Dr. Klein

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 14

AURORA

Cuando Milán me propone quedar fuera del hospital para hablar de la convención, no me sorprende. De hecho, me parece hasta lógico. Dentro siempre hay alguien que interrumpe, una llamada, una urgencia, o simplemente esa sensación constante de que no puedes terminar una frase porque alguien te necesita.

—Si te parece, claro —me dice mientras salimos juntos—, es que creo que podemos organizarnos mejor fuera de aquí. Sin prisas y sin gente alrededor que nos interrumpa.

—Sí —respondo—. Además, aquí dentro siempre acabamos hablando a medias.

Quedamos en que será mejor otro día para sentarnos con papeles y empezar en serio, pero hoy, que ya es tarde y los dos estamos cansados, podemos al menos aclarar cuándo y cómo vamos a hacerlo. Me dice que le viene bien cualquier tarde a partir de las siete, que por las mañanas es imposible, y yo le digo que mientras no sea después de una guardia larga, no hay problema.

—¿Te vienes en mi coche? —pregunta—. Así no damos vueltas.

Asiento. No me incomoda. Es extraño, pero con él, no me incomoda casi nada, y eso todavía me sorprende un poco.

Durante el trayecto hablamos poco. No porque no haya tema, sino porque no hace falta rellenar el silencio. Pone música baja, es algún grupo musical que no conozco, y conduce tranquilo. Me fijo en eso, en que no va con prisa aunque el día haya sido largo.

Llegamos a La Traviata y nos sentamos en una mesa baja de las del fondo. Pedimos algo sin alcohol y unas aceitunas para acompañar. Estamos en esa hora en la que es pronto para cenar, pero tarde para merendar.

—Vale —dice al cabo de un rato—. Entonces, ¿qué te parece si empezamos la semana que viene? Un par de tardes, fuera del hospital, y vemos hasta dónde llegamos. Si quieres podemos trabajar desde aquí o podemos ir a mi apartamento. —Enarco una ceja y abro mucho los ojos, veo como el rostro de Milán se va tornando pálido por momentos, entendiendo como ha sonado lo que ha dicho. —Quiero decir que podemos ir a la oficina que tengo en mi apartamento, allí tengo una. —Sonrío divertida sin poderlo evitar.

—Tranquilo. Me parece bien —coloco una mano sobre su hombro—. Solo te tomaba el pelo. —Es mejor así. —Dentro del hospital siempre acabamos hablando de pacientes y no de organización.

—Por un momento he pensado que lo habías entendido mal.

—No. Te he entendido perfectamente. Entiendo que es algo que nos va a dar muchos dolores de cabeza. Por eso es mejor estar en un ambiente tranquilo.

—Exactamente —añade—, no quiero que esto se nos coma antes de empezar.

Asiento, yo tampoco quiero que eso pase.

Hablamos un poco más de lo básico y, sin darnos cuenta, la conversación se va relajando. Ya no estamos en modo trabajo estricto. Milán apoya el antebrazo en la mesa y me mira un segundo más de lo normal.

—Hoy, en la reunión —dice—, ha salido tu nombre y un rumor sobre Verona.

No hay brusquedad en sus palabras, me lo dice tranquilamente, con cuidado y aun así, algo dentro de mí se remueve.

—Me imaginaba que esto pasaría tarde o temprano—. Tomo una trago de mi bebida.

—Aurora, si te lo digo, es porque no quiero que te enteres por otro lado.

—Lo agradezco.

Este es mi momento para contar lo que pasó, pero no puedo. Me quedo callada, con las palabras atrapadas, porque sé que si empiezo no voy a poder parar. Pero entonces, Milán coloca a su mano sobre la mía y me saca del abismo de mis pensamientos.

—Aurora…

—Lo conocí en la universidad —empiezo a hablar sin darme cuenta—. A Marco. Éramos jóvenes, unos estudiantes brillantes, o al menos eso creíamos. —Sonrío recordando mi época en la universidad. —Él siempre tuvo claro que iba a llegar lejos. Y yo también, pero de otra manera. Yo quería trabajar, aprender, crecer. Él quería destacar.

Milán no me interrumpe. Solo me escucha, acariciando mi mano con su pulgar para darme fuerza.

—Su padre es el director del hospital de Verona, Raúl Estévez —continúo—. Eso nunca fue un secreto, yo lo sabía. Y es cierto que mi relación con Marco me facilitó muchas cosas. Yo no lo he negado nunca, porque lo que sí creía, de verdad, es que mi trabajo hablaba por mí.

Respiro hondo antes de seguir, consciente de que mis ojos se están cristalizando.

—Durante años me dejé la piel en ese hospital. Guardias interminables, estudios, proyectos, pacientes complicados. Cuando me nombraron jefa de cardiología pensé que, por fin, se veía todo lo que había hecho.

—Pero no era así —dice él, sin afirmarlo.

—No —niego con la cabeza—. No lo era.

Le cuento la gala en beneficio de los pacientes oncológicos. El ambiente, las copas y toda la gente importante que acudió allí. No entro en detalles innecesarios, pero sí en lo que me dolió.

—Me enteré de su infidelidad esa misma noche —sigo—. No por un rumor ni por terceros. Cuando iba al baño, me lo encontré de frente. La chica era una doctora nueva que ni se inmutó al verme—. Limpio una lágrima que intenta escapar—. Al contrario con su sonrisa, claramente se estaba burlando de mi.

—Aurora…

—Imagina la situación, yo estaba embriagada en ira. Y cuando lo enfrenté, no se disculpó como alguien que sabe que le ha hecho daño a quien ama, no. Solo me dijo que no exagerara, ni montase un espectáculo. Que esas cosas pasaban a veces, pero que no significaba nada. Que tenía que entenderlo.

Milán frunce el ceño, pero no dice nada.

—Y luego —añado—, cuando presa del dolor empecé a marcharme de la gala, me bloqueó el paso. Le dije que me iba a delante de todos… —Bebo un poco más de agua, y en ese momento soy consciente de que mis lágrimas caen sin permiso.

—Eso no es un hombre Aurora. Solo es escoria… —le sonrío con pena.

—¿Sabes? La cosa no acaba ahí, cuando dije que iba a dejar mi puesto, se rió. Se rió y dijo que cómo iba a renunciar a algo que me había dado a dedo él mismo. Que si realmente creía que ese cargo lo había conseguido yo. Y confesó que su padre, al que nunca le agradé, me había puesto ahí por ser su novia, no por ser quien soy.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.