Vivir en una casa resultaba agotador. No por la rutina sino por el hecho de ya no verse con frecuencia. Rita podía decir con orgullo que los diferentes estilos de vida no se interpusieron en la relación pero la distancia era la que les jugaba una mala pasada. La empresa que fundó Jeremy ahora tenía presencia internacional donde los miembros fundadores tuvieron que supervisar las operaciones de la nueva sucursal durante algunas semanas.
Normalmente para Rita no representaba ninguna dificultad pero tras un tiempo juntos, sentía que el pasado podría repetirse en cualquier momento. Por iniciativa propia, quiso conocer a la familia de su novio y la negativa inicial de él le pareció sospechosa. Fueron meses de insistir hasta que la reunión se dio de manera informal.
Noto que Dylan los saludo con cortesía como si se tratara de extraños y no de sus padres. Ella los saludo con alegría para causar una buena impresión pero después de intercambiar unas cuantas palabras parecía que ellos se robaron su felicidad y buena voluntad.
Al poco tiempo, asistió a una boda donde conoció a la pareja festejada por primera vez. Fue Jeremy, su jefe, quien les entregó la invitación y su asistencia fue a un evento tan sencillo que le daba paz. El hombre que se casó era el hermano menor de su jefe y asesor financiero con quién se había reunido en varias ocasiones. Se veía joven pero cada vez que lo escuchaba hablar de su familia, lo hacía con tal cariño que parecía un sueño donde todo era perfecto.
La prueba que le dieron para fortalecer su relación fue una visita inesperada de parte de su futura suegra mientras Dylan estaba de viaje. La mujer la citó en un lugar carísimo donde ordenó comida que en la vida había escuchado hablar. Apenas llegó, sintió que la estaban juzgando, no la llamó para hablar sino para compararla con la ex esposa de su novio. Por respeto no quiso contradecirla pero cuando escuchó que la mujer criticaba el hecho de que en años de matrimonio no tuvieron hijos, la tolerancia desapareció.
— No merece ser llamada madre si va a maltratar a una mujer de esa manera. No vuelva a buscarme.
No sabía si metió la pata o no pero cuando le dijo a Dylan lo ocurrido, él solo respondió.
— No tienes que verla de nuevo, de eso me encargo yo.
Dylan se esforzó mucho por tener una buena relación con ella. En el trabajo, eran serios y estaban en distintos departamentos, su empresa no prohibía los romances pero hacerlo público sólo era un tema de cotilleo, distracción y especulación sobre su vida de pareja. Jeremy solo les pidió que lo que fuera a suceder entre ellos lo mantuvieran en discreción total no porque fuera malo sino que al ser incómodo y un tema privado, la relación laboral podría romperse y no quería perder dos elementos importantes.
Pero ella no dejaría que eso pasara, formalizar una relación significaba que todo estaba bien.
— Dylan… ¿Qué tal si nos casamos?
Dylan se sorprendió tanto que no sabía qué responder. No se negaría pero verla ansiosa le daba mala espina.
— ¿Pasó algo que no me hayas dicho? Se que no soy el novio perfecto pero me esfuerzo tanto como puedo.
Rita no había encontrado a nadie más perfecto que él. Cocinaba, hacía sus tareas domésticas sin ayuda, planchaba y no tenía deudas acumuladas. Además en sus citas era tan dulce y considerado que sentía que lo iba a perder si no reconocía ese esfuerzo que tenía a su lado.
— ¿No quieres?
— Si quiero pero, ¿quieres pasar de nuevo por un matrimonio? Siendo honesto, me enoje que te reuniras con mi madre y aunque no me dijiste de qué hablaron, no te prohibiré verla si quieres pero en realidad, no la quiero cerca. — declaró.
Ella sonrió.
— No la volveré a ver. Se veía como una buena mujer hasta que atacó a otra mujer por no tener hijos. No quiero saber que me hará si se entera que yo no puedo tener descendencia.
— Casemonos. No mañana, pero casémonos pronto. Te daré la boda que sueñas y la familia que necesitas.
Rita sonrió. Ella había preparado un reloj para pedirle matrimonio, algo espontáneo que olvidó pero lo entrego con una sonrisa de oreja a oreja que valía la pena haberlo propuesto sin planearlo. En medio de la planeación, Dylan estaba atendiendo problemas de la empresa a deshoras. Habían sido semanas desde su último viaje pero aún era un empleado capaz de resolver cualquier situación. Una noche, recibió un mensaje del jefe. Una foto que le causó escalofríos solo por su ternura.
"Soy tío de una princesa. Mi hermano y su esposa lo ocultaron bastante bien. Es una preciosura"
Recibió cientos de fotos de una niña pequeña, dormida en la cama acompañada de su madre pero no vio la cara. Decidir casarse era algo que quería pero si su corazón revoloteaba con esa imagen, entonces tendría que dar un paso atrás puesto que no podría llenar la ilusión que causaba esa foto.
— Lo siento, continuamos — pidió él al regresar.
— El jefe envió un mensaje y fotos… que acabo de ver. — confesó de inmediato.
— A ver… — pidió su celular.
Si era tío, entonces Kyle era el padre y por lo tanto, Malena era la madre.
Suspiro. Al menos uno de los dos cumplió su sueño.
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Editado: 05.03.2026