NARRA IRA SLATE
He tenido unos días de mierda. Con la aparición de ese hombre del pasado, que arruinó a mi familia cuando yo era un adolescente, todo se ha puesto cuesta arriba. Las pesadillas han vuelto y apenas he podido conciliar el sueño.
No esperaba que Viktor se quedara en el pasado del todo, sabía que volvería al ver que estoy obteniendo fama y dinero… también sabía que traería recuerdos dolorosos, amenazándome con ellos por un dinero que ni siquiera le debía yo e igual intenté pagarlo hasta que ya no pude más.
Y que haya visto a Elise, que todo el mundo piense que lo que tenemos es real, la expone a un nivel de peligro que no estoy dispuesto a hacerla pasar. Ella no es parte de mi mierda y tengo que encargarme por mi propia cuenta.
Elise… Joder, ahora se ha vuelto otro problema. Uno delicioso y placentero, pero problema al fin. Hemos entrado en un bucle peligroso de besos y sexo, sin definir las cosas porque creo que ninguno esté listo para darle nombre a lo que estamos haciendo. Ha venido a mis ensayos y seguimos mostrándonos públicamente para la prensa rosa. Solo que ahora no se siente tan falso como al principio y, honestamente, eso me asusta un poco.
Mi cabeza está dividida en dos: resolver el asunto con Viktor y entender lo que está sucediéndome con la princesita. Si ordeno todo por prioridad, prefiero enfocarme en alejar el peligro de mi pasado y resolver luego lo que sea que tengo con Elise.
Mientras tanto, nos queda disfrutar de esta no-farsa que tenemos. Y vaya que lo estoy disfrutando…
Las luces del teatro se apagan, lo que quiere decir que la función ya va a comenzar. Elise se va a presentar con un pequeño fragmento de la obra Onegin, con la que fue nominada a Mejor Bailarina en los Benois de la Danse.
El escenario queda iluminado y una mujer con un vestido suelto y elegante camina con micrófono en mano. Aplaudimos y ella sonríe antes de iniciar y dar la bienvenida.
—Estoy orgullosa de presentarles a esta gran bailarina clásica. Yo misma he sido testigo de su pasión, disciplina y talento y me siento honrada de ser su profesora —comenta—. Nominada a la categoría de Mejor Bailarina de los Benois da la danse 2026, en el papel de Tatiana de la obra Onegin de John Cranko… presentamos a Elise Beaumont y a su compañero, Keith Davenport. Ambos miembros de la academia New York City Ballet. Estarán interpretando el acto III: el Pas de Deux Final.
Los aplausos vuelven a estallar a medida que la profesora camina fuera del escenario y se apagan cuando la luz cálida pierde intensidad.
El ballet nunca ha sido de mi completo interés, incluso es primera vez que observo una presentación de este estilo. No obstante, me parece magnífico como todas las artes se combinan para un show de este calibre: escenografía, vestuario y maquillaje, la orquesta en vivo y la danza. Aunque, más allá de eso, está el hecho de que también actúan como si de una obra de teatro se tratase.
La chica de 26 años que danza con tanta elegancia y fluidez en el escenario no es mi Elise, es la dichosa Tatiana que parece estar sufriendo de amor. Cuando Keith aparece, se mueven con una naturalidad como si todo estuviera perfectamente calculado y ensayado. Y claro, así es.
No puedo despegar mi mirada de Elise y sus expresiones de dolor y anhelo. Cada curvatura de su cuerpo, cada giro y movimiento lo hace como si fuera un pez dentro del agua. Joder, sabía que era talentosa, pero presenciarlo es otro nivel.
Ella no nació para el ballet, el ballet parece existir para ella.
Hay dolor, anhelo, resistencia y rendición en un solo acto. Se mueven por todo el escenario, ella le huye y él la persigue, se deja llevar y luego recuerda su dolor. No hace faltan diálogos para entender lo que está sucediendo entre los bailarines y la música termina de darle forma a lo que se vive allí.
El tal Keith la alza y la mueve de un lado a otro como si un grano de arena pesara más que ella. Y entonces llega la escena donde él le roba un beso apasionado y ella se derrite en sus brazos por pocos segundos antes de vengarse de él y romperle la carta mientras llora y se la entrega en las manos.
El público está en silencio, tan atrapado como yo en la escena. La música nos prepara para la escena en la que ella señala la salida, pidiéndole que se vaya, no una sino varias veces.
Aunque le duele.
Él se va arrepentido y ella deja caer la cabeza hacia atrás y abre las manos hacia los costados con dolor. Entonces la luz del escenario se apaga, el telón se cierra y el público estalla en aplausos.
Parpadeo, cerrando la boca y me levanto para aplaudir también cuando el telón se abre y la luz ilumina tanto a Keith como a Elise, quienes hacen una reverencia en agradecimiento y luego otra.
Elise sonríe como nunca la he visto hacerlo, agitada por el baile y hasta arriba de adrenalina. Me encuentra en el público y llevo mis dedos a la boca para silbar, capturando algunas miradas de disgusto que jamás podrían importarme menos.
Ella se ríe, cubriéndose la boca y se despide para salir del escenario.
Habrá otros bailarines presentándose, pero yo solo quiero ir a verla a ella.
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Editado: 31.03.2026