Disonantes (autoconclusivo)

17.

NARRA IRA SLATE

No estoy en la cama más cómoda del mundo, pero aquí al menos hay silencio. Respiro hondo, sintiendo que los parpados me pesan y me restriego la cara.

La prensa amarillista necesita una razón de mi rompimiento con Elise y me molesta que quieran joderla a ella. Claro, siempre es a la mujer, ¿no? Yo soy la estrella de rock, que todo el mundo sabe que inhala cocaína y se emborracha tras cada concierto, pero ella es la infiel. ¡Ja! ¿A quién se le habrá ocurrido semejante mierda? Todo por unas fotos de Elise almorzando con Keith en una pizzería.

La adrenalina ha menguado casi de sopetón y sé que es la droga saliendo de mi sistema. Cuando no puedo dormir, es lo que me hace sentir mejor.

Lo que me hace olvidar.

Y en estos momentos necesito olvidar. Necesito olvidar a mi padre golpeando a mi madre hasta hacerla sangrar, necesito olvidar sus gritos y los insultos de él.

Me cubro los oídos, escuchándolos como si estuviera de nuevo encerrado en el baño y aprieto los párpados. Quiero gritar, pero el sonido se atasca en algún lugar de mi garganta.

Mi padre no fue un mal tipo todo el tiempo, pero hizo negocios con gente que no debía y eso lo llevó al alcohol, a las drogas… y al abuso. ¿No fue un mal tipo digo? Creo que siempre lo fue, pero la sobriedad mantuvo dormido al monstruo.

Un monstruo que de un momento a otro dejó de gruñir groserías y a gritar por ayuda.

Si me concentro, todavía puedo recordar la sangre. Incluso, puedo olerla.

Nunca supe por qué a mi madre le fue tan difícil salir de aquella relación. Creo que nunca voy a entenderlo del todo porque es algo que tienes que vivir para comprenderlo.

¿Y yo? Años después, caí en la misma mierda. Las pastillas, la cocaína y el alcohol es lo único que adormece los recuerdos, lo único que siento que hacen que el monstruo en mi cabeza se calme.

Aunque con Elise… Con Elise siento que se esconde. Creo que a ella le tiene miedo.

El golpe en los barrotes me sobresalta y me enderezo cuando veo a un guardia parado frente a mí.

—Tienes visita.

—Si es Cole, puede irse en este preciso momento a la mi…

—Oliver.

Un escalofrío me recorre vertebra a vertebra y mi corazón parece volverse de plomo al reconocer su voz. Además, es primera vez que me llama por mi nombre real.

—¿Elise? —pregunto, acercándome cuando entra en mi campo de visión. Sus ojos claros me miran como si no supiera con qué va a encontrarse—. ¿Qué carajos haces aquí?

—Eso podría preguntarte yo, ¿sabes? ¿Cómo eres tan idiota, Ira? ¿Ah? —masculla y se rasca la frente—. Estás drogado, ¿cierto? Lo estabas cuando atacaste a ese periodista.

—Ese imbécil se lo merecía. Estaba manchando tu nombre y…

—¿Y qué? —me interrumpe—. ¿A ti qué carajos te importa? Si hace semanas que me sacaste de tu vida como si yo fuera un mueble viejo, ¿ah?

—No fue así, Beaumont. No tienes ni idea de…

—No, no la tengo. ¿Sabes por qué? ¡Porque no me dices nada! ¡No me cuentas nada! —me interrumpe, llevando una mano al barrote y apretándolo con fuerza—. ¿Estás en peligro, Ira? ¿Lo estoy yo? ¿Quién está enviando esas rosas negras?

—Mientras menos sepas, mejor.

—Estar en la ignorancia solo me hace un blanco fácil, ¿qué no lo ves? —masculla y se restriega el rostro con las manos—. Al menos, dime que le contaste a Cole.

Mi silencio la hace resoplar y sacude la cabeza.

—¿Por qué crees que puedes hacer esto solo? —pregunta, su voz un poco más queda—. Lo nuestro era falso, lo sé, pero… Nos comprendíamos de verdad, Ira. Al menos, eso creí.

—Tengo que hacer esto solo, Elise. Ese señor… es mi problema, ¿bien? —le aclaro.

—Bueno, pues tú eres mí problema.

—No quiero serlo, por eso rompí con el acuerdo y…

—No, es que no eres mi problema ahora, Ira. Lo has sido desde el primer día que entraste a mi vida cuando traté de ser amable contigo y solo me recibiste con ojos fríos o con comentarios irónicos o provocadores. Te transformaste en mi problema desde que nos obligaron a fingir una relación y también cuando… Cuando te dejé entrar, ¿entiendes? No solo fue sexo, Ira, he sido vulnerable ante ti y tú sigues siendo una caja fuerte que pareciera tener una bomba a punto de explotar dentro.

»Y tal vez crees que sacándome de tu vida en un chasquido dejarás de serlo, Slate, pero ese es realmente el problema: yo no puedo hacer que nunca exististe tan fácil como tu lo has hecho conmigo.

«¿Fácil, Elise? ¿En serio crees que ha sido fácil para mí?».

Sus ojos se llenan de lágrimas cuando no respondo y suelta los barrotes. Yo aprieto mis manos en puños, queriendo contarle absolutamente todo. Sin embargo, no puedo porque no soy el único involucrado en todo esta mierda con Viktor.

—Señorita Beaumont, ya se acabó el tiempo —anuncia el guardia y ella se aleja un paso, suspirando en rendición.

—Cuando salgas de aquí, hablaremos. No vas a seguir escapando, Slate, por muy acostumbrado que estés a ello —me asegura antes de seguir al guardia y desaparecer de mi vista.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.