Eath War (the 100)

Capitulo 10: Condenada desde que naci

Abrí los ojos con lentitud. Me encontré sentada sobre el frío metal de una cama improvisada. El sonido de la tormenta retumbaba en las paredes de la nave; cada trueno hacía vibrar el suelo bajo mis pies, y entre los golpes del viento se colaban quejidos apagados en la parte superior, como si estuvieran torturando a alguien.

—Está furioso— escuché una voz femenina a mi lado. Giré la cabeza y vi a Clarke cosiendo las heridas de Finn. Al percibir mi mirada, añadió— estaba desesperado cuando llegó contigo en brazos. Te salvó la vida.

Negué despacio.

—Te equivocas, él no me salvó.

—Tu herida estaba infectada, ardías en fiebre —insistió con frialdad, sin dejar de coser— ¿De verdad crees que sin ayuda estarías bien?

—Tú no entiendes.

Clarke me fulminó con los ojos, como si buscara forzarme a entrar en razón.

—¿También lo defiendes? Primero Octavia y ahora tú... ¡No te das cuenta de lo que le hizo a Finn!

No respondí. El terrestre solo se defendió, como cualquiera lo haría si invaden su hogar. Eso no lo hace un monstruo.
Me puse de pie, aunque mi pierna aun punzaba de dolor.

Subí despacio hacia la escotilla; necesitaba ver lo que le estaban haciendo. Es cierto, fue idea mía sacar información al terrestre, pero no así. Yo quería diálogo, y en la cueva lo estaba consiguiendo... hasta que Bellamy llego y lo arruinó.
Cuando estaba por abrir la escotilla, una voz que creía enterrada en el pasado crujió por la radio.

—¿Clarke? Seguimos hablando... ¿cuántos han sobrevivido?

Mi respiración se cortó. Raven lo había logrado: la radio estaba reparada y conectada al Arca. Ahora saben que estamos vivos.

—Lo siento Olivia, era necesario contactar— respondió Clarke— Sin mi madre, Finn no hubiera sobrevivido.

Las palabras de mi padre rebotaban como martillazos dentro de mí. Ansioso e impaciente. Clarke avanzó hacia la radio dispuesta a contestar, pero me interpusé.

—No le digas que estoy viva.

Mi voz fue un filo que cortó el aire. Ella me miró sorprendida, pero finalmente asintió. Sentí un alivio oscuro recorrerme el pecho: que crea que estoy muerta y que sufra. Es lo que merece.

Me giré hacia Finn. Estaba empapado en sudor. Le toque la frente, su piel ardia bajo mis dedos. De pronto comenzó a temblar.

—¡Clarke!— grité.

Ella corrió a nuestro lado, y cuando vio sus convulsiones, palideció.

—¡Oh, por Dios! ¡Ayudame!— Lo giramos de lado justo cuando Raven entró corriendo.

—¿Qué está pasando?

—No, no lo se... algo salio mal

—Es imposible, no había fluido ni tocaste ningún órgano— respondió Raven mirando a Clarke que no paraba de caminar de un lado a otro.

—Esto es otra cosa, fiebre, convulsiones, sudor...ya he visto esto antes ¡Es veneno!

—¿Acaso no esterilizaron las cosas?— pregunté confundida, no es algo que Clarke o Raven olvidarian más si es Finn el involucrado.

—No esterilice todo— Respondió Clarke tomando el cuchillo del terrestre, para luego dirigirse hacia la escotilla— La hoja estaba envenenada.

—¡Espera, Clarke!— grité, siguiéndola hasta el piso superior.

El espectáculo me golpeó de lleno, no esperaba ver una cosa asi. El terrestre colgaba del techo atado por las manos atadas, tenia el cuerpo cubierto de moretones y sangre. Bellamy descargaba su furia en cada golpe, mientras él resistía en silencio. No soltaba palabra. Había cumplido con mi consejo... pero eso podía costarle la vida.

—La hoja está envenenada— Clarke lo anunció, y Bellamy se apartó para dejarla interrogarlo.

Apenas tuve un segundo de respiro antes de que Bellamy se acercara a mí, con la mirada cargada de rabia y decepción.

—¿Cómo estás?— preguntó con seriedad, mirando la herida cocida de mi pierna. La verdad antes no me había fijado en ella, supongo que Clarke se encargo de curarme— Lo siento... no debí dejarte sola.

—No fue culpa de nadie...

—¿¡No fue culpa de nadie!?— su grito me estremeció. Señaló al terrestre como si fuera el mismísimo demonio— ¡Él tuvo la culpa!

Negué con fuerza.

—Él no es como los otros.

—¿¡No es como los otros!?— Me sujetó de los hombros con fuerza. Pude sentir su miedo más que su ira.

Antes de que pudiera contestar, Raven irrumpió con voz ahogada:

—¡Chicos! ¡Finn dejó de respirar por un momento!

—El no quiere decirnos cual es el antidoto— gritó gustada Clarke mostrando los frascos qué el terrestre llevaba consigo.— Necesitábamos el antídoto o Finn moriría.

—No dirá nada, no nos entiende— gritó angustiada Octavia, que era retenida por dos chicos. No la había visto antes, hasta que hablo. No debería estar aquí.

—Entonces le daré algo nuevo que probar— Raven tomó cables pelados, dispuesta a electrocutarlo.

Bellamy me atrapó de los brazos para impedir que interviniera, pero me solté con brusquedad. Corrí hacia Raven y la empujé lejos del prisionero.




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