Dulces Mentiras, Amargas Verdades: Decisiones (libro 3)

CAPÍTULO1

NOTA: COMO LES PROMETÍ, EMPEZAMOS CON LA TERCERA PARTE DE ESTA SAGA. ESPERO QUE DISFRUTEN MUCHO DE CADA CAPÍTULO, QUE LOS PERSONAJES LO LLEVEN POR UN SINFÍN DE EMOCIONES. APROVECHO LA OPORTUNIDAD PARA DESEARLES ¡MUY FELICES FIESTAS!

 

CAPÍTULO 1

 

Su imagen reflejada en el espejo de cuerpo entero, lo mostraba con un traje gris plomo con rayas gris azulado y camisa blanca. Ajustaba con movimientos estudiados y parcos de sus dedos, el nudo de la corbata de corte italiano roja escarlata.

Al afeitarse, su rostro evidenciaba claramente que había disfrutado de sus vacaciones. Gracias a ese bronceado, sus ojos se veían más llamativos y casi alcanzaban el característico color de las semillas de mostaza.

Mentalmente se preparaba para regresar a su rutina laboral colmada de directrices jurídicas, sin poder procesar aún en qué momento se le habían pasado las vacaciones.

En menos de cuarenta minutos debía encontrarse con el Fiscal General en el Palacio de Justicia y le tocaría readaptarse a sus días de incontables e impredecibles horas de trabajo.

Había sido realmente fácil acostumbrarse a despertar y encontrarse a Rachell a su lado, con el pelo revuelto y su bonito rostro iluminado por la luz de la mañana, pero lo que más le gustaba era escuchar su voz adormecida pidiéndole que le permitiera dormir un poco más.

Lo único que alimentaba su ansiedad por trabajar, era que por fin trabajaría de lleno en el caso de su madre. Anhelaba la hora de la comida, la que utilizaría como excusa para encontrarse con Cooper, quien lo pondría al día sobre la teoría del caso, y esperaba que su amigo ya tuviese las pruebas suficientes para empezar.

Al ver la corbata perfectamente recta, se alejó del espejo, salió del vestidor abotonándose la chaqueta, mientras caminaba hacia la habitación, donde agarró el portafolio de aluminio que se encontraba sobre la cama.

Salió y desde el pasillo pudo ver a Thor servirse su infaltable café, que también lo envolvió con su aroma. 

—Quiero uno —pidió al tiempo que bajaba las escaleras aéreas con la mirada en su primo.

Thor agarró otra taza del mueble y le sirvió café sin cafeína a Samuel, quien se mostraba mucho más relajado desde que había regresado de viaje. Definitivamente esas vacaciones habían sido verdaderamente milagrosas.

 —¿Preparado para regresar al infierno? —preguntó Thor con la mirada en su primo, quien colocaba el portafolio sobre la barra.

—Estoy haciéndome a la idea —Le dio un sorbo a su café sin edulcorante. Le gustaba bien cargado, para que se llevara los rastros del sueño que aún pululaban en él.

La mirada celeste de Thor se aguzó al advertir un colgante que sobresalía por el puño de la camisa de Samuel, y se acercó para poder apreciar el pequeño objeto metálico que representaba algún tipo de ave.

No había tenido la oportunidad de verlo antes, porque su adorado primo había vuelto de su viaje el día anterior; como si no hubiese tenido suficiente de la diseñadora, decidió quedarse a pasar toda la tarde en el apartamento de Rachell y no se dignó a aparecer hasta altas horas de la noche, por lo que apenas le vio la cara.

Samuel se estaba alejando cada vez más y no podía evitar que los celos fraternales empezaran a germinar en él. Rachell le estaba robando el tiempo que unos meses atrás compartían como los primos que eran. Ya no jugaban a los vídeo juegos, tampoco iban a correr al Central Park y mucho menos amanecían hablando tonterías mientras compartían algún porro.

Sabía que esa sensación que lo recorría era una tontería porque ya eran adultos y cada uno debía hacer su vida de manera independiente. Y tal vez Samuel también se sentía de la misma manera porque él de igual forma se había alejado, claro, con la única intención de poder estar con Megan, aunque estaba seguro de que todo sería distinto, si su primo no actuara como perro rabioso, cada vez que nombraba a su novia.

Thor utilizó su dedo índice para mover el colgante y su mirada seguía el balanceo que creaba.

—¿Qué haces con esa paloma colgando ahí? —le preguntó acercándose para mirarlo mejor.

—No es una paloma, es un halcón, me lo dieron en Flagstaff, por una leyenda de los indios Sioux.

—¿Y sobre qué trata esa leyenda? —indagó curioso como si fuese un gato.

—No tengo tiempo para contarte leyendas Thor —Le dio otro sorbo a su café y dejó la taza sobre la barra. Samuel sabía que no podía extenderse en la conversación con su primo. Cogió el portafolio y se fue directo al ascensor.

—Lo buscaré en internet, porque no es por falta de tiempo es que quizás no te da la gana de contármelo —De igual manera dejó su taza sobre el mármol negro y dio largas zancadas para alcanzar a su primo, quien cobardemente huía para no dar ningún tipo de explicación.

—Llévame hasta El Palacio de Justicia porque no tengo suficiente combustible en ninguno de los coches. Logan va a llenar el depósito del todoterreno y me la llevará. 

—Últimamente te has vuelto irresponsable, ve cortando con Rachell que te tiene la cabeza llena de pajaritos y corazones, bájate de la puta nube y pon los pies en la tierra —Lo provocó con un tono burlón, sin embargo, sus palabras no eran sólo burla, había en ellas más verdad de lo que estaba dispuesto a admitir.




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