de arriba abajo con cierto disgusto, especialmente cuando él hace lo mismo.
—¿A quiénes tenemos aquí? —pregunta.
—Un gusto, Ira. Mi nombre es Elise —le digo, estirando mi mano. Él la mira y luego ladea la cabeza, volviendo a poner sus ojos claros sobre mí.
Con torpeza, retiro la mano y desvío la mirada.
—Entonces… ¿tú serás lo clásico? —pregunta él, llevando una mano a su barbilla y mirándome de arriba abajo.
—Y tú lo rebelde —respondo, alzando el mentón y miro a Helen—. ¿Empezamos?
—Sí, claro. Ira… ¿tienes el día para nosotros, cierto?
—Sí, no te preocupes. No tengo ensayos ni asuntos importantes —le asegura y yo frunzo el ceño.
—¿Ensayos? —pregunto.
—Qué tonta, no te expliqué que Ira es cantante de una banda de rock. Pensé que lo reconocerías, se llaman Zero Manners.
Alzo una ceja y afirmo con la cabeza. Tiene sentido.
—No es el tipo de música que suelo escuchar —me excuso, encogiéndome de hombros.
—Bueno, ¿procedemos? —pregunta Helen, sonriendo.
—Solo si esas prendas tienen algo de cuero —agrega Ira y Helen le guiña el ojo.
—Cuero y animal print, cariño —responde, sonriéndole.
Él parece estar a punto de sonreír, pero apenas y levanta la esquina de su boca antes de posar sus ojos verdes en mí de nuevo. Me pone nerviosa que no le tenga miedo al contacto visual, he sido yo quien ha desviado la mirada todo el tiempo.
—¿Vamos? —pregunta y yo trago saliva con dificultad antes de asentir.
—Tendrán al equipo de marketing encima. Lamento mucho eso, pero necesitamos contenido para preparar el lanzamiento de la colección. Estarán mientras eligen la ropa, los maquillan y les toman las fotos. Así que sonrían… mucho.
—Trent ya llegó —informa Ira y se da media vuelta, por lo que todos miramos en la misma dirección.
Un señor de unos cincuenta años, vestido todo de negro y con chaqueta de cuero se acerca a nosotros y Ira lo saluda.
—Déjame presentarte al representante de Ira y de Zero Manners: el señor Cole Trent.
—Un gusto conocerlo —lo saludo y extiendo mi mano. Gracias a Dios, él sí la estrecha.
Una vez finalizan las formalidades, entramos al área de la colección, donde hay un montón de maniquís con atuendos y un par de retazos como muestras, photoshoots anteriores y más sobre una mesa blanca y larga. Mi madre y el señor Trent están conversando, pero no puedo saber de qué porque mi madre es experta en no mostrar ni un ápice de emoción.
#3145 en Novela romántica
#906 en Novela contemporánea
pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 11.03.2026