Disonantes (autoconclusivo)

19.

Ira y yo volvemos a estar en una relación extraña, esta vez por la falta de intimidad que teníamos antes. Y no, no hablo del sexo, aunque también.

Quiero atribuirle toda esta cercanía distante, si es que eso existe, a que hemos estado muy ocupados. No he parado de ensayar con Keith y él se está preparando para la gira y componiendo para su próximo disco.

Nos mantenemos al tanto de lo importante, porque su situación es delicada, y yo no he recibido más rosas negras. Espero que Cole… Cameron, como sea que se llame, pueda en serio solucionar esto de una vez por todas y que Viktor esté tras las rejas pronto.

Donde se merece estar.

—¿Un dólar por tus pensamientos? —pregunta Maxine y yo parpadeo, volviendo a centrar mi atención en ella—. Ira Slate.

—¿Tan evidente soy? —pregunto, enderezándome en el respaldo de la cama—. Están pasando muchas cosas y a la vez… No está sucediendo nada. No sé cómo explicarlo.

—Creo que no está pasando lo que tú quieres que pase —responde ella, sentándose a mi lado. Yo la miro, frunciendo el ceño—. Elise, no soy tonta. Sé que algo cambió en ustedes luego de la presentación de mi banda. Se acostaron, ¿no es así?

Mi sonrojo es suficiente respuesta para ella, quien se muerde el labio para no gritar y termina suspirando.

—Si hubiese apostado a que esto sucedería, ¡sería millonaria ahora mismo! —exclama y se cubre la boca por unos segundos. Se calma y vuelve a enseriarse, siendo mi amiga de nuevo y no una fanática loca de Slate—. Ahora, amo a Slate como artista y es guapísimo, pero si ese imbécil te ha hecho algo, ante los ojos de Dios te digo que…

—No me ha hecho nada, Max —la detengo y suspiro—. O, mejor dicho, sí. ¡Sí que ha hecho! Me ha acostumbrado a su compañía y lo detesto. Esto no debía pasar, ¿sabes? Detestaba a Ira, pero… ahora lo extraño y mucho.

—Yo creo que al final… sí te estás enamorando de él, Eli. —La miro con horror y ella se encoge de hombros—. Y de verdad.

«¿Qué verdad? ¿Cuál es la mentira? ¿Cuál es la realidad, mejor dicho? Porque ahora mismo todo es muy confuso para mí».

—Ni siquiera estoy segura a estas alturas de qué es real y qué es falso, Max —respondo, suspirando—. Solo sé que en unos días es mi vuelo a Moscú y que, a estas alturas, estaría aterrada por el resultado de la premiación… No obstante, solo puedo pensar en si Ira está bien.

—Creo que eventualmente todo caerá donde debe caer, Eli. Solo hay que tener esperanza de que todo saldrá bien —me asegura, acariciando mis hombros—. Y tengo que comprar mi ticket a Moscú, ahora que me lo recuerdas. ¿O es que creías que no iría verte a arrasar con el escenario?

Sonrío sin poderlo evitar.

—Eres la hermana que no tuve, pero que la vida sabía que necesitaba, Max. Gracias por siempre estar —murmuro, tomando su mano y dándole un ligero apretón.

—Y siempre estaré —me asegura.

***

Moscú, Rusia

No me puedo creer que el día del evento ha llegado. Estoy un poco nerviosa, porque para ningún bailarín es un secreto el reto que representa bailar en el Teatro Bolshói porque la tarima es… bastante peculiar. Se le conoce como El Rastrillo, es muy imponente y demandante.

No cualquiera danza allí y yo… ¡Yo lo haré!

Mi madre parece haberse tomado un litro de bebida energética. Está de aquí para allá con el itinerario y todos los preparativos. Tengo mi vestido puesto para la alfombra roja y en mi camerino, guindado en una percha, mi ropa para la presentación.

Todo me parece tan surreal y… lo que haría este momento perfecto es que Ira estuviera aquí. Pero no vino, ¿por qué lo haría si “terminamos”?

Relajo mis hombros y la maquilladora me alza la ceja por haberme movido. Le doy una pequeña sonrisa inocente y mantengo los ojos cerrados, dejándome mimar por los estilistas.

—Todo tiene que salir perfecto, Elise. Todo. Ese premio es tuyo, lo sé. ¡Claro que lo sé! Te formé yo, te enseñé lo mejor y además estudiaste en la mejor academia de ballet del país. Tienes que ganar.

Su verborragia me marea un poco, pero la dejo estar porque sé que está nerviosa.

Igual me pregunto qué sucedería si no llegara a ganar…

—¿Tienes tu discurso? No te olvides de agradecer a…

—Lo tengo todo, mamá. No te preocupes —la interrumpo, enderezándome en mi lugar porque la maquilladora ha terminado—. Todo saldrá bien. Ya es un honor estar aquí.

Aprieta los labios, sopesa si decir algo, pero simplemente respira hondo y afirma con la cabeza.

—Todo saldrá bien —repite.

Una vez todo está listo, la alfombra roja está por empezar. Saludo a algunos bailarines, presentándome y conociendo a otros que parecen ser nuevas promesas mientras espero que llegue mi turno de posar.

Cuando me toca, hago varias poses y sonrío. Estoy por apartarme cuando unos botines de cuero se posan frente a mis tacones y una sombra cubre la mía.

Alzo la mirada y mi barbilla se desencaja cuando veo quién se ha acercado a mí. Luce un traje completamente negro, el blazer tiene detalles plateados y hasta lleva corbata. Lo único blanco son los tirantes que viste. Por supuesto, luce un delineado negro esfumado bajo sus ojos y su cabello está peinado hacia atrás con ese efecto Pompadour moderno que tan bien sabe llevar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.