Duele Querer

Prólogo

Dicen que el amor verdadero nunca se olvida... pero nadie te advierte que, cuando regresa, no siempre lo hace para quedarse. A veces vuelve solo para recordarte lo que perdiste, lo que callaste, lo que dejaste a medias. A veces vuelve para probar si realmente sanaste... o si solo aprendiste a esconder la herida.

Yo pensé que la vida ya había decidido por mí. Que lo que una vez ardió entre nosotros se había apagado para siempre. Que el tiempo, con su manera silenciosa de borrar, había hecho su trabajo. Pero estaba equivocado.

Hay encuentros que no se planean, momentos que te desarman sin permiso, miradas que dicen todo lo que juraste no volver a sentir. Y así fue con ella. Bastó un segundo —un segundo— para que el mundo, mi mundo, dejara de avanzar en línea recta y empezara a girar hacia donde siempre había temido volver.

El problema no era verla.
El problema era que mis manos recordaron su forma sin tocarla.
Que mi corazón pronunció su nombre antes de que mi mente pudiera detenerlo.
Que todo lo que juré haber superado... despertó.

Y sin embargo, no éramos los mismos.
Ella tenía nuevas cicatrices, nuevas razones para no mirarme igual.
Y yo... yo tenía demasiadas cosas que nunca dije, demasiado peso en la espalda, demasiados silencios guardados entre los dientes.

La pregunta no era si aún la amaba.
Eso siempre fue evidente.
La verdadera pregunta era:
¿qué se supone que haga ahora que el destino decidió devolverme lo que más quise... justo cuando menos podía tenerlo?

En esta historia, nadie está listo para lo que siente.
Y yo soy la prueba viviente de que a veces, cuando el amor vuelve...
también vuelve el dolor.

Porque al final, querer no siempre salva.
A veces, simplemente duele.

¿Expectativas sobre esta historia?




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