NARRA IRA SLATE
Una jodida sesión de fotos está acabando con mi paciencia. Se suponía que vendría, posaría junto a una muchachita de alta clase y ya no volvería a verla nunca más, seguir con mi vida sin mirar atrás.
Pero no. Cole está empeñado en joderme la existencia.
El flash de la cámara me trae de vuelta a la realidad y suspiro, cambiando de pose. Como sugirió la muñequita de porcelana, hoy yo soy el lado más clásico y elegante (traducción: aburrido y sin autenticidad). No obstante, Helen sabe que no puede encasillarme del todo y me ha permitido darle mi toque con algunos accesorios y con mi delineado característico.
Los rockstar somos elegantes a nuestra puta manera.
Llevo una camiseta de doble manga, por supuesto en material denim oscuro. Aquí la autenticidad la tiene la doble capa: una camiseta de manga larga ajustada debajo de una camiseta de cuello redondo de manga corta y corte oversized. En la parte inferior, visto un jean tiro alto y de corte recto con un cinturón de cuero negro, con una hebilla plateada y unos botines negros en mis pies.
—Ya estamos, Ira —dice Fred, quien nos ha fotografiado todo este tiempo.
Toca esperar a que la princesita esté lista.
El repiqueteo de unos tacones captura mi atención y subo la mirada, encontrándome con unas botas altas de charol en color borgoña, unas piernas estilizadas y una mini falda de mezclilla con aire lavado y bordes deshilachados en la parte inferior. Mis ojos siguen subiendo, un crop top negro con el nombre de una banda que desconozco y una chaqueta de cuero del mismo color de las botas.
La ropa es lo que menos me sorprende sino la persona que lo luce. Elise tiene un maquillaje muy grunge, con ojos ligeramente esfumados y labios brillantes. Su cabello castaño claro está peinado hacia atrás con un efecto mojado muy similar al que uso yo.
La mano que tengo sobre el taburete se aprieta alrededor del asiento cuando sus ojos claros se posan en los míos. Siguen mostrando demasiada inocencia, pero cuando alza la ceja de forma retadora parece abrir una pequeña rendija a lo que oculta en su interior.
Me recargo del espaldar, reprimiendo una sonrisa. Sabía que la muñequita de porcelana no era del todo frágil.
—¿Lista para las fotos, Elise?
—Por supuesto —responde ella, acercándose con paso decidido—. ¿Qué opinas? ¿Crees que me queda el papel?
Se da la media vuelta con lentitud, mis ojos yéndose a su trasero sin poderlo evitar.
—Un poco, sí. Solo que tus ojos te delatan —respondo, restándole importancia.
—Empecemos con una en el suelo, por favor —indica Fred—. Elise, vas a subirte a horcajadas sobre Ira. Tú lo vas a ver a él y él va a mirar a la cámara, puedes tomarlo del cuello de la camisa para más tensión.
—Uhm, pero… ¿la idea no es mostrar la ropa? Así nadie se va a enfocar en ello —se excusa ella mientras yo me siento. Cuando me mira, estoy sonriendo con burla y ella rueda los ojos—. Olvídalo. Ya lo hago.
Obedece, arrodillándose entre mis piernas y yo la alzo por la cintura. Sus manos me aprietan los hombros, encajándome las uñas. Sus ojos me huyen mientras yo mantengo los míos puestos en ella y se sonroja cuando nuestros cuerpos se rozan.
Subo una pierna, por lo que su cuerpo se arrastra un poco más cerca del mío y por fin obtengo toda su atención. Sus ojos están encendidos, mirándome con furia por aprovecharme del momento y alzo la esquina de mi boca.
Dejo una mano en su cintura y otra en la pierna, un poco por debajo de la nalga. Miro hacia la cámara, como me pidió Fred y ella lleva una de sus manos a mi hombro y la otra al cuello de la camisa.
Las siguientes fotos son más comprometedoras que otras y ya estoy empezando a pensar que ni siquiera les importa la ropa, sino vendernos a nosotros.
Mis manos pasan de su cintura a su cuello, a sus piernas. Sus piernas me rodean la cintura en algunas otras y en muchas fotografías sus labios y los míos casi se rozan.
Noto como le cuesta respirar cada vez más o como se calienta su piel, a veces incluso se eriza y no puedo negar que eso es… bastante cautivante. No mentí cuando dije que Elise no era mi tipo, no porque tenga uno en específico sino porque no sería el tipo de chica a la que vería de forma romántica o incluso sexual.
Pero no nos conocimos bajo circunstancias normales y la forma en la que se mueven sus pestañas cuando me mira o como sus ojos se dilatan hacen estragos en mi mente. El último flash nos hace parpadear a ambos y nos alejamos como si el otro fuese ácido.
Yo sacudo ligeramente mi cabeza, convenciéndome de que lo que ella está ocasionando solo se debe a la cercanía de las poses y no porque sea algo real. No puede ser real.
Ella lo dijo: mi mundo y el suyo son completamente distintos.
Somos disonantes.
No digo nada y me dispongo a encerrarme en mi camerino. Allí me encuentro con Cole y resoplo.
—¿Sigues molesto por lo del noviazgo? ¿En serio? —pregunta, dándole una calada a su cigarrillo—. Un par de besos aquí y allá por unos meses, ¿qué tan difícil es eso para ti?
#1141 en Novela romántica
#439 en Novela contemporánea
pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026