—Mamá, ¡espera! Pero… ¡escúchame! —le digo, cerrando la puerta de nuestra casa—. ¡No nos conviene! Su mundo y el mío son muy distintos, su reputación…
—Es uno de los cantantes más famosos de la movida rock actual. Está siendo respetado por leyendas del género y se ha ganado a la comunidad, incluso ha logrado que otro tipo de público se enamore del género. Tiene mucha influencia y obtendrías una visualización mediática que ninguna bailarina clásica ha tenido. ¡Es una excelente oportunidad! —me explica, deteniendo el paso y mirándome—. No quiero que te enamores de él, Dios sabe que no quiero un hombre así para ti, solo quiero que finjas estarlo. La gente hablará bien y mal, pero hablarán. Estarás en boca de todo el mundo, Elise Beaumont. Tienes que confiar en mi criterio.
«No es como que me dejes otra opción».
—¿Cómo voy a fingir estar enamorada de ese patán cuando apenas y lo soporto?
—Si a Trent se le ocurrió la idea fue porque algo vio en ustedes que puede vender… y mucho. No. Lo. Arruines —me advierte, señalándome.
Esas tres palabras me desarman. Mis ojos se llenan de lágrimas y un chillido exasperado brota de mi boca antes de darle la espalda a mi progenitora y subir a mi habitación.
No derramo ni una lágrima, pero estas se acumulan y acumulan hasta hacerme doler la cabeza y apenas puedo respirar.
A veces entiendo a mamá. Desde pequeña me contó lo mucho que añoraba el ballet y cuánto quería llegar lejos en su carrera, era disciplinada y ensayaba sin parar. A veces incluso se saltaba comidas para perfeccionar algún paso o posición, pero un accidente que le lastimó la rodilla le impidió cumplir sus sueños.
Un accidente en el que estaba conmigo y, en el fondo, a veces creo que me culpa por ello.
Ella era mi ídolo y transformó su sueño en el mío. Por eso entiendo que me exija tanto, pero a veces extraño a mi mamá. A veces necesito a mi madre y no a mi agente.
A veces quisiera que me viera como su hija y no como el sueño que no pudo alcanzar.
Me pregunto si algún día lo hará…
Mi celular vibra sobre la mesita de noche y gruño cuando me estiro para alcanzarlo, suspirando al ver que se trata de mi mejor amiga, Maxine.
—¡Hola, preciosa! ¿Vamos por un helado?
—No comer helado, Max. Vamos por un yogurt mejor, tengo mucho que contarte.
Me arreglo lo más rápido que puedo y salgo de la casa cuando mi amiga me dice que ya está afuera en su auto. Nos conocimos en la academia, pero ella no es bailarina sino pianista. Una muy buena, por cierto, es una maestrísima.
Mi madre no la quiere mucho porque dice que está desperdiciando su talento en una banda de pop/rock que ella misma formó, pero le ha ido bastante bien.
Sé que algún día será ganadora de un Grammy.
—Tienes una cara de duelo increíble —dice apenas me ve, recostada sobre su carro—. ¿No te fue bien con la marca de ropa?
—Sí, me fue bien. Ese no es el problema —mascullo, trepándome en su carro y bajo la ventana—. Sube, te cuento mientras vamos por el yogurt.
Hace una mueca y se apresura a subirse de piloto.
—Vale, escúpelo —me pide y yo ni siquiera sé por dónde empezar.
—No soy la única cara de la campaña publicitaria, también tengo un compañero que va a representar todo lo opuesto a mi —inicio y respiro hondo antes de continuar—: su nombre es Ira Slate.
Maxine frena de golpe, haciendo un ligero derrape que me lleva a apoyar las manos en la guantera. De lo contrario, mi cara estuviese estrellada contra el sitio de forma estrepitosa.
—¡¿QUÉ?! —chilla y yo me enderezo en mi lugar, llevándome una mano al corazón—. ¿Ira Slate? ¿El vocalista de Zero Manners?
—¡Pero, ¿perdiste la cabeza?! ¡Casi nos matas! —exclamo, pero ella me mira de forma muy extraña con sus ojos brillando como si hubiese perdido la cabeza.
Es decir, hace rato que creo que mi mejor amiga está loca, pero esto es otro nivel de demencia.
—¡Te tocó hacerte fotos con el hombre más sexy del rock moderno, Elise! —exclama, aplaudiendo—. Ay, cuánto deseo estar en tu lugar.
—Pues te lo regalo, toma mi lugar. No lo quiero —le digo, colocándome el cinturón de seguridad. Porque cuando se entere de lo demás…—. ¡El tipo es un patán y maleducado! Y, como para no empeorar las cosas, mi madre y su mánager creen que sería una grandiosa idea ¡fingir que somos una pareja!
Vuelve a frenar de sopetón y doy gracias a Dios que todavía no hemos salido de la residencia. Me mira boquiabierta y espero a que salga un odioso chillido de su boca, pero está demasiado en shock para lograrlo.
—M-me estás diciendo que tendrás que pasar tiempo co-con él y b-besarte con Ira Slate —balbucea, como si sus palabras no acaban de ser una revelación similar a un balde de agua helada sobre mi cabeza.
No había pensado en eso.
—¡Ese hombre es un bombón!
—Y un completo imbécil. No hace más que sacarme de mis casillas, Maxine. ¡Cree que es el centro de atención de todo!
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Editado: 11.03.2026