NARRA IRA SLATE
Lo sabe. Vi la decepción en sus ojos, aunque luego llegó el terror al entender que me estaba entregando en bandeja de plata a Viktor.
Arrodillado frente a él, mirando sus zapatos pulidos, solo puedo pensar en que soy un jodido imbécil y que lo he perdido todo al perder a Elise. No puedo volver a su vida, no luego de aquella mirada que me dio cuando supo aquello que tanto me esforcé en dejar atrás.
No me va a querer en su vida, no con mis manos manchadas de sangre.
—Tengo grandes planes, muchacho, grandes planes para ti y para mí. Para nuestro negocio.
—¿Nuestro? Si solo seré un lacayo más para ti —mascullo, alzando el rostro para verlo—. ¿Era necesario decirle?
—¿De qué otra forma me libraba de la distracción que ella significa para el negocio? —pregunta, ladeando la cabeza—. Quiero que me mandes una lista detallada de tus ganancias por conciertos, patrocinios, merch, por todo lo que te da dinero. Allí es donde estará mi minita de oro, ¿quedó claro?
Afirmo con la cabeza, mordiéndome la lengua para no mandarlo a la mierda. De todas formas, no tendré que soportarlo mucho rato y él lo sabe. Especialmente, cuando escucha los helicópteros.
Y luego las sirenas.
—Hijo de puta… —masculla y lleva su arma a mi cabeza.
Yo lo miro, sonriendo en victoria a pesar de la amenaza que tengo entre ceja y ceja.
—Ni te da tiempo de apretar el gatillo. Yo que tú… corro —respondo.
Su mano tiembla y se apresura en ladrarle órdenes a los dos lacayos que le quedan, subiéndose al otro carro en el que venían. Me pasan por el lado a toda velocidad y no me da tiempo a reaccionar hasta que siento los disparos en mi cuerpo y caigo al suelo.
—¡Mierda! ¡Ira! —escucho a lo lejos—. Dime que te dio en el puto chaleco antibalas, joder.
La cara de Cole aparece en mi campo de visión y me toma del rostro, rompiendo mi camisa para ver si las balas no me dieron en alguna parte desprotegida. Yo no siento dolor, al menos no uno físico.
Aunque Viktor haya salido de mi vida hoy, porque sé que la policía lo atrapará mientras huye, Elise no se quedará y eso duele mucho más.
—Pensé que también… me amaría como Oliver —murmuro, llevando una mano a la cara de Cole—, pero no lo hace.
—No digas tonterías. Si supiera la verdad, si te dignaras a decírsela a alguien en tu puta vida… Ella se quedaría —murmura Cole y luego maldice—. Te ha dado en el hombro, menos mal he traído una ambulancia.
—¿Y Elise? —pregunto, tomándolo de la mano para que no se vaya.
—Está a salvo —responde y yo puedo volver a respirar con alivio—. El GPS en el collar sirvió de maravilla, Ira. Solo había que tener paciencia, te lo dije, sacarlo de su escondite y territorio. ¿Ves que tienes que confiar más en mí?
Afirmo con la cabeza, empezando a sentir una punzada en el hombro y me incorporo un poco para ver la sangre que me cubre el brazo. Cole me obliga a mantenerme acostado y los paramédicos se encargan de mí, subiéndome a una camilla y llevándome al hospital con Cole en la ambulancia.
—Quiero ver a Elise. Por favor…
—Le diré que estarás en el hospital, ¿bien? Por ahora concéntrate en guardar energía, parece que la herida es profunda, ¿sí? —me pide y luego se restriega el rostro con las manos—. Tu mamá me va a matar cuando se entere.
Eso es lo último que escucho antes de sentir un pinchazo y perder la conciencia.
***
—Entonces, ¿lo atraparon?
—Sí, Daisy. Ya somos libres de esa escoria por fin.
—Qué bueno, al fin. Gracias a Dios… ¿Y cómo está mi hijo?
—Bien. Está sedado todavía, en cualquier momento se despierta. Ya está fuera de peligro.
—Ya mismo estoy tomando un vuelo para allá.
Parpadeo, sintiendo que el cuerpo entero me cosquillea y la cabeza me da un poco de vueltas. La luz es molesta, así que vuelvo a cerrar los ojos y muevo mis dedos. O eso creo que hago.
—Le hará bien verte. Ahora mismo las cosas están un poco mal con la bailarina, su novia.
—¿Se enteró del reformatorio?
—Como todo el mundo. El muy hijo de puta de Viktor estaba preparado por si le pasaba algo, la noticia se filtró a nivel internacional —masculla Cole y yo abro los ojos por completo—. Estoy buscando la manera de manejar esta crisis. Los chicos de la banda… no están para nada contentos. No quiero que también los pierda.
—Oliver no va a perder a nadie, ni siquiera a Elise. Eso te lo aseguro como que me llamo Daisy Cox, ¿bien?
—¿Y qué harás, hermana?
—Ya veré cuando llegue a Nueva York —responde y la llamada se acaba.
Cuando Cole se da media vuelta, y nota que estoy despierto, parece palidecer un par de tonos.
—Mierda, no era buena idea que escucharas eso tan pronto —admite, restregándose la frente—. Joder, Ira, lo lamento. En serio.
—Al menos lo atraparon —murmuro, sintiendo la boca pastosa.
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pasado oscuro y secretos, noviazgo falso, rockstar y bailarina
Editado: 31.03.2026