Dejé la taza de café a un lado, sintiendo que el hambre desaparecía por completo. Tomé mi laptop y me senté en la mesa del comedor, con las manos aún un poco entumecidas. Tecleé la dirección de Tribeca con el corazón martilleando contra mis costillas. Esperaba encontrar el sitio web de alguna galería de arte o un edificio de condominios de lujo con el nombre de Price en la entrada.
Pero lo que apareció en la pantalla me dejó sin aliento.
No era un edificio corporativo. Los registros de propiedad indicaban que ese loft pertenecía a una sociedad limitada, pero las fotos de archivo del catastro mostraban una fachada de ladrillo visto con ventanales inmensos. Era un antiguo estudio de diseño que había sido restaurado.
Mis ojos se llenaron de lágrimas de frustración al reconocer los detalles. Ese lugar... era el proyecto que Axel y yo solíamos dibujar en servilletas de papel cuando no teníamos nada. Él siempre decía que algún día tendríamos un espacio así, donde la luz fuera perfecta para que yo pudiera pintar y él pudiera construir su imperio.
—No puede ser —susurré, cerrando la laptop de golpe.
El hecho de que él fuera el dueño de ese lugar específico era un ataque directo a mi memoria. No era solo una cita de negocios; era una trampa emocional. Axel no solo quería que trabajara para él; quería demostrarme que había cumplido cada una de las promesas que nos hicimos, pero que ahora las poseía él solo, como un trofeo de guerra.
Miré el reloj. Eran apenas las diez de la mañana, pero el aire en el departamento se sentía estático, como si la realidad se hubiera detenido en el momento en que leí esa dirección. No podía quedarme allí sentada, esperando a que las horas me consumieran.
Me levanté de la mesa, sintiendo una necesidad física de moverme. Logan estaba trabajando en sus planos, construyendo una realidad honesta y tangible, mientras yo estaba aquí, desenterrando fantasmas en una pantalla.
Caminé hacia el dormitorio con paso decidido. Abrí el armario y pasé de largo el rincón oscuro donde el vestido de seda plateada seguía hecho un ovillo. No iba a ser la muñeca de Axel Price hoy.
Me quité la bata y me vestí con lo más parecido a una armadura que encontré en mi propio guardarropa: unos jeans oscuros, mis botas de cuero gastadas y un suéter de punto negro de cuello alto. Era ropa que Axel jamás elegiría, ropa que olía a mi propia vida, a mi detergente barato y a las tardes de caminata con Logan. Me recogí el pelo en una coleta tirante, borrando cualquier rastro de la sofisticación de la noche anterior.
Antes de salir, volví a la cocina y tomé la tarjeta. Mis dedos rozaron las iniciales en relieve una última vez antes de guardarla en el bolsillo de mi chaqueta.
No iba a ir allí para rendirme. Iba a ir para recuperar lo que él me había robado: la paz de mis recuerdos. Si Axel pensaba que poseer ese loft le daba poder sobre mí, se equivocaba.
Salí del departamento y cerré la puerta con llave, sintiendo el peso del metal en mi mano. Tenía todo el día por delante antes de la cita a las siete, pero necesitaba caminar, perderme en las calles de la ciudad que él creía dominar hasta sentir que volvía a ser dueña de mis propios pasos.
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Editado: 28.02.2026