Disonantes (autoconclusivo)

EXTRA.

Camino por los pasillos de la academia, mirando a las jóvenes promesas conversar entre ellas sobre próximas presentaciones, pasos de ballet o acordes de guitarra.

Sonrío, contenta con el ambiente que los envuelve. Libre de toxicidad, libre de saturación y lleno de competencia sana y familiaridad.

Me detengo frente al estante donde hay varias fotos y premios. Hay un par de fotos de Ira tocando y cantando en el escenario, otras con varios Grammys y Brits en las manos y otras en donde estoy yo danzando en el Teatro Bolshói y en otros más, incluidos el Lincoln Center.

Todos los premios están en el estante: mejor álbum de rock, mejor presentación de rock en vivo, mejor canción de rock, mejor productor musical y un Benois de la danse con mi nombre tallado.

Acaricio mi vientre abultado cuando siento un pequeño empujoncito y bajo la mirada, sonriendo.

—¿Tu sí serás bailarín, amor mío? Parece que estás haciendo un grand battement —murmuro—. Al menos así no me dejarás con el loco de tu padre y mi hija rockstar.

—¡Mamá, mamá!

Me giro de inmediato, reconociendo la voz de Olive y sonrío cuando la encuentro. Viene corriendo hacia mí, con su padre detrás de ella. Oliver sonríe con cierta complicidad y me acerco a mi hija, acuclillándome un poco porque todavía puedo.

—No hagas eso, Eli —me pide mi esposo, llegando a mi lado y sosteniéndome del brazo para alzarme de nuevo—. Es peligroso, estás a semanas de dar a luz.

—Soy bailarina, Oliver. Para mi no es peligroso —respondo, rodando los ojos y él me saca la lengua. Alza en brazos a mi hija para que esté a mi altura—. ¿Qué ibas a decirme, pequeña rockstar?

—¡Ya puedo leer una partitura completa yo solita! —celebra, mostrándome la hoja que tiene en la mano—. Espera a que le cuente a la tía Maxine.

Ah, claro. También hay fotos y premios de Maxine en la estantería. Después de que su banda fuese telonera de Zero Manners en todo Estados Unidos, su despegue fue inmediato. Ahora es dos veces ganadora de un Grammy y también da clases en nuestra academia: Coda & Pirouette. También mi madre, Ira, los chicos de la banda, mi profesora Miriam, Keith y yo damos clases acá.

Tiene un año que la inauguramos y, aunque sí es una academia de élite, nos enfocamos en dar becas estudiantiles, donar en fundaciones para mujeres que sufrieron de violencia de género y de abuso o tienen trastornos alimenticios, adictos y alcohólicos de todas las edades, pero más enfocados en la adolescencia. A través de estas fundaciones también cambiamos todas esas grietas por arte y muchos están acá, siendo futuras promesas del ballet y de la música popular.

Tuvimos a Olivia hace cuatro años y ahora espero al varón de la familia: Frank. Mi hija se enamoró de inmediato de la música de su padre, aunque hay ciertos temas que les he prohibido escuchar por las palabrotas. Es mi pequeña rockstar en potencia y cuando se junta con Maxine es mucho peor. Salió muy intensa, como su padre, pero la amo.

Así como amo al pequeño Frank que viene en camino.

—Eres la niña más inteligente del planeta —le digo a mi hija, besando sus cabellos castaños. Tiene los ojos de su padre y sé que ninguno está listo para cuando crezca y empiece a robarse corazones.

Especialmente Oliver.

—Tu madre dijo que tenían una reunión, ¿no? Sobre la próxima presentación de los bailarines infantiles —me recuerda él y yo afirmo, suspirando—. Luego deberías irte a casa. Tienes que estar de reposo, princesa. Frank puede nacer en cualquier momento.

—Está bien, está bien, pero… ¿vendrás conmigo? —pregunto, haciéndole ojitos.

—Elise, no hace falta que me mires así. Sabes que dejaría cualquier cosa por estar junto a ti —responde, acunando mi mejilla con su mano—. Junto a ustedes.

—Vale. Nos vamos entonces cuando salga —le digo, dándole un beso en la mejilla a Olive y luego otro a Ira en los labios—. ¡Ah! Llamen a la abuela Daisy, creo que llega mañana con el tío Cameron.

—Seguro, jefa —bromea él y le saco la lengua—. ¿Seguimos practicando, peque?

—¡Sí! —chilla Olive y yo sonrío antes de seguir mi camino a la oficina.

Mi madre me espera, sonriéndome cuando me ve. Me siento y suspiro.

—Esta barriga me ha cansado mucho más que la de Olive —admito, sonriendo con cansancio.

—Y todavía falta mucho cansancio por delante —bromea y yo arrugo la frente, soltando un quejido—. Pero valdrá absolutamente la pena.

Lleva su mano a mi barriga abultada y me mira, sonriendo.

—Lo valió contigo —agrega y yo sonrío, sintiendo que los ojos se me llenan de lágrimas.

Ser abuela la ha ablandado mucho y ahora no teme decir lo que siente. La amo y estamos mucho mejor, ¡pero estoy embarazada y las hormonas me hacen llorar cada dos por tres! Así que empiezo la reunión, revisando papeles y permisos para los teatros.

Una vez termino, salgo de la oficina y de la academia. Ira ya me espera fuera del auto, con nuestra hija en brazos y sonrío con alivio. Me rio cuando escucho a Olivia cantar el coro de I was made for loving you de Kiss y me acerco a ellos, uniéndonos en un abrazo grupal.




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