Cierra la puerta y yo dejo mi cartera sobre el sofá. Todo está a oscuras, solo con las lámparas cálidas encendidas.
Todavía hay una alerta en mi cerebro que me dice que esta es una pésima idea, pero prefiero esta sensación de peligro que enfrentar a mi madre.
—Arreglaré el sofá para dormir allí —murmura Ira con cautela.
Se mete en su pequeño armario y me entrega una camiseta negra que me queda dos tallas más grandes y unos calzoncillos, por lo que me cambio en el baño y salgo cuando ya tiene acomodado el sofá.
Me recuesto en la cama, cubriéndome con la cobija y miro hacia el techo. Creo que me costará mucho quedarme dormida.
—¿Ira? ¿Puedes decirme algo sobre ti que nadie o casi nadie sepa? —pregunto.
Hay un silencio tenso y por un segundo creo que no va a responder, pero siento el peso de su cuerpo en la cama. Su rostro entra en mi campo de visión y ladea la boca.
—Prométeme que nunca lo dirás, al menos no sin mi permiso —pide y yo me siento, afirmando con la cabeza—. Mi verdadero nombre no es Ira Slate.
—¿Qué?
—Ira es… el superhéroe que creé para protegerme —admite. No me mira, pero habla como si necesitara contarlo—. Realmente me llamo Oliver Harrison.
Alza el rostro y yo parpadeo, asimilando la información. Es normal tener nombres artísticos, pero también es común que en Wikipedia mencionen el nombre real. No sé cómo logra mantenerlo oculto, pero me impresiona por completo.
—Gracias por contármelo.
—Lamento lo que dije el otro día de tu madre. Aun si tuviera razón…
—Que la tienes…
—De todas formas, estuvo mal —continúa—. Es que… mi madre lo es todo para mí, ¿sabes? Es a quien llamo cuando los nervios me dominan antes de un concierto, cuando las dudas me invaden o cuando tengo pesadillas. Es a la primera persona que recurro cuando algo bueno sucede en mi vida y, aun en la distancia, siempre me ha apoyado y ha tratado de protegerme.
—¿Ella está en Inglaterra? —pregunto.
—Ella está… escondida. Uhm, nunca digo dónde está —admite y hace una mueca—. El señor que viste el otro día… Se supone que debía quedarse en mi pasado en Bradford. No debí confiarme, en algún momento volvería.
—Ira, no tienes por qué contarme más si no quieres —lo detengo.
Aun en la oscuridad, puedo ver que su mirada se oscurece ante algún recuerdo doloroso y no quiero llevarlo ahí.
—Tal vez en otro momento. No quiero enfocarme en mí cuando estuviste a punto de tener un ataque de ansiedad —dice—. O seremos dos lo que pasemos por ello.
Afirmo con la cabeza y él está por levantarse cuando lo tomo de la mano.
—Gracias por abrirte un poco conmigo —le digo. Él afirma con la cabeza y me regala una sonrisa apretada, pero honesta—. No quiero dormir sola, ¿crees que…?
Ni siquiera puedo terminar la pregunta.
Responde volviendo a acomodarse a mi lado. Me acuesto sobre su pecho y sus brazos me rodean, su barbilla reposando sobre mi cabeza.
—Elise, no importa lo que te hayan hecho creer toda tu vida, no eres un estorbo. Eres talentosa y vales muchísimo, eres una estrella que brilla con mucha intensidad.
—Lo dice la estrella de rock en ascenso —bromeo, aunque sus palabras se sienten como un bálsamo para mis heridas internas. Alzo el rostro para verlo y acaricio su mejilla con mi índice—. Tú también vales mucho, Ira. Como Oliver o como Slate, lo vales todo. Espero que también lo tengas en cuenta.
Me inclino un poco más y dejo un casto beso sobre su barbilla.
—Elise —dice, impidiendo que me aleje y baja más el rostro hasta que su nariz y la mía se rozan—. Mentí hace rato cuando dije que no quería pasar mis manos por tu cuerpo —admite.
Mis mejillas se sonrojan y el aire se me atasca en la garganta, pero logro responder en un susurro:
—Yo también mentí.
Sus manos van a mi espalda baja y me alza a la vez que nuestros labios chocan, colocándome a horcajadas sobre él. Un jadeo escapa de mi boca cuando nuestros cuerpos se encuentran y un hormigueo sube por mi abdomen hasta mi pecho y se extiende hacia mis brazos.
Su boca abandona la mía y baja por mi cuello. Sus manos cumplen lo que ha dicho y se meten bajo mi camisa, acariciando mi abdomen con sus pulgares y sube hasta dejarme sin ropa inferior.
En otras circunstancias, desnudarme hubiese detonado otra ola de ansiedad, pero estar tan sumida en una nube de endorfinas y la oscuridad ayudan a que ese pensamiento nunca se adueñe de mi cerebro.
Mis manos también buscan su piel. Me toma de la nuca y vuelve a besarme, repasando su lengua por mi labio hasta adentrarse en mi boca y lo siento temblar bajo mi tacto.
Nos tomamos nuestro tiempo, sin apresurarnos porque el día de mañana podría ser una catástrofe y junto con la luz capaz llegará el arrepentimiento, pero ahora eso no es relevante. Lo importante es su cuerpo y el mío unidos en uno solo, donde ninguno sabe dónde termina la piel del otro y el sudor es como un adhesivo entre nosotros.
#1141 en Novela romántica
#439 en Novela contemporánea
pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026