Cada uno se encargaba de una tarea en el campamento. Octavia y yo estábamos a cargo de la carne junto a otro delincuente cuyo nombre ni recuerdo, pero lo que sí sé es que es un completo cretino.
—Es demasiado fuego —le advirtió Octavia.
Pero el muy idiota, en lugar de bajarlo, lo aumentó más. Se cree tan machista que ignora todo lo que decimos las mujeres, como si él fuera más listo que nosotras. Por culpa de ese imbécil, la comida terminó chamuscada.
—¡Mira lo que hiciste! ¡Idiota! —le grité furiosa y lo empujé al suelo.
Murphy tuvo que sujetarme del brazo para evitar que lo golpeara, aunque honestamente se lo merecía.
—Suéltame, Murphy —protesté, intentando zafarme para ir de nuevo contra el tarado que me observaba desde el suelo como si yo estuviera loca.
Pero entonces sentí los brazos de Bellamy rodeándome por detrás, alejándome de mi objetivo.
—Ya, milady, no vale la pena —me susurró cerca del oído.
—Perdimos toda nuestra comida por culpa de ese imbécil, Bellamy. Tenemos que comer o los terrestres nos vencerán por estar débiles —repliqué, molesta.
Él asintió suavemente, y con su mano acarició mi mejilla retirando algunas cenizas que tenía pegadas al rostro. Ahora entendía por qué el idiota del suelo me miraba raro: debía estar hecha un desastre.
—Tienes razón… pero matarlo no nos ayudará —dijo Bellamy con calma.
Suspiré, cediendo un poco, y me dejé relajar en sus brazos. Entonces me dio un pequeño beso en la mejilla. Me incomodó porque todos nos estaban mirando, pero al parecer a nadie le sorprendió demasiado.
—Ahora nos toca salir a cazar —añadió, apartándose.
—Solo usaremos lanzas y cuchillos. Las armas de fuego son para los terrestres. Nos dividiremos en grupos de a tres, y cada grupo llevará un arma —explicó Clarke mientras Bellamy estaba a su lado.
Todos comenzaron a prepararse. Yo también estaba lista para salir cuando Bellamy me detuvo.
Lo miré seria, segura de que venía con otro de sus sermones sobre lo “peligroso” que era. Pero, en lugar de hablar, simplemente me quitó el arma que llevaba.
—Vendrás conmigo. Yo llevo el arma, tú lleva tu arco. Es mejor dejar algunas armas en el campamento por si llegan hasta aquí —dijo.
Asentí, aunque resoplé por dentro. Jasper y algunos más se quedarían defendiendo el fuerte, aunque dudaba que los terrestres atacaran tan directo.
—¡Al anochecer los quiero a todos aquí! —ordenó Clarke, antes de que cada grupo se marchara.
—Espera, Bellamy… nos falta otro integrante.
—Así estamos bien.
—Es por precaución.
La verdad era otra. No quería quedarme sola con Bellamy. Últimamente estaba demasiado pendiente de mí, siguiéndome con la mirada, cuidando cada cosa que hacía. En el campamento se mostraba recto y seguro, el gran líder que todos necesitaban. Pero cuando quedábamos solos, sacaba su lado romántico… y algo posesivo. Me asfixiaba. Si alguien más venía con nosotros, tendría una excusa para poner distancia y respirar un poco.
—Sé lo que tratas de hacer Olivia. Si te molesta tanto, dilo.
—Pues… pongamos algunos límites —propuse.
—¿A qué te refieres?
—A reglas. Primera: me dejarás salir al bosque cuando yo quiera.
—Eso sí que no. Pídeme otra cosa.
—Está bien… entonces déjame salir con Octavia, o con Nathan. Sé que confías en él.
—¿Miller? —frunció el ceño—. No me gusta que estés cerca de él.
—Es solo un amigo. ¿Qué dices?
—Está bien. Pero solo si es con Jasper.
¿Celos de Nathan? ¿Del chico que me regaló una pulsera de flores hecha a mano y que es abiertamente gay? Vaya, y yo que creí que Bellamy era más listo.
—Bien, iré con Jasper. Otra cosa: no estés siempre pendiente de lo que hago. No soy Octavia, no tienes obligación de “protegerme”.
—Sí la tengo. Porque me gustas. Pero está bien, te daré tu espacio. Es lo que quieres, ¿no?
—Sí. Y última regla: no me besarás ni abrazarás en público. Eso solo en privado… al menos hasta que yo me sienta segura.
—¿Y cuándo estaremos juntos, entonces? Me estás alejando, Olivia.
—No, solo quiero que me des mi espacio. Sigamos como antes en público.
—Okey… pero yo también pondré reglas.
Asentí. Era justo.
—No te acercarás a Murphy ni a Nathan. Solo podrás hablar con Finn, Jasper o Monty —dijo con seriedad.
Lo miré fulminante. Si pensaba apartarme de todos por celos, estaba equivocado.
De pronto soltó una carcajada.
—Tranquila, Milady. Era una broma. Tengo una sola petición… duerme conmigo todas las noches.
Me quedé helada. Apenas estábamos empezando, ni siquiera nos habíamos besado de verdad, y él ya quería eso.
—Solo dormir, nada más —aclaró, viendo mi expresión—. Quiero poder estar en privado contigo, hablar, abrazarte, acariciar tu mejilla.