A las 22:22, el teléfono de Aurora vibró sobre el velador.
Estaba acostada, leyendo sin demasiado éxito, cuando vio el nombre del grupo.
MANADA
Andrea había enviado un audio.
Aurora lo abrió.
—Amigas… no sé qué está pasando, pero desde ayer siento una energía masculina nueva alrededor de Aurora.
Aurora frunció el ceño.
El audio continuó.
—Es tranquila. Como tierra. Y me aparece una luz encendiéndose sobre su cabeza.
Aurora bajó lentamente el teléfono.
Miró la lámpara.
Volvió a mirar el teléfono.
Después otra vez la lámpara.
El primer mensaje apareció inmediatamente.
Alejandra:
CONCHETUMADRE, LA LÁMPARA.
Después:
Paula:
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Aurora comenzó a escribir.
No empiecen a inventar hueás.
Andrea respondió:
Yo no estoy inventando.
Pausa.
¿Quién es Fernando?
Aurora se incorporó en la cama.
¿CÓMO CHUCHA SABES QUE SE LLAMA FERNANDO?
Los tres puntos aparecieron.
Porque Alejandra me contó, po.
Aurora se quedó mirando la pantalla.
Alejandra, te voy a matar.
La respuesta llegó enseguida.
Pero lo de la lámpara no se lo conté.
Aurora volvió a mirar hacia arriba.
—No —murmuró—. No voy a participar de esta hueá.
Andrea mandó otro audio.
—Mañana voy. Necesito mirar esta energía presencialmente.
Aurora apretó el botón para responder.
—¡No hay ninguna energía que mirar!
La contestación llegó en menos de diez segundos.
—Eso dicen siempre antes de que quede la cagá.
Aurora dejó caer la cabeza sobre la almohada.
Desde el otro lado de la cama, Enrique se movió dormido.
—Mamá…
—Duerme, mi amor.
—¿Fernando trajo helado?
Aurora cerró los ojos.
—No.
—Ah.
Dos segundos después volvía a dormir.
Aurora observó a su hijo, después la lámpara y finalmente el teléfono.
—Estamos todos enfermos —murmuró.
Andrea llegó al día siguiente con un bolso enorme, un sahumerio, una piedra para anclar la casa y una botella de vino.
Aurora señaló la botella.
—¿Eso también ancla?
—La espiritualidad no tiene por qué ser rígida.
—Perfecto.
Andrea entró, dio tres pasos y se detuvo en medio del living. Cerró los ojos y respiró profundamente.
Aurora la observó desde la cocina.
—No hagas show.
Andrea levantó una mano.
—Shhh.
—Andrea.
—Déjame sentir.
—Puedes sentir sin hacer teatro.
Andrea abrió los ojos y caminó lentamente hacia el rincón de Entreluz. Se detuvo bajo la lámpara y miró hacia arriba.
—Aquí.
Aurora apoyó ambas manos sobre el mesón.
—¿Aquí qué?
—Aquí se movió algo.
—Sí. Fernando movió la escalera.
Andrea giró.
—¿Fernando?
—El vecino.
—¿El de la energía?
—El del taladro.
—Es lo mismo.
—¡No es lo mismo!
Sonó el timbre.
Aurora ni siquiera necesitó preguntar.
Alejandra y Paula entraron juntas.
—¿Por qué vienen las dos?
Paula levantó una bolsa.
—Traje picoteo.
—No pregunté qué trajiste.
—Entonces no entiendo la pregunta.
Aurora miró a Alejandra.
—Tú la llamaste.
—No sé de qué hablas.
—Andrea vino a analizar al vecino y ustedes aparecieron quince minutos después.
Alejandra dejó la cartera.
—Coincidencia.
—Claro.
Veinte minutos más tarde, las cuatro estaban sentadas alrededor de la mesa.
La mesa perfectamente firme.
Aurora la miró.
Ahora la hueá hasta le daba risa.
Andrea apoyó los codos.
—Ya. Cuenta.
—No hay nada que contar.
Tres mujeres la miraron.
Aurora suspiró.
—Le llegó una encomienda mía. La trajo. Instalamos una lámpara. Y ayer caminamos a comprar pan.
Paula levantó un dedo.
—Te tocó la cintura.
—Porque casi me caí de una escalera.
Alejandra agregó:
—Te limpió la boca.
—¡Tenía una miga!
Desde su pieza, Víctor gritó:
—¡Y LA MESA NUNCA ESTUVO COJA!
Andrea cerró los ojos.
Paula se dobló sobre la mesa y Alejandra comenzó a golpearla con la palma mientras se reía.
Aurora miró hacia el pasillo.
—¡VÍCTOR!
—¡¿QUÉ?!
—¡NADA!
Andrea abrió los ojos.
—Ya entendí.
Aurora volvió hacia ella.
—¿Qué entendiste?
—Nada todavía.
—Andrea.
—Necesito verlo.
—No vas a analizarle el aura a Fernando.
—No necesito analizarle el aura.
—Gracias.
—Solo quiero observar cómo entra.
Paula escupió el vino.
Alejandra bajó la cabeza contra la mesa.
Aurora miró a Andrea.
—¿Cómo entra dónde?
Andrea la sostuvo con absoluta seriedad.
—A tu campo.
Paula soltó un ruido inhumano.
—Andrea, te amo profundamente, pero te prohíbo hablar de mi campo delante de él.
—Tranquila. Seré absolutamente discreta.
Las otras tres se miraron.
Nadie le creyó.
—Además —continuó Aurora—, no hay nada que evaluar. Lo conozco hace tres días.
—Perfecto.
—¿Qué tiene de perfecto?
Andrea tomó su copa.
—Que todavía no has tenido tiempo de inventarle demasiadas cosas.
La risa de Aurora disminuyó un poco.
Andrea la conocía demasiado.
—No estoy inventando nada.
—No dije que lo estuvieras haciendo. Tampoco necesito saber si Fernando es bueno, malo, maravilloso, terrible, el amor de tu vida o simplemente el hueón que vive dos casas más allá.
—Esa última es la única información comprobable.
—Entonces partamos por ahí.
Paula levantó la copa.
—Fernando, el hueón verificablemente ubicado dos casas más allá.
—Salud —dijo Alejandra.
Aurora negó con la cabeza.
Andrea no se rio.
Editado: 13.09.2026