Domando Fieras (desde otra Perspectiva)

Capítulo 10: Tu molestia es peor en tu mente

Capítulo 10: Tu molestia es peor en tu mente

Joaquín llegó en el tren de las 3 a Cebana, solo, ya que Asturia tenía las manos ocupadas con las dos niñas. El Gitano lo recibió en la estación y, aunque le dijo que Esmeralda estaba quedándose en la clínica y podía verla si deseaba, Joaquín decidió dejar la visita para la mañana siguiente. Por alguna razón, algo le decía que el Gitano lo necesitaba más en estos momentos.

Se dirigieron a la hacienda, donde Joaquín saludó a todos mientras el Gitano se ocupaba de unas tareas en las caballerizas. Después de los saludos, Joaquín fue directamente a la cocina. Tras una ronda de abrazos y besos, Azucena le sirvió té y se sentó con él a tomarlo.

—No sabes la alegría que siento de que estés aquí. Pensé que irías de inmediato a ver a Esmeralda.

—Decidí dejarlo para mañana. Papá me dijo que tenía planes para la cena y, no sé, algo en la conversación me dio a entender que era mejor pasar tiempo con él hoy.

—Siempre fuiste el más inteligente. Tu papá lo está pasando bastante mal aunque trata de ocultarlo. Tal vez hoy no se ponga a beber desde temprano y quiera cenar.

—¿La cosa está tan mala?

—Que tu mamá no recuerde le ha dado un espacio al doctor del pueblo para aprovecharse de la situación. Tu mamá y él se conocían del pasado, hubo algo antes de tu papá. De cierto modo, le llenó la cabeza de cosas a tu mamá y ahora estamos donde estamos.

—¿Mamá tuvo una relación antes que papá? —preguntó Joaquín completamente sorprendido.

Azucena sonrió y asintió con la cabeza.

—Jamás me imaginé nada parecido. Cómo mamá y papá se conocen desde que ella tenía 14 años...

—A ellos no les gusta hablar de eso, pero sí... tu mamá tuvo algo parecido a un noviazgo con el doctor. Tu mamá recuerda sus años del circo, aproximadamente hasta sus 13 años, justo antes de conocer al Gitano. Por lo tanto, recuerda al doctor, y todo esto ha sido bastante difícil. El doctor le dijo varias cosas negativas del Gitano, ya que, para colmo, tuvo unas malas experiencias con él, y eso la ha confundido.

—¿Y por qué papá la dejó irse? ¡Me sorprende!

—¿De verdad te sorprende? Sabes que tu papá es imponente, un cabrón para muchas cosas, pero su debilidad es tu mamá. No iba a obligarla a hacer nada que no quisiera, y menos ahora que sus recuerdos están perdidos.

—Estoy bastante preocupado con todo esto.

—Todos lo estamos.

Un poco más tarde, Joaquín visitó a sus hermanos en sus respectivas haciendas. Sintió una mezcla de alegría por el reencuentro y tristeza por la situación que estaban viviendo. Todos estaban preocupados, especialmente por el comportamiento poco respetuoso del doctor.

Esmeralda cenó en casa de Damián. Nuevamente cenaron solos, ya que Darío seguía pasando mucho tiempo con Perla. Ella había hecho un pastel, y Damián no dejaba de agradecerle el gesto.

—¿Puedo hacerte una pregunta incómoda? —preguntó Esmeralda a Damián.

—Claro…

—¿Por qué tu papá me vendió? —inquirió ella con el ánimo de comprender su pasado.

—Cuando tu mamá murió y ya quedabas tú sola, nuestra relación se fortaleció. Hablábamos de matrimonio, aunque éramos muy jóvenes. Papá para nada quería eso y por eso decidió deshacerse de ti. Lo hizo cuando fui a visitar a mamá a la capital. Cuando volví y me enteré, sentí una rabia inmensa. Nuestra relación se rompió para siempre, especialmente cuando se negó a decirme dónde te había vendido. Dejamos de hablar, fue bastante doloroso. Fue años después, cuando enfermó, que me confesó que te había vendido a Luis Gustamante. No hice nada en ese momento, pensando que ya había pasado demasiado tiempo.

—¿De verdad habíamos hablado de matrimonio? —preguntó Esmeralda, con una sonrisa incrédula.

—Múltiples veces —respondió Damián, sonriendo.

Esmeralda sonrió, pero permaneció en silencio.

—Perdona que te diga esto, pero no creo que seas feliz con el Gitano. Algo me dice que vives un calvario, y no quiero eso para ti. Siento que Dios me puso en tu camino con un propósito: liberarte de esta vida, pero quiero hacerlo bien. No quiero ser como el patán de tu marido. Quiero que intentes que tus recuerdos vuelvan aunque sea en parte. Quiero que recuerdes lo infeliz que eras, para que pueda realmente sacarte de ese calvario sin remordimientos.

La expresión de Esmeralda era difícil de descifrar para Damián.

—¿Me estás insinuando que quieres algo conmigo? —dijo Esmeralda, sorprendida—. Sigo estando casada…

—Eso no tiene por qué ser permanente. Tus hijos ya están crecidos. Sería perfecto para ambos —dijo él, tomándole la mano.

Esmeralda parpadeó, conmocionada. No sabía cómo reaccionar ni qué sentir. Aunque estaba molesta por lo que había oído y experimentado, algo en su interior le llevaba a pensar en el Gitano. Por otro lado, Damián le ofrecía paz y tranquilidad. Su confusión era palpable.

—¿Tú sinceramente crees que no soy feliz al lado del Gitano? —preguntó genuinamente confundida.

—Para serte 100% sincero, sí. Ahora, no tengo pruebas de esto. A menudo me decías que eras feliz. Yo interpreté eso como mentiras, pero no tengo evidencia para confirmar mis sospechas. Por eso quiero que estés más recuperada. Quisiera que, si decides estar conmigo, sea una decisión basada en tus propios recuerdos.

—¿Crees que debería volver a casa a tratar de recuperar mis recuerdos?

—No si no lo deseas, pero eventualmente debes hacerlo. Quiero que recuerdes tu vida, cuán desdichada eras. Quiero mostrarte lo que es vivir como una reina, pero quiero que tú misma elijas esa vida.

Mientras Damián hablaba, se acercaba más a ella. Esmeralda sintió su corazón acelerarse al percibirlo tan cerca. Damián le acarició el rostro y la besó con suavidad. Esmeralda no lo rechazó, pero tras unos segundos se separó, llena de confusión y vergüenza, sus ojos brillando con lágrimas.

—Perdón, no quise faltarte al respeto —dijo Damián.




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