Dylan y Malena

XVIII.- La felicidad de ella II

Basto con una llamada para que los últimos detalles de la mudanza quedarán terminados.

En su casa, Kyle revisaba cada rincón solo para ver si había algo que pudiera poner en peligro a su esposa o hijo, teniéndolo en cuenta podría tomar medidas contra ello. Malena se mantenía mirando lo que hacía, tratando de entender cómo lidiar con una situación que antes resultó desagradable. No significaba que tendría que vivir lo mismo sino que, que se volviera a repetir, la hacía ponerse nerviosa. El único embarazo que casi llego a termino, no fue la mejor época de su vida.

— Malena, en tu próxima cita, avísame con tiempo para no programar nada.

— No es necesario que te molestes con eso. Yo veré la forma… — comenzó a decir pero Kyle levantó la ceja.

— No es una molestia, eres mi prometida y madre de mi hijo, tengo que cuidarlos.

— Pero si interfiere con tus actividades diarias, me sentiré mal por estorbarte — dijo pero sus palabras fueron duras, como si fuera su culpa por haberla embarazado y después se quejara por tener un bebé que no quería.

— ¿Qué tienes? Llevas un tiempo comportándose extraña. ¿Hay algo que aún no se?

Malena bajo la mirada pero no iba a responder. No quería que nadie más que ellos estuvieran conscientes de lo que estaba pasando en su relación como familia y al mismo tiempo, quería guardarse esa situación para sí misma porque solo confiaba en ella para cuidar del bebé que tanto quería.

Kyle no insistió cuando ella dejó de hablar y decidió no verlo. Cenaron y ella fue a dormir. Él se quedó a trabajar en su oficina, sin mirar el reloj, pasó casi toda la noche en vela. Se vieron de nuevo a la hora del desayuno, con apenas un saludo que salía de sus labios, cada uno se dirigió a hacer sus actividades.

En la empresa alimentaria que trabajaba Malena, la noticia de la renuncia de su jefa directa causó desconcierto. Ella fue una leyenda en el lugar que estaba ocupando pero que se fuera sin mirar atrás los tomó por sorpresa. No había nadie más que ella que amara su trabajo y lo realizará de manera impecable.Malena no pudo despedirse ni buscar un consejo sobre sus preocupaciones. Estaba sola.

Pasaron algunos días y la rutina de la pareja no tenía nada de relevante: conversaciones cortas, comidas juntos y preguntas que solo se responden con sí o no; no estaban enojados solo nada. Cuando llegó el siguiente chequeo, Kyle acompañó a Malena aunque ella insistiera en qué no era necesario.

Su revisión fue buena, el embrión estaba creciendo bien de acuerdo a sus semanas de gestación, su diario de maternidad no tenía anomalías y las dudas que tenía Kyle sobre el desarrollo del bebe fueron respondidas de manera clara. Malena no podía poner en su boca la manera en que se sentía. Quería confiar en que las personas a su alrededor la cuidaría por tener un bebé al que también debían cuidar pero al mismo tiempo, recordar cómo maldijeron el embarazo que tuvo al lado de Dylan, como la criticaron por embarazarse y se burlaron de su elección por tenerlo en el momento más importante de su carrera, la ponía aún más nerviosa y no podía evitar desconfiar de todos.

— Vamos a comer — pidió él

— Yo me quiero ir a casa — pidió a punto de llorar.

Cuando Kyle la miró, había lágrimas en su rostro. Por más que se esforzará en entender lo que estaba pensando, aún no podía leer mentes y ella estaba quedándose todo. Entendía que quizás no se veía muy confiable pero era ella que lo ponía en ese lugar.

Fueron a casa, él se aseguró de que ella comiera antes de irse a dormir. Por la noche, Kyle estaba guardando la ropa que lavó y Malena se sentó en la sala. No se iba a disculpar por un comportamiento inusual pero dejaría claro lo que quería en ese periodo.

— Kyle, hablemos.

— Te escucho, ¿qué sucede?

— Yo tengo miedo de que mi bebé no sea bendecido — dijo en voz baja — lo sabes, antes quedé embarazada antes y casi llegamos a término pero por todos los lugares que pasaba, no dejaban de criticar el hecho de que me case joven y me embarace como si fuera mi único propósito. A ese bebé, le desearon la muerte y no sabía qué hacer si se cumplía. Cuando lo perdí, lo único que podía hacer era creer que no era mi culpa pero todo lo que hice por el bebé fue nada. Me limité a aceptar lo que sentía como si fuera natural pero los últimos meses fueron un infierno. No me arrepentí de tenerlo sino de que otros se enteraran que lo tenía. Amábamos a nuestro hijo, queríamos tenerlo pero parecía no tener lugar en este mundo, rechazarlo desde antes que comenzara a respirar, solo me hizo insegura sobre todas las personas que nos rodean.

— Lo entiendo, ¿qué quieres hacer?

— ¿Por qué no te enojas? Soy egoísta incluso puede que llegue a desconfiar de ti.

— Malena, no alces la voz. No me voy a enojar porque una experiencia pasada tiene peso ahora… Entiendo todo lo que dices aunque no lo parezca pero también debes entenderme a mi. Es mi primer noviazgo serio, mi primer casi matrimonio y mi primer hijo. No se muchas cosas y me pone nervioso que te guardes todo porque no se que estoy haciendo mal o que estas esperando que haga por ti, porque no lo dices. La experiencia es nueva para mí, quiero pensar en el momento en que pueda cargar ese bebé en mis brazos pero también quiero que te sientas cómoda con durante el proceso. — explicó Kyle con el corazón en la mano.




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