El ataque llegó, finalmente, no con el amanecer despejado que había precedido la batalla decisiva años atrás, sino en mitad de la noche, cuando la mayoría de Draxcan dormía ajena a la tormenta que se aproximaba desde el sur con una velocidad que ninguno de los sistemas de alerta temprana logró detectar con la anticipación suficiente. Fue Arkis quien sintió primero la aproximación, despertando de un sueño intranquilo con un grito que resonó por todo el ala privada del castillo, las sombras a su alrededor retorciéndose con una intensidad que reflejaba directamente el terror instintivo que su conexión particular con la oscuridad le permitía experimentar antes que cualquier otra persona en Draxcan.
—¡Viene! —gritó, cuando Seraphine llegó corriendo a su habitación, alertada por el grito de su hijo con la misma velocidad instintiva que había definido cada momento crítico de su maternidad—. ¡Algo grande, algo oscuro, se acerca muy rápido!
Yorvenn, despertado poco después por el mismo instinto de alarma que había servido a Draxcan a lo largo de años de vigilancia constante, confirmó, con el cristal de comunicaciones activado apenas segundos después de recibir la noticia, que la percepción de Arkis reflejaba una realidad considerablemente más aterradora de lo que cualquiera de ellos había anticipado.
—Es Darmir —confirmó, la voz cargada de una gravedad que trascendía cualquier alarma anterior—. Y no viene solo. Sudrac y Thordrac lo acompañan, junto con un ejército que se aproxima con una velocidad que sugiere que ha estado preparando este momento durante considerablemente más tiempo del que nuestra propia vigilancia logró anticipar.
La Alarma se Extiende
Las campanas de alarma resonaron por toda la capital con una urgencia que Draxcan no había experimentado desde el enfrentamiento aéreo años atrás, despertando a cada soldado, cada mago, cada ciudadano que había aprendido, a lo largo de una crisis que se negaba a terminar completamente, a reconocer la diferencia entre un simulacro rutinario y la realidad genuina de una amenaza inminente.
—¡Formación completa! —gritó Elroan, coordinando la respuesta defensiva con la misma precisión estratégica que años de liderazgo como General Supremo le habían perfeccionado, aunque esta vez con una urgencia adicional que reflejaba la comprensión aterradora de que los siete portadores elementales representaban ahora el objetivo más valioso que Darmir podría buscar—. ¡Ismenia, brigadas hacia las murallas sur! ¡Theron, arqueros en posición elevada inmediatamente!
Ismenia, cuya experiencia coordinando defensas complejas durante años de crisis anteriores la había preparado exactamente para este tipo de respuesta urgente, movilizó sus fuerzas con una eficiencia que reflejaba cada lección aprendida a lo largo de la larga guerra silenciosa que Draxcan había atravesado.
—¡Cada unidad a su posición asignada! —ordenó, mientras las brigadas humanas se desplegaban con una velocidad considerablemente mayor que la que habían logrado durante el primer enfrentamiento devastador años atrás—. ¡No hay tiempo para vacilación!
Selfia y la Protección de los Siete
Selfia, alertada de inmediato por Fox tan pronto como la magnitud de la amenaza se confirmó completamente, se lanzó hacia la habitación donde los cuatro hermanos ya se habían reunido bajo la supervisión de Seraphine, cada uno de ellos mostrando, en su expresión infantil, una comprensión aterradora de que este momento representaba algo considerablemente más peligroso que cualquier incidente de entrenamiento que hubieran experimentado hasta ahora.
—Necesitamos llevarlos al refugio más profundo, inmediatamente —dijo, con la autoridad que años de responsabilidad directa hacia el cuidado de los niños le habían otorgado, aunque su propia voz llevaba consigo un temblor que reflejaba el terror genuino que compartía con cada persona en el castillo.
—Mira, Kael y Bramthorne —recordó Fox, sintiendo el peso de una responsabilidad adicional que trascendía considerablemente la protección inmediata de los cuatro hermanos reales—. Necesitamos alertarlos de inmediato, y coordinar su propia protección, considerando que se encuentran dispersos por diferentes distritos.
Ophelia, ya activando el sistema de comunicación mágica que había desarrollado específicamente para exactamente este tipo de emergencia, confirmó que los mensajes urgentes ya se transmitían hacia cada uno de los tres portadores restantes.
—Ya está en marcha. Cada uno recibirá escolta militar inmediata hacia el punto de refugio más seguro disponible en su ubicación actual.
El Primer Contacto con Sudrac y Thordrac
En el cielo sobre la muralla sur, Vorn y Filaen, alertados con la misma velocidad que había caracterizado cada respuesta militar durante años de preparación cuidadosa, se elevaron junto a Seraphine —quien, pese a las protestas evidentes de Tilio sobre su seguridad personal considerando su papel maternal ahora considerablemente más significativo con cuatro hijos dependiendo de su protección, insistió en participar directamente en la defensa aérea— para encontrarse con los dos dragones oscuros que ya se aproximaban con una velocidad devastadora hacia las defensas de Draxcan.
—¡Formación de contención! —gritó Vorn, dirigiendo a Ventisca hacia una posición táctica que reflejaba años de coordinación perfeccionada con Filaen y Espina, ambos dragones moviéndose con una sincronía que confirmaba la efectividad genuina del entrenamiento conjunto que habían mantenido consistentemente incluso durante los años de calma relativa.