Dejé a Monty seguir trabajando con las pulseras y salí a buscar a Octavia. Sin que nadie me viera abandoné el campamento, caminé sin rumbo hasta que la encontré sola en un claro del bosque jugando con unas mariposas.
—Athom ya no me habla —agachó la cabeza y soltó un gruñido de frustración. Se nota que está triste, sé que Bellamy tuvo algo que ver, pero esta vez creo que él tiene razón. Si Athom le importara a Octavia estaría con ella sin importar lo que diga su hermano—. Estoy cansada de que siempre controle mi vida.
—Él solo quiere protegerte, O.
—Athom nunca me haría daño.
—Si te amara, estaría aquí.
—¡Cállate! ¡No lo conoces! —me gritó desesperada. Está sufriendo, porque aunque quisiera negarlo, en el fondo sabe que tengo razón—. Sé cuidarme sola, no necesito que ni tú ni Bellamy me digan qué hacer. Ya no soy más la niña del suelo.
Se fue dejándome sola. No tenía ganas de volver al campamento y cruzarla en el camino. Lo mejor sería quedarme un rato aquí hasta que las cosas entre ambas se tranquilicen.
(...)
No sé cuánto tiempo estuve tirada en el suelo disfrutando de la tranquilidad del lugar, pero todo acabó cuando comencé a escuchar gritos y lo que parecía ser una corneta. A lo lejos pude notar cómo una tormenta de arena se acercaba.
—¡Todos a las cuevas!
Escuché la voz inconfundible de Bellamy gritar y fui de prisa en su dirección. En el camino me tropecé con un cuerpo: Athom. Traté de ayudarlo a levantarse pero su pierna se había fracturado y pesaba demasiado para moverlo yo sola.
—Déjame y ve a las cuevas, estaré bien, solo es una tormenta de arena —no me pareció buena idea. Volví a tratar de levantarlo, pero algo cayó en mi mano y me obligó a soltarlo de inmediato. Mi piel ardía, tenía una horrible quemadura—. ¡Es una tormenta de ácido! ¡Corre, Olivia, vete ahora!
—Perdón… —susurré con lágrimas y corrí con todas mis fuerzas.
Sé que soy egoísta por dejarlo atrás, pero no me arrepiento. En el fondo yo solo quiero sobrevivir.
Alcancé a divisar a Bellamy entrando a una cueva junto a Charlotte, la única niña del campamento.
—¡Bellamy!— grité.
—¡Corre, Olivia, apúrate, estás muy cerca!
Corrí lo más fuerte que pude, pero tropecé con una roca y caí al suelo.
Creí que este era mi fin, la tormenta se acercaba cada vez más, podía escuchar los gritos de agonía de Athom de fondo. Cuando pensé que moriría, alguien llegó a mi lado y me cargó en sus brazos hasta ponerme a salvo.
—Bellamy… —susurré anonadada, había arriesgado su vida para salvarme otra vez. Revisó las heridas en mi cara, pero me aparté enseguida al sentir su toque. Ardía y mucho—. Es ácido, al parecer la tierra sí está contaminada después de todo.
—¿Qué hacías ahí afuera? Creí que estabas con Monty.
—Tuve una discusión con Octavia y salí a despejarme.
—¡Te quedaste sola en el bosque sabiendo que los terrestres están por ahí sueltos! —no me sorprendió que me haya gritado, lo que sí me sorprendió fue ver la preocupación en sus ojos; solo lo he visto así por su hermana—. ¿Qué hubiera pasado si te atrapaban?
—No pasó nada, deja el tema aquí
Respondí quitándole importancia y pasando a su lado para sentarme junto con Charlotte. Está muy asustada con todo esto. Es solo una niña, no debería estar en un lugar tan peligroso.
—¿No pasa nada? ¿En serio? ¿Crees que esto es un juego?
—Qué te importa si me matan, pensé que eso era lo que buscabas.— le recrimine, ya harta de la discusión.
—Solo quería que te quitaras la pulsera y ya lo hiciste.
Asentí sabiendo que eso era una mentira, pero no quería seguir discutiendo más sobre el tema. Me acomodé mejor junto a Charlotte y la abracé para darle calor. Bellamy se quitó la campera y la colocó sobre los hombros de la menor.
—No vuelvas a salir sin mi autorización. No está a discusión, Olivia.
—No soy Octavia. A mí no puedes encerrarme.
Bellamy se quedó en silencio un rato. El sonido de la tormenta de ácido afuera hacía eco en las paredes, como si el mundo entero estuviera ardiendo.
—Gracias —murmuró de repente, rompiendo el silencio.
Lo miré, confundida.
—¿Gracias?
—Por cuidarla… por cuidar a Octavia en prisión. Ella me lo contó —su voz sonaba más baja, como si le costara admitirlo—. Dijo que fuiste tú quien estuvo a su lado cuando las cosas se ponían feas.
Bajé la mirada, recordando esas noches interminables, donde la oscuridad y el miedo eran lo único que compartíamos. Pero no tenía que agradecerme nada, al contrario. Octavia fue quien me salvo. Soy yo quien debe agradecerle a ella.
—Octavia no merecía estar en un lugar como ese, nos apoyamos mutuamente
Él asintió, con la mandíbula apretada. Pude notar cómo intentaba ocultar el temblor en sus manos. Todo lo relacionado con Octavia lo sacudía más que cualquier otra cosa.
—Lo estás haciendo bien —dije con suavidad, sorprendiéndome de mis propias palabras—. Puede que a veces seas un cabeza dura, pero… eres un buen hermano, Bellamy. Ella te necesita más de lo que crees.