El pasillo hacia la sala de juntas se sentía como el corredor hacia una ejecución. Caminaba detrás de Sofía, tratando de controlar el temblor de mis manos ocultándolas en los bolsillos de mi chaqueta. Cuando las puertas dobles de madera oscura se abrieron, el frío del aire acondicionado me golpeó el rostro.
La mesa era inmensa, rodeada de ejecutivos que hablaban en voz baja, pero mis ojos se clavaron directamente en la cabecera. Axel Price estaba ahí, revisando unos documentos con una expresión de piedra. No levantó la vista de inmediato, pero supe que sentía mi presencia por la forma en que sus hombros se tensaron.
—Señores, ella es Aria, nuestra nueva Directora Creativa —anunció Sofía con orgullo antes de retirarse.
Me senté en el único lugar vacío, que casualmente estaba justo frente a él. Axel finalmente levantó la mirada. Sus ojos oscuros me recorrieron con una lentitud que me hizo sentir desnuda frente a todos.
—Bienvenida, Aria —dijo con una voz que pretendía ser profesional, pero que para mí sonaba como un desafío—. Estábamos revisando la nueva campaña. El concepto actual es sobre "Lealtad y Segundas Oportunidades".
Tiró una carpeta sobre la mesa y me miró fijamente, con una sonrisa cínica bailando en sus labios.
—Dinos tu opinión experta —continuó Axel, recostándose en su silla—. ¿Crees en las segundas oportunidades? ¿O eres de las que piensa que cuando algo se rompe, lo mejor es huir y fingir que nunca existió?
La sala quedó en silencio, esperando mi respuesta. Los otros ejecutivos me miraban con curiosidad, sin entender que Axel no estaba hablando de marketing, sino de nosotros.
El silencio en la sala se volvió denso, casi palpable. Podía sentir la curiosidad de los ejecutivos y la mirada de acero de Axel esperando mi derrota. Pero algo dentro de mí hizo clic. Recordé mis siete años de esfuerzo, mis noches sin dormir y la carrera que construí lejos de sus sombras.
Recuperé mi postura, me enderecé en la silla y sostuve su mirada sin parpadear.
—En el ámbito creativo, señor Price, las "segundas oportunidades" suelen ser una pérdida de tiempo y recursos —respondí con una voz clara y gélida, proyectando una seguridad que lo hizo tensar los hombros—. Si un concepto no funcionó la primera vez, es porque tenía fallas estructurales. Arreglar algo que nació roto es sentimentalismo, no estrategia.
Abrí la carpeta de la campaña con elegancia, deslizándola sobre la mesa.
—Mi enfoque para esta empresa no es mirar hacia atrás ni reciclar lo que ya no sirve. Mi trabajo es crear algo nuevo, sólido y exitoso desde cero. Así que, si lo que busca es alguien que se pierda en el pasado, se equivocó de Directora. Pero si quiere resultados que posicionen a Price Industries en la cima, sugiero que dejemos las metáforas y hablemos de negocios.
Un murmullo de aprobación recorrió la mesa. Axel apretó la mandíbula; no se esperaba que yo lo desafiara con tanta profesionalidad frente a su equipo. Por un segundo, el brillo de arrogancia en sus ojos fue reemplazado por una chispa de sorpresa... y algo que se parecía peligrosamente al respeto.
—Excelente análisis, Aria —dijo él, saboreando mi nombre con una lentitud que solo yo entendí como una amenaza—. Entonces, trabajemos sobre lo "nuevo". Empecemos con la presentación de mañana.
El resto de la hora transcurrió en un torbellino de gráficos, presupuestos y estrategias de mercado. Me aseguré de intervenir en cada punto crítico, demostrando que mi "ojo para los detalles". Axel se mantuvo en silencio la mayor parte del tiempo, observándome desde la cabecera de la mesa con una intensidad que habría hecho flaquear a cualquiera, pero yo no le di ese gusto. Cada vez que sentía su mirada, mi voz se volvía más firme.
Los otros ejecutivos, que al principio me miraban con escepticismo por ser nueva, terminaron tomando notas de mis sugerencias. Por un momento, logré olvidar el pasado y me sentí en mi elemento, hasta que Axel se puso de pie, dando por terminada la sesión.
—Buen trabajo a todos —sentenció con frialdad—. Aria, quédate un momento. Hay un detalle en el presupuesto de diseño que quiero revisar contigo a solas.
El resto del equipo recogió sus pertenencias y salió de la sala entre murmullos. Sofía me lanzó una mirada de "buena suerte" antes de cerrar la puerta tras de ella.
Me quedé sola con él en la inmensa sala de juntas. El silencio era ensordecedor. Empecé a guardar mi laptop con movimientos lentos, tratando de ignorar que Axel se estaba acercando a mí por el costado de la mesa.
—"Arreglar algo que nació roto es sentimentalismo, no estrategia" —citó mis propias palabras en un susurro cargado de veneno y admiración—. Vaya, Aria. Realmente te esforzaste en construir esa armadura de hielo. ¿Crees que me vas a engañar con ese discurso de profesionalidad?
Se detuvo justo a mi lado, obligándome a mirarlo.
—No es un discurso, Axel —le respondí, cerrando mi laptop con un clic seco—. Es mi realidad. Si no tienes nada más que decir sobre el presupuesto, tengo mucho trabajo pendiente.
Me colgué el bolso al hombro dispuesta a salir, pero su mano atrapó mi brazo con firmeza, deteniéndome en el sitio. No apretaba, pero el contacto quemaba.
—La realidad es que estás temblando, Aria —dijo él, inclinándose hacia mi oído, su aliento rozando mi piel—. Y la estrategia dice que no puedes ganar una guerra contra alguien que conoce todos tus puntos débiles. No importa cuántos títulos tengas ahora; para mí, sigues siendo transparente.
Me soltó de golpe y regresó a su silla con esa sonrisa cínica que me hacía querer gritar.
—Puedes retirarte. Pero no te acostumbres a las victorias fáciles. Mañana a primera hora quiero el rediseño completo en mi escritorio. Personalmente.
Salí de la sala de juntas sin mirar atrás, con el corazón martilleando contra mis costillas. Había sobrevivido al primer encuentro, pero sabía que esto era solo el comienzo. Axel Price no quería una Directora Creativa; quería recordarme que, aunque el mundo hubiera cambiado, él seguía siendo el dueño de mis silencios.
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Editado: 28.02.2026