DueÑos Del Juego

CAPÍTULO 1: LA FAMILIA MORETTI

Había un punto en la vida de todo hombre en que debía decidir qué quería ser. En la familia Moretti, esa decisión no era una opción. Desde el momento en que nacías con ese apellido, ya estabas marcado por el peso de la herencia, de la expectativa, del nombre que dominaba Italia desde hacía generaciones.

Luca lo sabía mejor que nadie.

Sabía lo que significaba ser un Moretti, lo que se esperaba de él, lo que todos pensaban que haría con su vida. Pero también sabía lo que no decían, lo que pensaban cuando lo miraban, lo que murmuraban cuando él no estaba presente.

Sabía que lo consideraban el menor, el protegido, el que nunca tuvo que luchar por nada porque todos lo hicieron por él.

Y quizá, por eso, nadie tomó en serio la idea de que había comprado un club de fútbol.

No fue sorpresa. No fue indignación.

Fue simple incredulidad.

Y eso era peor.

Los Moretti no eran solo una familia. Eran una institución.

El apellido tenía raíces en Milán desde hacía más de un siglo, desde que el bisabuelo de Luca, Giuseppe Moretti, fundó la empresa que con el tiempo se convertiría en el imperio financiero más grande de Italia. En un país donde la tradición pesaba más que la innovación, los Moretti habían encontrado la manera de controlar ambos mundos.

Moretti Enterprises tenía inversiones en banca, bienes raíces, medios de comunicación, tecnología y energía. No había sector en el que no tuvieran influencia. Controlaban periódicos, financiaban partidos políticos, dirigían fondos de inversión. Enzo Moretti, el patriarca de la familia, había expandido el negocio más allá de Italia, convirtiéndolo en un conglomerado internacional con sede en Londres, Nueva York y Hong Kong.

No se podía hablar de poder en Italia sin mencionar a los Moretti.

Y, sin embargo, no era solo la riqueza lo que los definía.

Era la manera en que usaban ese poder.

La familia Moretti se había construido con disciplina, cálculo y estrategia. No hacían apuestas arriesgadas, no dejaban nada a la suerte. Todo estaba planeado, cada movimiento pensado con precisión.

Por eso, cuando Luca compró el A.S. Vittoria sin avisar, lo miraron como si hubiera cometido un acto de locura.

Luca tenía veinticinco años, el menor de cinco hermanos, y el único que aún no tenía un lugar definido en el imperio familiar.

Sus hermanos, en cambio, sabían exactamente quiénes eran.

Alessandro Moretti, el primogénito, tenía cuarenta años y era el heredero natural. No solo por ser el mayor, sino porque era el más parecido a su padre. Racional, calculador, metódico. Era el CEO de Moretti Enterprises, la cara pública de la familia en los negocios, el hombre que controlaba cada aspecto de la compañía. No había una sola decisión que se tomara sin su aprobación.

Para Alessandro, el mundo se dividía en ganadores y perdedores.

Para él, Luca era un niño jugando a ser empresario.

Valentina Moretti, de treinta y siete años, no estaba interesada en dirigir la empresa, pero sí en manejar su influencia. Se había convertido en una de las figuras políticas más poderosas del país, con conexiones en el gobierno, en la prensa y en el círculo social más exclusivo de Italia. No le importaba el fútbol ni los negocios de la familia, pero sabía que el apellido Moretti era un arma poderosa y lo usaba a su favor.

A Luca le costaba confiar en ella. No porque lo tratara mal, sino porque nunca estaba seguro de cuándo lo hacía por afecto y cuándo porque le convenía.

Marco Moretti, de treinta y cinco años, era el más reservado. No le gustaba la exposición pública ni las reuniones familiares. Era el cerebro financiero de Moretti Enterprises, el hombre detrás de las estrategias económicas, el que aseguraba que la fortuna de la familia siguiera creciendo sin importar lo que pasara. Para él, todo se reducía a números. No le importaban las emociones, ni la historia, ni la lealtad. Solo los resultados.

Y luego estaba Adriano Moretti, de treinta y cuatro años, el único que alguna vez había intentado alejarse de los negocios de la familia.

Fue futbolista, jugó en la Serie A, llegó a la selección italiana. Pero su carrera terminó demasiado pronto por una lesión, y aunque intentó encontrar su lugar en otros lados, nunca fue el mismo después de eso. Había trabajado en los medios como comentarista deportivo, había intentado invertir en negocios propios, pero al final, siempre terminaba volviendo a la sombra de la familia.

Era el único que entendía de verdad lo que Luca estaba intentando hacer con Vittoria.

Pero eso no significaba que creyera que podía lograrlo.

Si su padre era el centro del poder en la familia, su madre era la ausencia que nunca se mencionaba.

Giulia Ferrara había sido la esposa de Enzo Moretti durante casi veinte años, hasta que el matrimonio terminó en un divorcio que sacudió a la alta sociedad italiana. No fue escandaloso, no hubo titulares sensacionalistas ni peleas públicas. Solo un acuerdo silencioso, una separación limpia, un cambio en la estructura de la familia que nunca se discutió en voz alta.




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