Damián salió del despacho de su abuelo sintiendo que las paredes del edificio Ferrer Global se cerraban sobre él. Cada retrato de sus antepasados en el pasillo parecía juzgarlo. Sabía que no podía perder la empresa; era su identidad, su vida entera. Pero el precio era cargar con una mujer que no deseaba.
Esa misma noche, se citó con Vanessa en un lujoso bar clandestino, lejos de las cámaras.
—¿Qué pasa, mi amor? Estás tenso —dijo Vanessa, deslizando una mano por el brazo de Damián.
Damián cerró los ojos, sintiendo una mezcla de culpa y rabia. —Mi abuelo me dio un ultimátum, Vanessa. Si no me caso con Luna Black, me quita la presidencia. Lo perderé todo.
Vanessa se tensó. Sus ojos, antes dulces, destellaron con una frialdad calculadora que Damián no quiso notar. Ella no amaba al hombre, amaba al trono. —¿Y qué vas a hacer? No puedes dejar que esa niña mimada se quede con lo que es tuyo —siseó ella—. Cásate con ella, Damián. Haz lo que el viejo pide. Pero que sea solo un papel. Ella será la esposa ante la sociedad, pero yo seré la dueña de tu cama y de tu corazón.
Damián la miró, sorprendido por la frialdad de su sugerencia. —¿Estás diciendo que la use? —Digo que protejas tu herencia. Ella es una pieza de ajedrez, nada más. Una vez que asegures el control total de la empresa, nos desharemos de ella.
Mientras tanto, en la residencia de los Black, la atmósfera era muy distinta. Luna estaba en su habitación, rodeada de bocetos de vestidos, cuando su padre, un hombre imponente pero de mirada cansada, entró sin llamar.
—Luna, deja eso un momento. Tenemos que hablar de tu futuro —dijo su padre, sentándose en el borde de la cama.
Luna sintió un vuelco en el corazón. Sus padres rara vez hablaban de "su futuro" sin mencionar la empresa familiar. —Damián Ferrer ha pedido formalmente iniciar un compromiso contigo —anunció su padre, ocultando que, en realidad, era un trato financiero para salvar una línea de crédito de los Black—. Es una oportunidad única, hija. Los Ferrer son la familia más poderosa del país.
Luna sintió que el mundo se detenía. ¿Damián? ¿El hombre que ella observaba en secreto en cada evento? ¿El que parecía un dios inalcanzable? —¿Él... él me eligió a mí? —preguntó Luna, con las mejillas encendidas.
—Él sabe lo que vales —mintió su padre, evitando su mirada—. Mañana habrá una cena formal para firmar el acuerdo prematrimonial. Quiero que estés radiante.
Esa noche, Luna no pudo dormir. Imaginaba una vida de amor, apoyando a Damián en sus negocios mientras ella lanzaba su propia línea de moda con su ayuda. No sabía que, a pocos kilómetros de allí, Damián firmaba un cheque para Vanessa como "compensación" por su paciencia, mientras juraba que Luna Black pagaría cada segundo de su infelicidad.
—Será una cárcel de oro para ella —murmuró Damián, mirando el anillo de compromiso que su abuelo le había entregado—. Y yo seré su carcelero.