Capítulo 4: La vida puede traer cosas buenas
Al día siguiente, Doña María encontró extraño que el Gitano no se hubiera levantado todavía. Decidida, mandó a Azucena a despertarlo.
—El Gitano no está en el cuarto. La cama está hasta recogida —anunció Azucena al volver.
—De seguro salió temprano —respondió Doña María, un poco preocupada.
—¿Y tendió la cama?
—A lo mejor pasó la noche en la posada —sugirió Azucena, tratando de restarle importancia.
Doña María decidió salir a preguntar a Carlos si sabía algo del Gitano. Cuando le preguntó, él le dijo que no tenía noticias de él, pero que su caballo estaba en las caballerizas.
—Voy a levantar a Esmeralda a ver si sabe algo —dijo Doña María a Azucena, acercándose al cuarto del Gitano.
Tocó a la puerta y llamó a Esmeralda.
—Tu mamá está llamando —le susurró al Gitano, pero él ni siquiera se movió.
—Esmeralda, perdona que te moleste —dijo Doña María desde el otro lado de la puerta.
Esmeralda, todavía un poco adormecida, se puso una bata y abrió la puerta con cuidado para que Doña María no pudiera ver que el Gitano estaba en la cama.
—Dígame, Doña María —dijo, con cara de sueño.
—¿Sabes dónde está David?
—No. No lo he visto desde anoche. De seguro está trabajando o pasó la noche en la posada.
—Probablemente —respondió Doña María con un atisbo de duda.
Justo en ese momento, Trixia llamó para informar que la carreta estaba lista para ir al pueblo, y Doña María se disculpó con Esmeralda por haberla despertado antes de marcharse.
Mientras tanto, el Gitano ni se había inmutado al oír la conversación. Cuando Esmeralda salió de la cama, él se acomodó boca abajo en su lado y volvió a cerrar los ojos. Sin pensarlo, Esmeralda volvió a la cama y empezó a besarle suavemente la espalda y el cuello. El Gitano disfrutaba de los mimos, pero mantuvo los ojos cerrados.
__ No me gustó tenerle que mentir a Doña María.
__ Ujum __ Fue lo único que contestó el Gitano sin moverse.
—¿No vas a ir a trabajar? —le preguntó Esmeralda.
—Los empleados saben qué hacer —respondió él con desgano y sin abrir los ojos.
—Me siento muy mal viendo a tu mamá ir a cocinar a la posada y yo aquí de vaga.
—Trixia se está encargando de tus tareas. Voy a asignar a Guadalupe para que, en unos días, se haga cargo de las tareas de Azucena. Quiero que simplemente le des el toque femenino que le falta a la casa __ le dice abriendo los ojos para poder mirarla.
—No quiero cambiarle la vida al revés a tu mamá. Ella probablemente preferiría que Azucena se quedara trabajando con ella.
—Ella va a estar bien. Cuando se entere que nos vamos a casar, me permitirá hacer lo que sea necesario.
Las palabras del Gitano resonaron en el aire, llenas de un significado especial para Esmeralda. Los gestos que había demostrado y su deseo de formalizar su relación la llenaron de esperanza. Sin embargo, en su mente, aún había muchas preguntas sobre el futuro y el camino a seguir. Pero en ese momento, sólo quería disfrutar de su cercanía.
Luego de un rato más de charla, Esmeralda y el Gitano tuvieron otra ronda de intimidad. Al terminar, ambos se levantaron y desayunaron algo con calma. El Gitano le pidió a Esmeralda que terminara de sacar sus cosas del cuarto de Azucena, para darle espacio a Trixia, que necesitaba acomodar sus pertenencias. Mientras ella hacía esto, Gitano se ocupó de mover un tocador de uno de los otros cuartos a su habitación. No se inmutó en salir a hacer nada más.
Esmeralda preparó algo para almorzar, y más tarde se fueron a dar un paseo en el caballo del Gitano. Carlos, observándolos, notó que estaban muy pegados el uno al otro, casi empalagosos. Justo antes de que Gitano ayudara a Esmeralda a montar, la besó, lo que sorprendió a Carlos. Iba a hablar algo con el Gitano, pero al ver la intimidad del momento, decidió dejarlos en paz.
Doña María llegó a la casa a la hora habitual, acompañada de Azucena y Trixia. Les pidió que comenzaran a trabajar en la cena mientras Iscarioty bajaba las cosas de la carreta.
—¿Carlos, viste al Gitano hoy? —preguntó Doña María.
—Sí, estuvo en la casa todo el día y hace un rato salió con la señorita Esmeralda.
—¿No sabes a dónde iban?
—No me dijo, y no tuve la oportunidad de preguntarle. No me atreví a interrumpirlos.
—Interrumpirlos… —Doña María no pudo profundizar, ya que Azucena salió a buscarla.
—Esmeralda sacó todas sus cosas del cuarto. De verdad se va —le dijo Azucena, visiblemente entristecida.
—Era lo esperado, ya que el Gitano le dio su contrato. Sé por buenas fuentes que los García ya están en planes de irse completamente. Probablemente Esmeralda se vaya más rápido de lo que pensábamos.
—Aún me quedaba algo de esperanza. De verdad pensaba que se iba a quedar o que algo pasaría con el Gitano.
—Si hubiera pasado, me hubiera metido a monja en agradecimiento a Dios, pero ambos son demasiado obstinados, y el Gitano ha sido muy cruel con ella. Lamentablemente, se ganó que Esmeralda lo desprecie y quiera irse lo más lejos posible.
Cuando la cena estaba casi lista, el Gitano y Esmeralda volvieron a casa. Ella se fue a refrescar un poco, mientras el Gitano fue abordado por su madre.
—¡Hasta que apareces! Ya estaba preocupada porque no supe nada de ti desde esta mañana.
—Tenía cosas de las cuales encargarme —respondió él, con un tono serio.
—¿Dónde estabas con Esmeralda?
—Dando una vuelta.
Doña María lo miró con desconfianza.
—¿Por qué te estás haciendo esto? __ le dice juzgándolo con el tono.
—No sé a qué te refieres —contestó él, manteniendo la seriedad.
—Tú sabes muy bien a lo que me refiero.
En ese momento, Azucena salió a avisar que la cena ya estaba lista. Esmeralda, por su parte, ya había llegado a la cocina para ayudar a servir. Se acomodaron a la mesa en un ambiente tranquilo, aunque un silencio pesado se instaló. Doña María, al notar algo diferente en el ambiente, decidió ser directa.
Editado: 23.03.2026