Un tirón en la pantorrilla me saca un gemido y caigo al suelo, cerrando los ojos y frunciendo el ceño. Mis manos van a la zona y la acaricio, haciendo una mueca.
—Necesito… un descanso —pido.
Mi madre suspira, pero no me atrevo a mirarla. «Le estoy fallando», pienso sin poderlo evitar.
—Tómate hoy y mañana. No me sirves si estás lesionada —es lo que dice, antes de salir del salón.
Mis ojos se llenan de lágrimas, pero me prohíbo liberarlas. Tomo mis cosas y me cambio, quitándome las molestas zapatillas. Mis pies son la peor parte de mi cuerpo, lastimados y deformes por el ballet.
Busco el botiquín de primeros auxilios y me encargo de curar las heridas sangrantes en mi piel, mientras pienso en mi padre. Él solía hacer esto por mí cuando era más joven.
Apoyó cada uno de mis pasos, me regaló muchos tutús y me llevaba a ver una y otra y otra vez el ballet de Romeo y Julieta y El Lago de los Cisnes.
Lo echo mucho de menos. Perderlo se ha sentido como si todo lo que vivimos juntos fue parte de una vida pasada, de un sueño, de alguien ajeno a mí. Como si yo no hubiese sido la protagonista de la película sino una espectadora que se metió demasiado en la historia.
También discutía con mamá, queriendo cuidarme y protegerme.
—¡La estás saturando, Violet! ¡Deberías estarla ayudando, no forzando en ella todos los sueños que no pudiste cumplir!
Si él estuviese vivo, jamás permitiese que siquiera fingiera estar con alguien que no me agrada. No puedo creer que tenga que fingir ser novia de Ira Slate hasta agosto.
Mi celular resuena por la estancia del baño y lo tomo, suspirando de cansancio. Al ver que es Helen, atiendo de inmediato.
—Hola, cariño. Lamento molestarte —dice—. El equipo de marketing quiere hacer más contenido para las redes y tu madre me comentó que tenías una idea para la colección. Quisiera escucharla, ¿puedes venir mañana?
«¿Tengo opción?».
—Sí, está bien. Nos veremos allá mañana —respondo y me despido antes de colgar.
Tengo que seguir viéndole la cara a Slate y es algo de lo que no puedo huir, de todas formas.
Me sorprende que mi madre haya prestado atención a las ideas que le comenté antes de que toda esta locura del noviazgo falso se propusiera, pero lo hizo. ¿Será que creyó que eran buenas y por eso lo conversó con Helen?
No podría ser de otra forma si no, ¿cierto?
***
Llegamos al edificio Whitman y respiro hondo, preparándome mentalmente para lo que viene: ver a Ira. Jamás una persona me ha caído tan mal a primera vista, pero él no hace las cosas fáciles tampoco.
Acomodo mi blazer de cuero y miro mis piernas. No sé si fue buena idea usar un vestido tan corto, pero me pareció elegante y el toque de las medias de malla negra es un clásico. Me quito los lentes y los dejo reposando sobre mi cabeza.
Me enfoco en dar un paso tras otro. No quiero caerme por culpa de los stilettos y mucho menos frente al punketo.
Saludo con la mano a la recepcionista y una vez estamos en el piso diez, Helen nos recibe con el señor Trent.
—¡Hola, Elise! —me saluda Helen, abrazándome y luego le da un asentimiento a mi madre—. Sra. Beaumont.
Mi madre le regala una sonrisa tensa y puedo percibir cómo incomoda el ambiente con su presencia tan altiva y asocial.
—¿Y el joven Slate dónde está? —pregunto, sin poder evitar el tinte irónico en mi voz.
—¿Tanto me extrañaste, niñita?
¿Saben cuándo los gatos se erizan porque sienten peligro o algo que les molesta? Bueno, eso mismo siento que hace mi cuerpo al escuchar su voz con acento peculiar.
Es de Bradford, lo supe cuando lo investigué.
Me giro y finjo una sonrisa amable.
—¡Vaya! Tienes camisa esta vez, pensé que tenía que comprarte algunas —respondo, llevándome una mano al pecho.
—Pues si lo prefieres, me la puedo quitar —dice, llevando sus manos al dobladillo de su franela blanca y la alza.
—¡No! —exclamo y él la suelta, mostrándome los dientes de forma burlona—. En fin, ¿qué haremos hoy?
—Grabar un par de videos y hacerles preguntas individuales, por los momentos. Seguramente más adelante los llamemos para una entrevista en pareja —dice y yo finjo una sonrisa—. Vamos a empezar. Ya saben: deben verse amigables, como un equipo.
«Supongo que Helen no sabe que tendremos un noviazgo falso», deduzco.
Ella lidera el camino hacia el salón donde vimos las prendas. Ira está por seguirla cuando yo le tomo de la muñeca. Él mira la unión y luego a mí, alzando una ceja.
Cuando lo investigué supe de unas cosas que no me convienen para la premiación y prefiero dejárselas claras de una vez.
—Si vamos a trabajar juntos, estas son mis condiciones: no drogas, no escándalos sexuales, nada muy controversial. Sé que te vale cero mi opinión, pero te las dejo claras porque lo que está en juego es muy importante para mí y no voy a permitir que arruines las cosas.
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pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 11.03.2026