Después de tres reuniones familiares, Kyle había entendido lo que era ser bienvenido a un nuevo entorno. Antes, cuando acompañó a Malena a casa de sus padres, en su primera y única reunión, apenas recibió un saludo junto a una mirada juzgadora solo por su aspecto. Era un hombre normal quitando el hecho de que era joven y pretendía a una mujer que ya había estado en una larga relación, un matrimonio que fracasó y una alta prioridad por trabajar. Ni siquiera intercambiaron saludos o intenciones de una relación familiar amistosa por la incomodidad que su presencia causó. Más adelante, Malena dejó claro que su relación parental no era motivo de orgullo dado que hubo muchos problemas de por medio, todos ellos resultado de malas decisiones y no quería estar cerca solo por si querían criticarla bajo el mismo argumento pero si tanto significaba para él, podían concretar una comida. Al verla tan nerviosa, ni siquiera se le ocurrió hacer algo que pudiera lastimarla y se enfocó en arreglar la casa para mudarse.
El contrato de arrendamiento de Malena terminó cuando ella notificó su mudanza a la empresa y pasó varios días viviendo en el departamento de Kyle rodeada de un montón de cajas empacadas sin cuidado. Él también comenzó a guardar sus pertenencias y etiquetando todo para mudarse. La nueva casa era una propiedad construida en una zona reciente de la ciudad, tenían pocos vecinos y poco tránsito. Al revisar el inmueble, todo el papeleo estaba en orden y la adquisición pasó sin problema. Era casi lo que habían soñado pero lo que más se ajustaba a sus necesidades, Jeremy envío regalos por la nueva casa familiar prometiendo una visita en los siguientes días.
Entre escoger muebles, decoraciones y el trabajo habitual, estaba por celebrar su primer aniversario como novia. La fecha era importante pero coincidía con una cena programada con su nueva familia política. Kyle sugirió hacer una comida juntos pero Malena tenía un calendario de trabajo muy ajustado alrededor de la fecha por lo que no disponía de mucho tiempo libre después de completar la mudanza. Kyle lo entendía, él también tenía que viajar con frecuencia y en ocasiones pasaban más tiempo hablando a través de una pantalla que en persona.
— ¿No irás a almorzar? — preguntó Clarisa en la oficina. Acaba de regresar de una inspección.
— No tengo mucha hambre. ¿Qué tal estuvo la inspección?
— Ni me digas… lo odie tanto que estoy lista para renunciar y viajar por el mundo.
— Pero amas trabajar
— ¿Y qué? Trabajar con personas que creen que su ignorancia vale más que el conocimiento cansa más. Ayúdame a entregar estos reportes, solo llévalos a la oficina, ya regreso. — pidió dejándole unos papeles en el escritorio.
Clarissa fue directo al comedor de la empresa, Malena se levantó y el mundo le dio vueltas. Se tuvo que volver a sentar, rara vez sentía vértigo y solía suceder cuando se saltaba el desayuno. No era la primera vez que se sentía así pero no dejaba de ser molesto. No podía evitarlo, cuando se acercaba la producción de un nuevo producto, todos los departamentos se volvían locos. Trasnochados, hambrientos y con ganas de golpear a quien fuera una molestia, sinceramente era un ambiente temporal horrible. Aun así, no tenía ganas de quejarse. Amaba su trabajo y no cambiaría nada de el.
Llevo los papeles y tomo una comida rápida sintiéndose renovada.
Llegó el fin de semana prometido.
Kyle aviso que la vería en la casa de sus padres, Malena se alistó sola y condujo hasta la casa de sus suegros donde fue recibida con una habitual amabilidad. Desde el momento en que los conoció, no fueron del tipo intrusivos ni indiscretos con su relación, sabían que ella era mayor pero se notaba aún más que Kyle había hecho un esfuerzo por cambiar para ser alguien digno de sí mismo y de ella. Pasó de ser un jugador habitual a un hombre centrado, aún no estaban de acuerdo con que jugará en casinos pero Malena sabía que él no iba a ese tipo de lugares desde que se reencontraron. Le reconoció el hecho de que cambio todo lo que se propuso solo para tener una oportunidades su lado; Kyle admitió que extrañaba jugar pero no lo haría pues fue una etapa que disfruto cuando era más joven.
— Lo siento, lo siento — se disculpó entrando a la casa — hay un tráfico horrible de camino hacia acá. — dijo saludando de beso a Malena. Después saludó a sus padres.
— No pasa nada, apenas íbamos a cenar — comentó su padre — vayamos al comedor, hoy pedí un filete que seguramente les encantará… ah, y la próxima semana viene Jeremy con su novia por si quieren venir a cenar. Malena, si hay algo que quieras comer, dime con tiempo para prepararlo.
— Ya saben como es esto, una reunión familiar, una degustación y una conversación informal, Malena… si tienes un horario ocupado, avisanos con anticipación. — señaló la madre de Kyle indicando el camino al comedor.
Esbozo una sonrisa cohibida pero no respondió nada, a veces que fueran tan considerados le hacían sentir que no era bienvenida o que cambiaran pronto de opinión sobre ella, sin motivo ese pensamiento aparecía poniéndola a temblar. Si llegaran a casarse… se comportaran diferente, ¿verdad?
— Vamos… — pidió Kyle dándole la mano
Malena asintió pero en el momento en que se levantó, la habitación dio más vueltas de las necesarias y cayó de rodillas. Sus manos estaban sujetando el sofá, todo le daba vueltas que necesito cerrar los ojos para evitar el mareo. Kyle se arrodilló frente a ella pero viendo que no respondía, la cargó y la llevó a la habitación más cercana. Preocupados, sus suegros fueron tras ellos, Kyle la recostó en la cama, ella se llevó las manos a la cabeza, todo le daba vueltas. Cerró los ojos pero el movimiento era tanto que comenzó a sentir náuseas.
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Editado: 12.02.2026