Tres años han pasado.
La historia que comenzó con una separación, se prepara para continuar dejando huella en otro lugar.
El éxito de la empresa que vio crecer le dio satisfacción de que podía crear algo y verlo funcionar. Jeremy le ofreció un puesto a Dylan en una de las sucursales inauguradas en otra ciudad señalando su buen desempeño y lleno de confianza en el desarrollo de negocios locales. No tuvo que pensarlo mucho, Dylan lo rechazó con amabilidad afirmando que necesitaba hacer algunos cambios en su vida. Ahora se sentía más confiado en poder sostenerse por sus propios medios donde la decisión más importante que tomaría se relacionaba con los sueños que tuvo en su juventud. Ya no tenía claro lo que una vez quiso, no lo olvido, pero se sentía preparado para asumir nuevos retos. No había un plan establecido solo para hacer que todos sus esfuerzos se vieran reflejados de la manera en que protegía a su familia. Los problemas que había pasado junto a Malena, las dificultades en las que tuvo que sobrevivir ya eran una historia que no debía repetirse.
—Estoy agradecido por dejarme quedar aquí, aprender y ver crecer el proyecto que te robó tanto tiempo —le dijo a Jeremy una noche que fueron a cenar.
—Hablas como si nunca fueras a volver.
Hubo un silencio extraño.
—¿No volverás? —pregunto. Fue el mejor amigo que tuvo y despedirlo no era nada placentero.
—No creo que haya otro lugar para mí. Dejar está ciudad será lo mejor si quiero ver cómo mi familia vive su propia vida. Siento que si me quedo aquí, todos los recuerdos que tengo se volverán más pesados y no quiero hundirme por mi propio bien. Rita tampoco quiere estar aquí… la sensación de vivir en un lugar donde seremos desconocidos quizás nos de la paz que buscamos — reflexionó
—Lo entiendo. Si necesitas algo llámame. Iré yo o enviaré a Kyle.
—Gracias. Gracias, no sé qué habría hecho si ese día no me hubiera tendido la mano.
Jeremy estaba viendo a otra persona irse. No fue una decisión fácil, pero sí lo suficientemente fuerte para querer mudarse de inmediato.
Rita estaba lista para renunciar a su puesto, un trabajo que le daba estabilidad lo cambió por un lugar con mejor sueldo y más cerca de casa donde tenía disponibilidad. Después de intentar adoptar una vez y ser rechazada, se planteó no intentarlo de nuevo, tenía miedo de que sus caprichos no se cumplieran y solo se lastimara por no aceptarlo; fueron tantos cambios sin entender porque no podía lograr lo que se proponía que quería tirar la toalla, pero a lo mejor, la vida tenía una carta especial para ellos y cuando una niña de cuatro años llegó a su vida, lo único que podía pensar era que tenía que hacer lo mejor posible solo para ella. Conversar con su esposo fue lo mejor que le pudo pasar al tener los pies en la tierra a la hora de decidir sobre lo que necesitaba y lo que era lo mejor para su familia.
La mudanza, empacar, cuidar de su pequeña y reconquistar cada día a su marido, era la manera en que pasaba su día a día.
Desde el día de su ceremonia, recibió todos los tipos de bendiciones. La fiesta no fue la mejor dada la aparición inesperada de sus suegros y cuñadas que hizo que la mayoría de los invitados se sintieran incómodos por los comentarios groseros e inadecuados que escucharon sobre la ex esposa de Dylan, nadie sabía porqué se separaron, pero empezaron a especular con eso; Rita intenta esconder su cara con vergüenza pues sería atacada por el mismo motivo, Dylan ya no tenía razones para defenderla así que debía hacerlo ella para establecer su lugar como anfitriona y miembro de la familia de su esposo. Su intervención llamó la atención, pero fue defendida por su marido. No era momento de comparar y seguramente él la defendería de la misma manera en la misma situación. Ella se fue sin que nadie se atreviera a detenerla. No hubo peleas, pero sí miradas de enojo por parte de una mujer que solo definen el valor de las personas por su capacidad de reproducirse.
Fue una conversación posterior, fría e incómoda donde Dylan protegió a la mujer que escogió como esposa y cuidado de la amistad que había sobrevivido a todo hasta que ambos estuvieron listos para no encontrarse de nuevo. Malena había elegido el camino que quería y lo construyó con cuidado, él también eligió un camino que estaba construyendo esperando que fuera bastante fuerte para sostenerlos a ambos.
Para su fortuna, no habían vuelto a verse y no tenía la obligación de que su niña tuviera relación con ellos. Dylan insistió en que respetaría sus decisiones sobre la relación nieta-abuelos, pero, en realidad, no quería tenerlos cerca. El pasado que compartían aún se mantenía presente y no quería repetirlo. Hubo alguna insistencia de sus padres por estar cerca de ellos, pero está vez fue Rita quien los detuvo pensando que lo mejor sería poner tierra de por medio. Ambos estaban de acuerdo que no querían a su hija cerca de personas problemáticas y la única opción además de contacto cero era alejarse.
Comenzar en otra ciudad donde todo resultaba desconocido la ponía nerviosa. Nunca imaginó vivir lejos de su hogar, pero ese tipo de oportunidades eran para tomarlas cuando aparecieran. Dylan aceptó un trabajo bien remunerado mientras ella tendría un trabajo con mayor disponibilidad de horario solo para cuidar de su hija; sin Dylan, no se imaginaba cómo llevaría el rol de madre cuando él tomaba su rol de padre de manera activa. No había división de tareas, pero se hacían cuando se necesitaba. Su hija era un ser que necesitaba tanto amor que quitarle un ojo de encima los hacía sentirse vacíos. Quizás en otro momento podrían reunirse con sus familias sin la tensión de sentirse rechazados por no cumplir sus estándares aunque hasta el momento, la mejor solución era vivir lejos y en paz.
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Editado: 05.03.2026