NARRA ELISE BEAUMONT
Me quito las zapatillas y alzo el rostro, frunciendo el ceño al no obtener respuesta de Ira.
—¿Todo bien? ¿Quién las envió? —pregunto, levantándome.
Cuando me acerco, luce pálido y sus ojos están desbordados de pánico. Tomo la nota de su mano y arrugo el entrecejo al no entender nada, pero luego todo se une como un rompecabezas en mi mente.
—¿Fue ese señor? ¿Cómo sabía que yo tendría una presentación hoy?
—Elise, estás saliendo con una persona de interés público. Todo lo que me involucre a mí, los llevará a ti de alguna manera —responde y se restriega el rostro con las manos—. No te preocupes. Hablaré con Cole y… todo esto se acabará. No nos volveremos a ver y él se enfocará solo en mí.
—Espera, ¿de qué hablas? —pregunto, plantándome frente a él—. Sé que estamos en una situación extraña, sin etiquetas y no hemos conversado para aclararlas, pero… Ira, tú no puedes simplemente salir de mi vida de esa forma.
—Es por tu bien y… Al final sabías que esto iba a suceder. Tú misma lo dijiste: nuestros mundos son muy diferentes —responde, pasando de mí hacia la salida—. Elise, no te conviene estar con una persona como yo. Solo traigo problemas, soy un problema.
—Entonces sé mi problema, Ira —pido y los músculos de su espalda se tensan—. Yo también soy un caos, pero me has sostenido estas últimas semanas. ¿Por qué no puedo hacer lo mismo por ti?
—Tarde o temprano esto iba a terminar —repite, apretando una de sus manos en puños—. Es mejor que sea ahora a que luego duela más.
—Ira… ¡Ira, no te atrevas a…! —Me cierra la puerta en la cara y yo me quedo allí, paralizada y con una sensación de sofoco que me recuerda lo idiota que he sido todo este tiempo—. Estúpida, estúpida Elise. Esto era solo una farsa…
«¿Por qué ibas a aspirar a más?».
La puerta se abre de nuevo y la figura imperativa de mi madre transforma mi alrededor en un hueco asfixiante, uno que no estoy preparada para enfrentar.
—Todo salió excelente. Tal vez pueden mejorar un par de pasos para la ceremonia de premiación, anoté todo en mi…
—¿Por una vez en tu vida… puedes felicitarme y decir que estás orgullosa de mí? ¿Qué me amas? —La voz me sale rota y baja, pero mi mirada sobre ella es dura—. Solo… por una vez en tu vida, madre.
—El sentimentalismo no te ha llevado hasta acá —responde, luego de unos segundos en silencio—. Todo lo contrario: mi mano dura es lo que te llevará a ganar un Benois.
—Tu mano dura fue lo que hizo que papá muriera.
Y ahí está, la jodida grieta en su mirada que he estado esperando todo este tiempo. Un acceso a su corazón, a devolverle un poquito del dolor que ella me ha causado desde que papá murió hace 15 años en el accidente automovilístico que también acabó con su carrera.
El recuerdo parece nublarnos de inmediato: los gritos de ella, mi padre intentando calmarla. Yo atrás con mi pequeño ramo de rosas y una medalla de segundo lugar en mi cuello, con apenas 11 años.
—¡Me maté preparándola para que alcanzara el primer lugar, Frank! ¡No te metas en esto! ¡No lo entiendes!
—¡Es solo una niña!
—Ja, una niña que no sobreviviría jamás a cómo me formaron mis profesores de ballet si tu reaccionas así con mi trato hacia ella. ¡No tienes idea de cómo es este mundo!
—¡Pues si es así de infernal, no lo quiero para ella!
El derrape del auto. Los gritos de mi madre. Las vueltas. El golpe contra el asiento delantero que me noqueó por no usar el cinturón de seguridad.
Y el olor a sangre…
—¡Elise!
El grito aterrado de mi madre es lo último que escucho.
***
—Tienes que alimentarte mejor, ¿vale? Tu hemoglobina está peligrosamente baja, Elise —me recuerda la doctora y aplana los labios al mirar a mi madre por unos segundos—. Ya hemos hablado de esto antes. Eres bailarina y tu cuerpo requiere fuerzas para todo lo que haces. Si no te alimentas bien y, además, entrenas y danzas… Podrías terminar hospitalizada y con sueros por vía intravenosa.
Hago una mueca, detesto las agujas.
—Está bien, doc —respondo y alzo el rostro para mirarla—. Esta vez me cuidaré mucho mejor.
—Eso quería oír —celebra y toma un récipe para anotar algunas cosas—. Te mandaré algunas vitaminas y suplementos que te van a ayudar, pero tienes que comer saludable. Carnes, frutas rojas, legumbres. Todo lo que te ayude con la anemia.
Salimos de la consulta y me veo envuelta en unos brazos familiares, junto con un cabello cobrizo que reconocería en cualquier parte. Maxine está algo alterada, siento su corazón latir con fuerza sobre mi pecho porque así de fuerte me abraza.
—Joder, Elise. Tremendo susto me diste —dice, llevando sus manos a mi rostro—. ¿Está todo bien? ¿Qué sucedió?
—Tengo anemia —respondo, encogiéndome de hombros—. De nuevo.
Maxine respira hondo y cierra los ojos. Siento como sus manos se tensan sobre mis brazos antes de que se dé media vuelta y se abalance contra mi madre.
#1141 en Novela romántica
#439 en Novela contemporánea
pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026