Volvimos al campamento. Traté de que Octavia no viera el cuerpo de Athom, pero no hubo caso. Intenté consolarla, y me empujó contra Bellamy, quien me sostuvo antes de caer al suelo.
—No me hablen ninguno de los dos.
Me aparté lejos de todos, la culpa me estaba devorando. Sentí que alguien se sentaba a mi lado: Wells. No estaba de humor para lidiar con él ahora. La muerte de Athom revivió aquel recuerdo que me atormenta cada noche, el que me convirtió en lo que soy. Y tenerlo aquí, justo a él… no era bueno.
—Tienes que alejarte de mí.
—Tú eres quien más me odia. Necesito saber por qué.
—No te odio a ti, me odio a mí. —Lo miré, conteniendo las lágrimas. Cada vez me pesa más esta mochila. Pero no puedo contárselo, no merece cargar también con mi culpa—. No soy una buena persona, Wells.
—No eres una mala persona, Olivia. —Me tomó la mano. Yo me aferré con fuerza, intentando reunir valor para decirle lo que llevo escondiendo tanto tiempo—. ¿Qué pasa, Olie?
—Duele que me trates así… no sabes todo el daño que he hecho. Cuando te miro a los ojos, la veo a ella. No quise hacerlo. —Las lágrimas comenzaron a caer. Ya no había marcha atrás—. Jamás quise que ese disparo saliera. Fue un accidente.
Flashback
Era el día. Mi venganza. Mis manos temblaban, pero no me detuve. Llegué hasta la puerta de la casa del canciller. Fue ella quien me abrió, con la misma amabilidad de siempre.
—Hola, Olivia. Wells y yo ya nos vamos, Thelonius vendrá pronto —dijo con voz dulce, y se dio vuelta para terminar de arreglar a Wells.
Yo respiré hondo. Había planeado ese momento durante meses.
—¿Qué pasa, nena?
—Extraño a Victoria… —susurré.
—Oh, lo sé. A mí también me duele que sea así. —Me sonrió. Era tan buena, tan dulce. Me recordaba a mi madre. Ojalá hubiera sido ella quien estuviera conmigo—. Ten un lindo día de padre e hija, Olivia. Sé que cuesta, pero comprende que Thelonius solo seguía las reglas.
La miré, triste. Una rosa inocente al lado de un monstruo.
Antes de que Jaha conociera a la madre de Wells, había tenido una aventura de una noche con mi madre. De ahí nací yo. Nunca me reconoció. Cuando su esposa lo supo, me buscó. Quería acercarme a él, y a Wells. Al principio todo iba bien… hasta que nació Victoria. Entonces todo se arruinó. El Consejo la mató junto a mi madre, solo por el hecho de existir.
Ese recuerdo me llenaba de rabia. Saqué el arma que había robado a un guardia. Cuando Jaha entró, le apunté.
—Olivia… —levantó las manos, tratando de calmarme—. Baja eso, no vas a solucionar nada. ¿Quieres que te arresten?
—Cumplo con mi papel de hermana mayor. —El odio me cegaba—. Wells no merece crecer junto a un asesino. ¡Voy a acabar contigo! ¡Por Victoria! ¡Por mi madre!
—¿Olie? —Wells me miraba asustado, abrazado a su madre. Ese gesto me golpeó. Era como ver a Victoria, el día que la flotaron, mirándome aterrada detrás del cristal.
—Victoria… —susurré, bajando el arma entre lágrimas—. Perdón. Perdón… ¡Perdón!
Caí al suelo, rota. La señora Jaha se acercó con ternura.
—Cariño, todo estará bien. Solo dame el arma antes de que te hagas daño.
Su voz me tranquilizó. Aflojé los dedos y se la entregué. Pero justo en ese instante los guardias irrumpieron en la casa. Jaha los había traído.
Me sobresalté, y volví a apretar el arma contra mi pecho. Estaba en shock. Los guardias me arrancaron de su lado.
—¡Victoria, ayúdame! —grité desesperada.
Forcejearon conmigo para quitarme el arma. Y sin saber porque, mi dedo apretó el gatillo.
Frente a mi, la única persona que me había defendido y protegido yacía muerta con un tiro limpio en la cabeza.
Fin del flashback
—Tú mataste a mi madre… —susurró Wells.
—Fue un accidente. ¡Nunca quise que ese disparo saliera! —intenté tomar su mano, pero me rechazó.
—¿Por qué? Dime la verdad… ¿somos hermanos?
—Sí. Yo nací antes que tú, antes de que tus padres se conocieran.
—Él mató a tu madre por tener un segundo hijo. Y tú mataste a la mía.
—No espero que me perdones, Wells. Solo quiero que sepas que quería mucho a tu madre. Ella me ayudó cuando mi mundo se derrumbó. Pero yo estaba rota… y ese día no pensé en lo que hacia. No es excusa, solo es la verdad.
Él se quedó en silencio, con los ojos vidriosos.
—Déjame solo. Necesito pensar en todo esto.
Asentí, fingiendo que lo entendía, cuando en realidad lo único que quería era no soltarlo nunca.
Me obligué a darle ese espacio, convenciéndome de que era por respeto, aunque en el fondo sabía que también era por miedo.