Aunque yo soy la parte clásica de la campaña, tiene que haber una fusión en ambos mundos. Por eso no me sorprende cuando me estilizan el cabello con volumen y me hacen un maquillaje ahumado en los ojos.
Mi atuendo tiene unos vaqueros con tiro alto, ajustados en la cintura y con bota ancha, una camisa de botones denim con estampados hechos a mano con hilo y aguja que forman rosas y dagas. Me dan unas botas de cuero y un cinturón del mismo material con una hebilla ovalada y brillante.
Hay un par de accesorios que elevan el outfit y cuando estoy lista, me miro en el espejo. La ropa se amolda bien a mi cuerpo y el escote en mis pechos no es muy pronunciado, pues apenas y tengo un par de botones desabrochados. El denim que usaron para confeccionar estas prendas es de color negro.
Me llevan hasta el set de fotografía, donde hay un fondo blanco y luces gigantes. A Ira le están arreglando el cabello, luce relajado.
Incluso un poco aburrido.
—Listo —le dice la estilista y él afirma con la cabeza antes de que ella se vaya.
Su mirada se encuentra con la mía y camino hacia él, mostrándome lo más segura que puedo.
No usa camiseta, por supuesto. Es delgado, de cintura pequeña y se le marcan las líneas de los abdominales. No es muy musculoso, pero tiene algo que lo hace atractivo. Viste un pantalón de jean de bota ancha con parches de cuero al final, formando como unos medio óvalos. La chaqueta tiene flecos de cuero negro y parches personalizados con rosas, dagas, calaveras y guitarras eléctricas. Le retocaron el maquillaje y la piel descubierta brilla, capaz le rociaron un aceite corporal.
—¿No es un poco descarado de tu parte mirarme tanto, Beaumont?
Parpadeo y alzo el rostro, sintiendo que me hierven las mejillas al ser descubierta. Ni siquiera era consciente de que estaba viendo cualquier cosa menos su cara.
—Lo siento. Ehm, me gustaron los vaqueros —murmuro en respuesta, fingiendo una sonrisa. En un estúpido intento de aligerar las cosas entre nosotros, agrego—: Así que… una banda de rock.
—No, no, Beaumont —me dice, fingiendo una sonrisa—. No creas que, porque estamos en esta campaña juntos, vamos a ser amigos. Esto es solo trabajo.
—Que sea solo trabajo no quiere decir que seas un patán —mascullo, cruzándome de brazos y alzando la ceja.
El fotógrafo aparece y empieza a darnos instrucciones que escucho atentamente. Es primera vez que modelo con cierta libertad, sin tener que hacer poses de bailarina constantemente y me siento un poco nerviosa. No quiero arruinar esta oportunidad.
—Empecemos con uno primero y luego haremos un par de fotos en pareja. ¿Les parece? —pregunta el fotógrafo.
—Que empiece Ira —digo de inmediato, haciéndome a un lado.
Es cantante y, por lo tanto, debe tener mucha más experiencia que yo. Así que dejo que empiece él para yo intentar aprender de su ejemplo.
No puedo negar que le sale natural. Con esa mirada misteriosa y sus labios rellenos, es cautivador y hasta un poco elegante dentro de su rebeldía. Algunas poses las hace sentado sobre un banquillo, jugando con sus brazos y en gestos relajados, otras de pie con cierta curva en su cuerpo e incluso puedo ver en la pantalla algunos close ups que hacen a su rostro. Se tardan como una hora en fotografiarlo, pues es tan auténtico que el fotógrafo se inspira.
Le dan una guitarra y juega con ella, sacando la lengua y haciendo la típica señal de cuernos. Estoy un poco ensimismada viéndolo modelar que me sobresalto cuando la estrella contra el suelo y se ríe con cierto sadismo.
Llevo una mano a mi pecho, sintiendo que el corazón se me quiere salir y respiro hondo. Espero que no haya sido una guitarra de verdad o tendrá problemas.
Al menos, eso creo.
Entra el personal a recoger el desastre y él se acerca a la pantalla. El fotógrafo también se une y le muestra algunas fotos.
—Fender debe estar harto de ti —le dice y Ira se encoge de hombros, restándole importancia—. Menos mal esta guitarra era falsa.
—Sabes que no soy yo sino rompo algo —dice y luego me mira—. Tu turno, princesita.
Pretendo que ese estúpido apodo no me calienta la sangre y me acerco al fondo blanco, tratando de alejar los nervios. Las luces blancas me recuerdan a las luces de los escenarios y esa familiaridad me calma un poco.
Aunque mi madre, viéndome desde una esquina, vuelve a alterar mis nervios.
Mis poses son más sencillas y sobrias, lo que creo que esperan de mí. Recargada de la pared, con la pelvis hacia adelante y las manos en los bolsillos, o de lado curveando un poco mi cuerpo para darle dinamismo y un par de poses de ballet que me permiten los jeans. El taburete vuelve y me siento con el espaldar hacia el frente, apoyando mis brazos allí. Algunas veces sonrío, otras miro de forma seductora a la cámara (o al menos eso quiero creer que logro) e ignoro a Ira viéndome con los brazos cruzados y una mano en la barbilla, con la cabeza de lado.
Juego con mi cabello, mis manos y trato de hacerlo todo lo más fluido posible. No me corrigen mucho, solo me dan más ideas de poses y cuando todo está listo corro a la pantalla para ver las fotos.
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Editado: 11.03.2026