Las fotos de nuestra salida post show ya han recorrido todo el internet. La más comprometedora de todas es cuando Ira me estaba limpiando el rostro y, honestamente, se ve muy romántico. Muy real.
Han pasado ya un par de semanas, así que he tenido que organizarme para mis ensayos con Keith (mi compañero de baile) y para más salidas con Ira. En parte, la bendita tregua nos ha funcionado, ya no es tan distante y serio conmigo.
Y la gente nos adora. Maxine ha dicho que ya tenemos un ship y todo: Iralise.
Cole ya nos dijo que era hora de formalizar nuestra relación, lo que quiere decir que debemos mostrarnos cariñosos frente a la gente y yo no sé si estoy preparada mentalmente para besar a Ira.
Me miro en el espejo, arreglando mi cabello alisado y revisando que mi maquillaje esté bien. No es hollywoodense, pero esa es la intención.
Escucho el claxon de la motocicleta, que ya reconozco, y bajo las escaleras. Mi madre está en la sala, mirando televisión y yo detengo el paso para informarle que saldré con el cantante.
—Hoy anuncian las nominaciones públicamente —me recuerda y yo afirmo con la cabeza—. Lo del noviazgo falso es importante, pero no te distraigas de la meta, Elise.
—Jamás, madre —respondo, enderezándome—. Hasta luego.
Cuando salgo de mi casa, Ira está sin el casco y sonríe al verme. El gesto me parece extraño, pero al ver a mi alrededor veo un par de coches negros y… paparazis. Abre los brazos y yo corro hacia él, aceptando el gesto y luego peino su cabello hacia atrás cuando lo miro a los ojos.
«Es el momento y… ¿tengo que dar el paso yo? ¿O lo hará él…?».
Su boca se encuentra con la mía y yo cierro los ojos, jadeando sobre sus labios. Mis mejillas arden y siento cosquillas en la punta de mis manos cuando me estrecha más contra él.
Escucho los clics de las cámaras, pero él me distrae cuando me alza y yo chillo. Se ríe, alejándose de mí y arregla mi cabello con una mano.
—¿Vamos a celebrar tu nominación? —pregunta y yo sonrío de verdad, afirmando con la cabeza—. Los carros son escoltas.
***
Hemos pasado la tarde caminando por las calles de Nueva York. Nos hemos tomado fotos juntos, que luego subiremos a redes, y nos hemos besado mucho.
Jamás lo admitiría en voz alta, pero el condenado besa bien y creo que es injusto en circunstancias como las nuestras. ¿Por qué los besos tienen que sentirse demasiado reales? ¿Demasiado profundos?
Hemos entrado a su habitación de hotel porque nos abrumamos un poco con toda la atención. No han sido muy invasivos, pero sí notorios y quería evitar que le partiera la cámara a alguien.
Estoy recostada contra el espaldar de su cama, mirando hacia el balcón y él me sobresalta cuando se lanza a mi lado, boca abajo.
—¿Te importa si duermo un poco? Hoy tuve una presentación y entrevista en un show, ayer ensayé hasta la una de la mañana y hoy me toca sesión de composición para el nuevo disco. Estoy… exhausto —dice, dejando caer la cabeza en la almohada.
—No tengo problemas. Yo también estoy un poco cansada —admito y le quito el cabello del rostro porque siento que le molesta. No tiene ni una pizca de maquillaje esta vez y el sol se posa en sus ojos claros, haciéndolos todavía más cristalinos si es que eso es posible—. Odio tener que decir esto, pero tienes los ojos más hermosos que he visto en la vida. Nunca he visto un color como el tuyo.
Sonríe con cierta timidez y puedo ver cómo la sangre se le sube a las mejillas. Yo me rio, cubriéndole la cara sin poder creerme que se ha avergonzado por un cumplido tonto.
—Tus ojos también son preciosos —contesta y ahora soy yo la que se abochorna—. Todo lo que tratas de esconder está ahí, ¿sabes? Lo noté cuando estábamos haciendo las fotos.
—No sé a qué te refieres —murmuro, llevando mis rodillas al pecho y abrazándolas.
—Eres toda pulcra, elegante, todos tus movimientos son calculados, hasta lo que dices. Pretendes ser perfecta en un mundo imperfecto constantemente, Elise. Pero yo puedo ver en tus ojos tus grietas y ¿sabes qué? —dice. Sus palabras me llenan los ojos de lágrimas que me niego a soltar—. Me gustas más con grietas. Tener fisuras es lo que nos hace auténticos. Lo único que lamento es que tus heridas sean por culpa de tu madre.
Lo miro, frunciendo el ceño. Una cachetada dolía mucho menos que eso último.
—No tienes ni idea de lo que estás hablando, Ira —mascullo, enderezándome en mi lugar—. Mi madre ha pasado por mucho, ¡mucho! ¿entiendes? Y aun así me ha apoyado e instruido en mi carrera como si todo lo que vivió no le hubiese roto el corazón. No tienes idea de todo lo que ha hecho por mí.
—Espera, Elise —dice en cuanto me levanto de la cama para ponerme los zapatos de nuevo y largarme—. Elise, no quiero atacarte ni a tu madre, pero ¡es la realidad! Lamento mucho lo que haya pasado en su vida, pero ¿qué hay de ti? ¿Cuándo tu madre es tu mamá y no tu agente?
—No pienso seguir discutiendo contigo. Al final de cuentas, ¿qué carajos te importa? —mascullo, tomando mis cosas para irme—. Solo importas tú, tu banda y tu caótica fama. Para ti todos los demás somos unos muñecos rotos.
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pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026