Donde Nos Quedamos

Futuro?

Caminé por el pasillo de la empresa ajustándome el saco. Mi novio, Logan, me había convencido de que mudarnos era lo mejor para nuestro futuro. Nos habíamos mudado hace apenas dos semanas porque le habían ofrecido un nuevo empleo, y por ello estábamos aquí. Estaba nerviosa; era mi primer día y tenía que causar una buena impresión. Mi cargo era el de Directora Creativa; Logan siempre decía que mi ojo para los detalles era mi mejor arma. Irónico, porque lo primero que mis ojos notaron detalladamente al entrar a la oficina principal no fue la decoración minimalista ni la vista.

Fue a el

O mejor dicho, fue su voz. Estaba de espaldas hablando con alguien. No necesité ver sus ojos para sentir que el piso desaparecía bajo mis pies. Esa voz, profunda y cargada de una seguridad que solo los años dan, me golpeó como un balde de agua fría.

Antes de que pudiera dar un paso hacia atrás para huir, una voz femenina y entusiasta me sobresaltó desde el pasillo. Me giré.

—¡Hola! Tú debes ser la nueva, ¿verdad? —dijo una chica joven, acercándose con una carpeta en la mano. Tenía el pelo pelirrojo y rizado, ojos cafés y llevaba puestos unos lentes azules. Vestía una camisa blanca con una chaqueta y falda negra—. Soy Sofía, tu compañera; me encargaré de darte un recorrido.

Me quedé helada. Sofía me miraba con curiosidad, esperando una respuesta que yo no lograba encontrar.

—Sí... yo... —balbuceé, sintiendo la mirada de Sofía sobre mi rostro pálido.

—Ven, te mostraré tu oficina. Está justo al final de este pasillo. Es la más iluminada, te va a encantar.

Caminé mecánicamente a su lado, sintiendo el peso de cada paso. Sofía hablaba sin parar sobre los horarios, la máquina de café y lo "maravilloso" que era este nuevo comienzo en la ciudad, pero yo no podía procesar ni una sola palabra. Mi mente seguía atrapada en esa puerta cerrada que acabábamos de dejar atrás.

—Y esta es tu oficina —declaró, abriendo la puerta de cristal—. ¿Estás bien? Te noto pálida. ¿Quieres un vaso de agua o... sabes? Creo que tengo un chocolate. ¿Quieres?

Esta es la parte con más carga emocional de todo el capítulo. He corregido la gramática, las tildes y el formato de los diálogos para que el impacto del reencuentro sea mucho más fuerte para tus lectores.

—No, gracias. No me gusta el chocolate —respondí casi por instinto.

—Anotado. Te dejo para que te instales; en diez minutos te traigo tu agenda. ¡Bienvenida! —dijo con una sonrisa, saliendo de la oficina.

Me quedé sola, y el silencio de la oficina se sintió como un peso insoportable. Por fuera, parecía una profesional lista para el primer día; por dentro, me estaba muriendo. Siete años de intentar olvidarlo, siete años de construir una vida segura con Logan, y todo se había desmoronado en un solo segundo al escuchar su voz.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de que las lágrimas no arruinaran mi maquillaje. "Respira", me dije a mí misma. "Solo es un trabajo".

Alguien tocó la puerta. Esta se abrió lentamente; no era Sofía, era él. Esta vez no estaba de espaldas; esta vez, sus ojos oscuros estaban clavados en los míos, quemándome con la misma intensidad de la última vez que lo vi.

—Un gusto volver a verte, Aria —soltó él con una voz profunda, rompiendo por fin el silencio que nos había separado por siete años.




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