NARRA ELISE BEAUMONT
Hay una pequeña fila afuera, con personas vestidas muy bien. Yo lo llamaría elegancia gótica: trajes negros con chaquetas de cuero, vestidos cortos o faldas, chaquetas o tops de cuero, cadenas y brillo.
Creo que no estoy tan fuera de tono. Tuve una discusión con Maxine, porque le dije que yo no iba a mimetizarme con el estilo de Ira, pero ella me pidió que me saliera un poquito de mi confort y acá estoy: con un vestido mini, rojo con encaje negro y de tirantes, una chaqueta de cuero negra, unas mallas de cuadros y unas botas de tacón alto que me llegan al tobillo. Zarcillos y collar plateado, en forma de luna y pintalabios rojo. Ah, también me he delineado los ojos, tratando de lograr el esfumado de Ira.
El guardia de la entrada nos pide nuestra identificación y nos dejan pasar.
—No puedo creer que voy a ver al mismísimo Ira Slate ¡en vivo! ¿Irá a romper una guitarra? Siempre lo hace.
Maxine ya ha empezado a vomitar palabras sin respirar, pero no le digo nada porque sé que está muy emocionada. Los de protocolo nos llevan hasta un balcón, desde donde podemos ver el escenario perfectamente y no estamos tan lejos.
Yo siento que el corazón me aletea a una velocidad inhumana. Sé lo que es estar tras el escenario o en camerino a punto de dar un espectáculo y me es inevitable no preguntarme si Ira se siente igual o si tiene alguna especie de rutina que lo ayude a calmar los nervios.
«Un poco de polvo blanco, tal vez», pienso y la idea me desagrada por completo.
El evento privado es para celebrar el cumpleaños de un pez gordo de la industria, por lo que empiezan a dar una presentación de él. Zero Manners es una de las bandas favoritas del agasajado y por eso hay cierta elegancia en el lugar.
Ya hay un ligero ambiente de euforia cuando se escucha:
—¡Un fuerte aplauso para Ira Slate y Zero Manners!
La sangre parece acumularse en mi cabeza cuando los músicos empiezan a salir. Son jóvenes como Ira, algunos con la cabeza rapada y otros con el cabello largo. No llevan maquillaje y sus vestimentas son sencillas: trajes negros con chaqueta o pantalón de cuero.
Ira todavía no sale, pero un movimiento en lo oscuro de la esquina del escenario captura mi atención. Le están acomodando los audífonos y me sorprende verlo vestido. Tiene un traje negro de tres piezas y tirantes, con el cabello peinado hacia atrás con ese efecto mojado que el muy desgraciado lleva tan bien y el mechón cayéndole por la frente.
No me hace falta verle a los ojos para saber que tiene delineador.
De repente, alza la mirada y sus ojos me encuentran. Lo saludo con la mano y una sonrisa tímida, pero él no se inmuta y el estallido de la batería empieza. Me sobresalto y mi atención vuelve al escenario, que es ocupado por Ira a los pocos minutos que la música estalla.
—¿Están listos para rockear? —su voz es un agudo rasposo que manda escalofríos por mi cuerpo.
La gente grita, yo incluida, y él sonríe. Una sonrisa de verdad.
—No los escucho. ¿Están jodidamente listos para rockear? —grita y hasta yo me encuentro respondiéndole a viva voz—. Esto es Mindfuck, sé que se la saben.
La gente estalla en aplausos y yo me veo completamente hipnotizada por la música y su presencia cautivante en el escenario. Los videos en internet no le hacen justicia al buen interprete que es.
El huracán Slate ha llegado.
***
Hay algo magnético y atractivo cuando ves a una persona hacer algo que le gusta de forma tan apasionada, dándolo todo. Como si esa fuese la última oportunidad de hacer lo que ama o su último día en la tierra.
Pensé que iba a detestar escuchar la banda en vivo, pero Zero Manners… Mejor dicho, Ira se adueña de una forma tan oscura y encantadora del escenario que me ha mantenido pegada a mi asiento sin poder despegar los ojos de él.
Está sudado y el cabello se le ha ido desordenando, haciéndolo lucir más salvaje. Empezó quitándose la corbata, los tirantes… y sí, la camisa. Sus canciones son oscuras, profundas y hablan de rebelión en muchos ámbitos: salud mental, sexualidad, abuso, drogas, política.
La gente está alucinando con el show y yo, por primera vez, puedo entender por qué les gusta un género tan bullicioso como este.
—¡Dios mío, siento que me voy a morir! —chilla Maxine, apretujando mi mano y yo me rio, un poco pasada de copas.
En mi defensa, no dejaron de rellenarme la copa de champán hasta hace un buen rato.
Cuando Ira toma una guitarra distinta, empiezo a temer por su durabilidad. No sé si se atrevería a romperla en una presentación como esta, pero si algo ha dejado claro es que a él no le importa el sitio sino el caos que causa.
El solo de guitarra le hace deslizar los dedos por todo el mástil, a veces con una velocidad impresionante y otras con una lentitud que me causa escalofríos. Sus ojos enfocados en sus manos, la forma en la que abraza al instrumento y lo toca se me hace demasiado… sensual.
Me bebo de un trago lo que queda en mi copa, cortando esa nube de pensamientos estúpidos. Sensual e Ira nunca deben ir juntos en una oración, no de mi parte.
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pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026