—¿Se unen al after party? Será en casa de la baterista y hay piscina, con mucho tequila —invita Max, moviendo las cejas.
—Yo no puedo. —Hago una mueca—. Tengo ensayo mañana y una cita con el quiropedista, los pies me están matando.
—¿Qué te sucedió? —pregunta Ira, arrugando un poco el entrecejo.
—Nada. Efectos colaterales de ser bailarina clásica, solo eso —respondo, restándole importancia—. Espero que disfruten la celebración, te lo mereces. Luego nos vemos tú y yo, Max.
—Vale, está bien. ¡Descansa!
Me cuesta un poco salir del local por la cantidad de gente, pero una vez lo hago puedo respirar un aire más limpio. Escucho pasos detrás de mí y ruedo los ojos cuando veo al cantante, sus manos metidas en los bolsillos de sus jeans.
—Te llevo —dice.
—No hace falta —murmuro, sacando mi celular para pedir un taxi.
—No seas terca. Déjame llevarte hasta tu casa —pide, tomándome de la muñeca para que lo mire.
Entonces, bajo la luz clara del farol que le ilumina la mirada, puedo darme cuenta de algo que dentro del local y con pocas luces no me fijé: tiene los ojos enrojecidos.
—¿Estás drogado en este momento? —mascullo, acercándome a él.
Suspira, restregándose los ojos.
—No inhalé nada. Fue solo un poco de… marihuana —responde, encogiéndose de hombros—. La cocaína me está costando, así que lo estoy suplantando hasta poder dejarlo todo.
—Vas a cagarte en mi futuro —digo, sacudiendo la cabeza y alejándome de él—. Todo lo que hay sobre ti son rumores y, la gran mayoría son ciertos, si se llegan a confirmar… ¡me va a salpicar a mí!
—No permitiré que eso pase, Eli —dice y yo parpadeo—. Esto… se va a terminar más pronto, te lo aseguro. Nuestro romance falso y todo lo demás. Hablaré con Cole.
—Espera, espera —le digo, siendo yo quien lo tome de la muñeca esta vez—. No es que me esté quejando, pero ¿por qué? ¿Y por qué crees que esta vez sí te va a escuchar cuando no lo hizo a la primera?
—Solo… confía en mí —pide y yo suelto una pequeña carcajada irónica.
—¿Confiar en ti? Imposible —respondo—. Eres una caja fuerte dentro de una caja fuerte. No me muestras nada, Ira. ¡Nada! Un señor apareció con un aura demasiada extraña y no me contaste, ni me dijiste si al menos estabas bien luego de verlo. Solo me muestras al patán que conocí en el set fotográfico.
—Es para protegerte, ¿bien? No quieres saber realmente sobre mí, te lo aseguro —dice y se despeina el cabello con las manos—. Estoy jodido, Elise.
—Yo también lo estoy. Tal vez no como tú, pero lo estoy. Tú mismo lo dijiste, ¿no? Soy una muñequita de cuerda, una máscara de porcelana a nada de romperse —le recuerdo, mi voz quebrándose a lo último—. Y si el otro día me molesté contigo fue porque tenías toda la jodida razón sobre mí y mi madre. Estoy sola y pensé que, al menos durante esta tregua, podíamos apoyarnos el uno al otro.
Sus ojos se suavizan y sus hombros caen ante mi desahogo. Da un paso hacía mí y yo retrocedo, pero vuelve a avanzar y yo ya no huyo más.
—Está bien. Supongo que… tienes razón y siento haber sido demasiado duro contigo —murmura, llevando su mano a mi barbilla para que alce el rostro y lo mire.
—Solo quiero que te abras un poco más, Ira. Estamos en esto juntos. Obligados, pero juntos y… ¿quién más te va a entender sino yo? —pregunto, una lágrima deslizándose por mi mejilla—. Solo… muéstrame un poco más. ¿Por qué te restringes tanto?
—Porque si no me contengo, Elise, voy a terminar haciendo algo que no debería querer hacer —murmura, sus ojos bajando hacia mis labios.
El oxígeno parece evaporarse a mi alrededor ante aquella declaración. El alcohol parece haberme atontado porque debería estar apartándome en este momento, pero me encuentro inclinándome hacia él.
Me clavo las uñas en las palmas de las manos con fuerza y ese pinchazo me alerta, por lo que termino alejándome de él al apoyar una mano en su pecho y empujarlo. Miro hacia el suelo, el cabello cayéndome a los lados del rostro y cierro los ojos con fuerza.
—No. No está bien —digo, sacudiendo la cabeza y me enderezo en mi lugar—. Solo… llévame a casa. Estoy… exhausta.
Él afirma con la cabeza y me hace una seña para que camine, abriéndome la puerta del carro negro que nos espera. Una vez dentro, mi celular resuena por la pequeña estancia y contesto sin ver de quién se trata.
—¿En dónde rayos estás, Elise? Son la una de la madrugada y tienes ensayo mañana.
Suspiro, dejando caer la cabeza contra el asiento.
—Te dije que Maxine tenía un concierto hoy. Ya voy en camino a la casa, madre.
—¡Y yo te dije que esa muchachita no es una buena influencia para ti! Mañana vas a arruinarlo todo en el ensayo y muchas veces te he dicho que no…
—Sí, lo sé —la corto con dureza—. Y dime tu ¿cuándo he arruinado las cosas, mamá? Siempre he hecho todo lo que me has pedido, me he matado estudiando y ensayando, mis pies están vueltos mierda por el ballet y estoy cansada. Apenas como lo suficiente para nutrir mi cuerpo, apenas duermo lo suficiente, apenas puedo mantenerme cuerda lo suficiente… Así que, por hoy, solo por hoy… Te suplico que me dejes en paz.
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Editado: 31.03.2026