Dulces mentiras amargas verdades: Revelaciones (libro 2)

CAPÍTULO 21

La mirada oscura de la secretaria de Samuel Garnett, captó a la señorita Rachell Winstead y no pudo evitar el desconcierto de verla ahí, porque su jefe no le había informado acerca de la visita.

—Buenas tardes, Vivian —saludó, Rachell a la asistente, siendo amable con la mujer.

—Buenas tardes, señorita Winstead —correspondió poniéndose de pie, y en un acto reflejo que denotaba nerviosismo se alisó la falda negra de su uniforme, la cual hacía conjunto con una blusa roja.

—Quisiera hablar con el señor Garnett, por favor.

—Disculpe señorita, es que el señor Garnett no se encuentra en la torre, está trabajando en un caso —informó y en su voz se sentía el pesar de no poder complacerla.

—Entiendo, podría decirle que vine… O no, por favor no lo haga —dijo arrepintiéndose.

—Está bien, pero podría contactarlo al teléfono móvil, siempre atiende las llamadas —le sugirió.

—Bien, eso haré, gracias Vivian… —Elevó su mano derecha en un gesto de despida y al mismo tiempo le pedía tranquilidad a la secretaria.  

—De nada señorita, estamos para servirle —dijo con una amable sonrisa que hacía brillar sus ojos cafés.  

Rachell se encaminó por el pasillo, sumida en la misma incertidumbre en la que estaba desde hacía tres días.

Definitivamente Samuel la estaba evadiendo, le había desviado las llamadas, no estaba en la torre Garnett, tampoco en fiscalía, todos le decían lo mismo, que trabajaba en un caso, pero ese caso no duraba las veinticuatro horas del día, bien podía llamarla o al menos un maldito mensaje, no se llevaría un minuto.

Sin pensarlo, solo dejándose llevar por esos impulsos que le asaltaban de la nada, buscó su iPhone y llamó a Thor, lanzando por sexta vez su orgullo al lodo.

—Aquí Thor, pero no te equivoques que no soy Chris Hemsworth, así que no hay autógrafos, ni fotos, ni nada que se le parezca. —Atendió con el humor de siempre.

—¿Cómo estás Thor? —preguntó, sin poder evitar sonreír ante las ocurrencias del rubio.

—Ya sabes cómo estoy… Y bueno, me siento muy bien, deberías darme permiso para llamarte cuñada.

—No lo sé, tal vez si algún día aparece tu primo, ¿o es que lo abdujeron los extraterrestres y no me lo has dicho?

—No, en realidad lo descuarticé y lo tengo en un congelador en el sótano… ¿Aún no se reporta contigo?

—No, lleva tres días sin hacerlo, ¿seguro que aún tiene memoria?, ¿o solo fue mi parte la que se le borró del disco duro? Dile que no estoy en plan de hacer el remake de la película como si fuera la primera vez.

—Rachell, eso sería tierno, te imaginas enamorar a Samuel todos los días… Qué te parece si te vas hoy al departamento y lo esperas con un baby doll, champán y fresas, por algo se empieza… Eso sí, ni de mierda pongas velas —advirtió sin dejar de lado la broma que le estaba jugando a Rachell.

—Todavía no entiendo por qué no le gustan las velas.

—No es solo con las velas, es con el fuego… No le gusta, le tiene pánico, espero que no entre en crisis delante de ti porque sales corriendo.

—¿Por qué? —preguntó algo sorprendida, no sabía que el miedo de Samuel hacia el fuego, fuese de tal magnitud.

—Me gustaría contártelo, pero es algo que no me corresponde. —La voz de Thor a través del teléfono cambió, de la bromista a la seria.

—Thor, me gustaría saber por qué Samuel me evade, como te he dicho, no hemos discutido todo estaba muy bien…

—Rachell no pienses que es algo en tu contra, dale tiempo… Samuel es así, es un bicho raro, poco a poco lo irás conociendo o más bien adaptándote a él, sé que algo pasa, pero ni que me ponga la máscara del tipo de Saw y lo torture, conseguiré sacarle algo, lo sé porque llega y se encierra en su habitación, eso no es lo extraño, lo que es verdaderamente extraño es que no ha practicado capoeira esta semana y hay veces que se pone así, yo solo lo dejo, le doy su tiempo y cuando regresa al mundo, no le pregunto nada porque se molesta, llega con un humor de puta sin clientes, sé que no es la mejor carta de presentación que te estoy dando de mi primo, pero así es él… Ni modo, elegiste al más complicado de los tipos. 

—Sí, que no es la mejor manera, otra en mi lugar saldría corriendo.

—No lo harás, porque mi primo es que él con solo pensarlo te baja las bragas… Dale tiempo, ya verás que aparece cuando menos lo esperes, necesita de alguien que quiera entenderlo y tú eres la indicada.

—¿Ahora me lo pones en oferta?

—Alguien tiene que hacerse cargo del muerto —dijo con una sonrisa.

—Gracias Thor, entonces esperaré a que aparezca como el cometa Halley.

—De nada, si necesitas lo del baby doll me avisas y te ayudo a preparar la velada.

—No hace falta —dijo sonriendo—. Le daré el tiempo que necesite, adiós.

Arriverderci. —Thor se despidió en italiano y finalizó la llamada.

Rachell se dirigió a la boutique armándose de paciencia, esa que perdía muchas veces, había extrañado escuchar la voz de Samuel, las orquídeas que dejaron de llegar, los mensajes pervertidos que la desconcentraban de su labor.




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