Capítulo 2: Valdrá la Pena
Al día siguiente, Azucena compartió lo ocurrido con Doña María, quien se enfureció al instante. Su enojo era tan intenso que cualquier descripción lo minimizaría. María decidió ir a enfrentar a Gitano en su cuarto, pero al llegar, descubrió que no había dormido allí. Fue entonces a las caballerizas, donde efectivamente lo encontró durmiendo en el corral de Luna. No pudo evitar sentir satisfacción al arrojarle un balde de agua encima para despertarlo. El Gitano se levantó sobresaltado, maldiciendo con evidente mal humor.
— ¡Cálmate! —le ordenó María con autoridad y desdén.
— ¿Cuál era la necesidad de hacer eso? —preguntó él.
— ¿Que cuál era la necesidad? Mira, Gitano, sabes muy bien lo que hiciste y no puedo estar más avergonzada de ti. Siempre has hecho lo que te da la gana, pero esta vez has ido demasiado lejos. Pensaba que eras mejor que esto. Tienes muchas buenas cualidades, aprendiste mucho de tu padre, pero esperaba que sus malas costumbres no se te hubieran pegado. ¡Qué decepción al darme cuenta de que sí!
— No pasó nada —respondió el Gitano, incapaz de mirarla, con vergüenza.
— ¿Y crees que eso lo hace mejor? De todas formas le faltaste al respeto. De todas formas la hiciste sentir incómoda. Ya basta de tratar a Esmeralda de esta manera. Ya basta de hacerla sentir como basura. Ella es una buena muchacha que ha tenido una vida difícil. Lo más increíble es que estoy segura de que estás enamorado de ella. ¿Por qué ser tan patán? Has enterrado cualquier posibilidad de que pase algo entre ustedes. Espero que lo tengas claro.
— No iba a pasar nada de todas formas. Ella me desprecia —balbuceó Gitano, mirando al suelo con tristeza.
— ¿Qué pasó entre ustedes la última vez que vino el circo a Cebana?
— Nada. Dejemos este tema. Tengo muchas cosas que hacer —respondió el Gitano con enojo y molestia.
El Gitano intentó moverse, pero su madre lo detuvo tomándolo del brazo.
— Le di el día libre a Esmeralda. No quiero que la molestes por nada del mundo. Espero que eso te quede claro.
— Como el agua —dijo él molesto.
— Otra cosa, debes darle la libertad a Esmeralda. Deja que se vaya con los García, deja que sea feliz. Forzarla a quedarse aquí no te traerá nada bueno. Martín parece un buen muchacho que la quiere para bien. No dejarla ir es egoísta. Demuestra que tienes aunque sea un poco de corazón.
El Gitano logró liberarse del agarre de su madre y se fue a la casa. Se dio una ducha para despejarse y, sin desayunar, salió a trabajar en sus tareas diarias. Ese día evitó la posada para no encontrarse con Esmeralda y no apareció para cenar. Ambos necesitaban espacio.
Por su parte, Esmeralda se fue a cabalgar por las praderas de Cebana, recogió frutos y, al atardecer, invitó a Trixia al río. Disfrutaron juntas hablando de tonterías y sintiéndose jovenzuelas. Luego, fue a casa de los García para pasar un rato con Martín. Ninguno mencionó el conflicto con Gitano, pero ambos sabían que él había decidido que Esmeralda se fuera con los García. No era el momento de hablar del asunto, ya que Martín percibía la tristeza en el lenguaje corporal de Esmeralda. Prefirieron simplemente disfrutar del tiempo juntos. Esmeralda necesitaba un día así desde hace tiempo.
Al día siguiente, Gitano se levantó y encontró a Esmeralda en la cocina. Él se había despertado más tarde, y su madre había salido temprano para encargarse de asuntos de la posada. Azucena se fue con ella, y Esmeralda debía realizar algunas tareas en casa antes de irse. El encuentro fue incómodo, sin nadie más para mediar.
— ¿Vas a desayunar? —le preguntó Esmeralda sin mirarlo.
— Sí —contestó él humildemente y sin poderla mirar a la cara.
Esmeralda le sirvió la comida y el café. Había mucha incomodidad en el ambiente y ambos por igual tenían el pecho apretado y mil cosas en sus mentes.
— ¿Y mamá?
— Se tuvo que ir temprano a la posada.
Esmeralda comenzó a retirarse.
— Lo siento —dijo Gitano en voz baja, sin mirarla.
Esmeralda se detuvo un momento, asintió con la cabeza y siguió su camino. Aunque quería decirle muchas cosas, prefirió contenerse para no romper su tranquilidad tan temprano. Demasiada tristeza pesaba en el aire, y ella prefería conservar la paz del día anterior.
…………………..
El día que el circo de Don Ruperto llegó a Cebana por tercera vez, el Gitano ya contaba con 19 años. Un cúmulo de experiencias lo había transformado en un joven lleno de anhelos y decepciones. Había perdido la virginidad con Dalila, empujado por las insistencias de Don Luis, pero nada se comparaba a la añoranza que sentía por Esmeralda. Durante meses, su corazón había anhelado su risa, su voz y la conexión que alguna vez compartieron. Al principio, ella le había escrito con frecuencia, pero la llegada de aquel circo también marcaba la llegada de un silencio que se arrastró durante cinco meses, dejándolo angustiado y lleno de dudas.
Cuando finalmente vio los coloridos vagones del circo, la emoción lo invadió, una mezcla de esperanza y temor. Su corazón latía con fuerza, deseando que al fin, el reencuentro con Esmeralda lo sanara, al menos por un momento. Con un intento de ocultar sus sentimientos, esperó que se establecieran antes de buscarla.
Al encontrarla, la abrazó con una fuerza casi desesperada, pero al instante sintió que algo había cambiado. Su cuerpo se sentía rígido, su sonrisa, forzada.
—¿Todo bien? —preguntó, la preocupación colándose en su voz.
—Sí, todo está bien —respondió ella, pero su mirada delataba una tristeza profunda—. Simplemente no ha sido mi año. Mi papá murió hace unos meses, y las cosas han sido… complicadas.
La noticia cayó como un peso sobre Gitano. Se sintió tan impotente al escuchar el dolor en su voz.
—Lo siento mucho. Me hubieras escrito —susurró, sintiendo su propia culpa.
Editado: 23.03.2026