Dylan y Malena

XV.- Ella y su relación

En otra ciudad, un ambiente distinto se convirtió en el centro de un romance que solo se veía una vez en la vida. No solo los involucrados veían los detalles, los terceros compartían la idea de que una relación adulta debía verse y sentirse de esa manera.

La empresa donde trabajaba Malena fue testigo de la presencia de Kyle cuando iba a recogerla del trabajo. Los empleados comenzaron a reconocerlo cuando lo veían llegar con algún regalo en sus manos sin motivo aparente convirtiéndolo en un rumor interesante, algo para comentar y fantasear cuando les llegaría su lugar. Kyle por sí solo resaltaba sobre la multitud, su aspecto, su altura y juventud eran los rasgos más sobresalientes que tenía en comparación a la media de empleados que lo rodeaban; a su alrededor había todo tipo de comentarios pero nada que no hubiera escuchado antes y por lo mismo, no era importante prestarle atención. Malena a veces se sentía apenada de tenerlo tan cerca, tan dedicado a demostrarle lo que era vivir su amor día a día pero cuando iban a casa, parecía ser una larga relación donde ambos sabían qué rol les correspondía. Desde el momento en que comenzó a cortejarla, se presentó como un candidato a un puesto importante, presentó su historia médica, un certificado de salud y los títulos del trabajo que realizaba pero no habló de números solo para aparentar. Quería sentirse digno de ella y no es que quisiera presumir solo sentía que para quedarse a su lado debía ser una opción segura, eso no borraría ese evento cuando se conocieron aún así, era la manera en que él podía mostrar interés genuino. Ella correspondía a esa actitud, tal vez no a través de papeles pero sí de atención y era algo que solo podía expresar ella.

En sus días de encuentro, Kyle cómodamente se ponía a cocinar mientras ella terminaba sus pendientes, o él limpiaba si ella estaba cocinando, las cosas que solo le pertenecían a él comenzaron a inundar su espacio, era frecuente encontrarse con su ropa en la lavadora, sus perfumes en el tocador y otros productos en el baño, ya no había distinción, sólo vivían juntos. El departamento que alquilaba era pequeño, apenas cabían dos personas pero no una familia. No era algo que podía decidir sola y tenían que hablar del futuro que querían tener. Adelantarse y crear una ilusión sobre la vida que quería junto a él, podría acarrear fantasías indeseadas. Convivir se había vuelto algo tan esencial que ya no llamaba su atención el hecho de que el espacio compartido se sintiera como uno solo. Le agradaba vivir así pero al mismo tiempo quería algo más.

Kyle no era ajeno a ello, los fines de semana los pasaba en casa de él y las cosas de ella también estaban tomando su lugar. Algunos abrigos estaban en su clóset, había un cajón para la ropa interior de ella, sus cosméticos estaban en la cómoda al lado de la cama, había más platos y tazas en la cocina de los que podía recordar pero sobre todo, lo que más podía notar era el hecho de que sus costumbres estaban allí, en forma de una manta para los dos en el sillón donde se recostaban. Los cambios se hicieron para los dos pero en ocasiones sentía que lo disfrutaba más que ella. No había más que añadir, entró a su vida sin pedir permiso y se adueñó de todo para convertirse en esa parte esencial que lo destruiría si lo dejaba.

Llevaban poco tiempo juntos y mencionar que quería vivir con ella era un poco aterrador si consideraba que ella ya estuvo en una relación y quizás podría considerar que no hacer para que funcione bien. Abordar el tema desde el punto de vista económico sería una táctica básica, pensar en estar las veinticuatro horas del día pegados en un solo lugar podría ser lo ideal pero su lugar no era adecuado para eso si aún quería tener su propio espacio. Tenía muchas cosas de qué hablar y tomar en cuenta desde planes juntos, metas individuales y que tipo de vida se imaginan viviendo.

— Comamos — pidió Malena cuando sirvió lasaña. Esa noche decidieron cenar en casa de Kyle.

— Cariño… ¿Has pensado a dónde va está relación? No me mal entiendas solo que… solo que… hmmm solo que…

— ¿Quieres llegar al altar?

Kyle tosió haciendo mucho ruido. Malena le consiguió agua. Se sorprendió, quizás ella estaba esperando que él le propusiera matrimonio o a lo mejor la opción segura era comenzar a vivir juntos. Lo que hacían era casi lo mismo pero diferente puesto que al final del día, aún regresaban a su respectiva casa. El esfuerzo por estar juntos, mantener comunicación y animarse el uno al otro era palpable.

— Creo que estás mejor… — comento cuando lo vio calmarse

— Bueno, quiero casarme contigo pero quiero saber que opinas. — Se aclaró la garganta — está no es una propuesta sino un plan futuro.

Malena regresó a su lugar. No había mucho que quisiera pensar. Ya se casó una vez, ya se divorcio y aún así, tenía expectativas en su relación. Le gustaba Kyle y había algo en él que la tenía cautivada y no tenía que ver con las noches juntos, solo su presencia le hacía sentir bien, le gustaba que alguien la esperará en casa y platicar con alguien que no fueran sus compañeras de trabajo era satisfactorio. No podía encontrar motivos para negarse pero la expectativa de casarse nuevamente, no era reconfortante. No temía al compromiso sino al hecho de que podría dejar al descubierto una parte de ella que no conocía y lo decepcionará.

— ¿Por qué no intentamos vivir juntos? — respondió después de un minuto de silencio. — Podemos intentar entender lo que hace el otro, compartir rutinas, gastos y así, aprender cómo vivimos.

— ¿Y después nos casamos? ¿Y si no pasamos el periodo de prueba?




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