Dulces Mentiras, Amargas Verdades: Decisiones (libro 3)

CAPÍTULO 36

Dos rostros de hadas a centímetros de besarse y sus cabellos formaban el ala de una mariposa, visto desde otra perspectiva era una mariposa iluminada por luces led en color morado. Adornaba el frente de un edificio que llamaba la atención en pleno distrito Meatpacking.

Se formaban colas a las afuera del local nocturno, esperando la oportunidad para poder entrar a Kiss & Fly y disfrutar de una noche al mejor estilo europeo.

Thor dejó el coche en el aparcamiento que estaba a menos de una calle y se dirigió hasta la entrada evadiendo la larga cola. Dos hombres de actitud impenetrable, se encontraban parados frente a las puertas dobles de cristal las cuales tenían rotulado el mismo logotipo de mitología nórdica.

—Thor Garnett —dio su nombre a uno de los hombres de seguridad.

El afroamericano con aspectos de muralla, verificó una tableta electrónica y lo miró por escasos segundos para después darle paso.

Las llamativas luces directas iluminaban el local vanguardista con colores extremadamente fuertes, donde la gran mayoría se movía al ritmo que ofrecía uno de los Djs más famosos mundialmente que animaba el lugar.

Él sabía perfectamente cuál era su lugar por lo que se dirigió hasta la cúpula que daba a la pista de baile. Llevaba mucho tiempo sin salir solo y mucho menos en busca de algo que le animara el resto de la noche, seguramente “El templo” lo había extrañado, esa era la sala VIP que siempre estaba dispuesta para él.

Se sentó en uno de los sofás y como ya conocían sus gustos, la mesa de centro estaba equipada para que el heredero del magnate de la industria petrolera y minera disfrutara su estadía. 

La música retumbaba y la mirada celeste se paseaba por los cuerpos femeninos que se movían con sensualidad. Algunas compartían miradas lascivas con él, pero era selectivo. No se llevaría a la primera a la cama. Era quien tenía el poder para elegir y para eso se tomaría su tiempo.

Sacó de la cubitera la botella negra con etiqueta en el mismo color, aunque el nombre resaltaba en dorado. Cogió la copa tulipán y se sirvió un poco de su néctar imperial, el cual se deslizó por la copa burbujeante, en su intenso color oro.

Thor buscaba con la mirada algo de su interés, mientras que su paladar degustaba la explosión de frutas exóticas y el sutil toque de la vainilla, que la bebida le ofrecía con su densidad.

Su mirada fue cautivada por una rubia que parecía estar sola y sus pupilas se dilataron al verla vestida con una minifalda de cuero, botas y todo lo necesario para provocar erecciones en cualquiera que la viera.

Las caderas se movían de un lado a otro con una lentitud arrolladora y su mirada la había fijado en él, con el más claro gesto de provocación se acariciaba el cuerpo y las luces que titilaban cambiando de color al ritmo de I feel love la hacía lucir ante los ojos de Thor como el ser más sensual que alguna vez hubiese visto.

El chico le dio un segundo trago a su bebida. Dejó la copa sobre la mesa y se puso de pie. Definitivamente estaba sola y antes de que otro se adelantara y le quitara en sus narices al ángel errante vestido de cuero, fue a su encuentro.

Llegó hasta ella y la tomó por las caderas con una clara acción de pertenencia. La rubia no se alertó ante el agarre, por el contrario le regaló una sonrisa que provocó pulsaciones en el miembro del chico, que admiraba un rostro muy, muy bonito pero con un maquillaje que la hacía lucir como una mujer fatal.

Thor aprovechó el tema y se pegó más a ella y era hora de hacer más íntimo el baile y dejarle completamente claro para qué la quería. Con su nariz empezó a acariciarle el cuello, extasiándose con el aroma y disfrutando de los leves estremecimientos que le robaba. 

Si algo poseía Thor Garnett era decisión y estaba decidido a comerse esa boca, por lo que sin pensarlo, sólo dejándose llevar por las ganas, fue en busca de los labios que lo incitaban, pero antes de que pudiese tocarlos, la chica le colocó el dedo índice en los labios y sutilmente puso distancia entre las bocas.

El rechazo aumentó el interés en él, pero no renunciaría, por el contrario iba a endulzarla un poco más. A excitarla al punto de que no pudiese negarse, y sus manos empezaron a deslizarse por las curvas femeninas poniendo el plan en marcha.

Varios intentos de besos fueron frustrados; sin embargo, no iba  a desistir. Esa mujer ya lo tenía en la palma de su mano y aún no la había probado.  

—¿Quieres tomar algo? —propuso acercándose a ella y con sus labios le acariciaba el lóbulo de la oreja sin importarle el molesto pendiente.

—Depende lo que quieras darme a beber —contestó y le acariciaba la nuca con las uñas, provocándolo aún más.

—Te daré lo que pidas, lo que quieras… tengo mucho para darte —acotó obligándose a no agarrarle el trasero en ese preciso instante.

—En ese caso, te acompañaré —Le regalaba la oportunidad con una sonrisa sagaz.

Thor la guio con una mano en la parte baja de la espalda, al templo, abriéndose camino entre las personas que seguían bailando. El sofá en color ciruela los recibió y las luces hacían el lugar más exclusivo, así como la cúpula les daba más privacidad.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó ofreciéndole asiento. Ella con sutileza se sentó y cruzó las piernas, interesándose más en el lugar que en el hombre que se sentaba a su lado. Esa era su manera de no ponérselo fácil al grandote.




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