Sebastián tomó el documento con una sonrisa de triunfo contenida, una expresión que gritaba victoria no solo profesional, sino personal.
—Sabía que tomarías la decisión racional, Val. —Le dio un golpecito afectuoso en el hombro al pasar junto a ella—. Mañana presentaré los cambios a la junta. El proyecto está a salvo.
Cuando la puerta se cerró tras él, el silencio en la oficina se volvió denso, casi sólido. Julián seguía en el umbral, con la mandíbula tan tensa que parecía a punto de romperse. No gritó, no hubo reproches dramáticos; eso habría sido más fácil de soportar para Valeria. En su lugar, su voz salió baja y cargada de una decepción que calaba hasta los huesos.
—Lo has vuelto a hacer —dijo él, finalmente encontrando sus ojos—. Has elegido el "nosotros" profesional sobre el "nosotros" real.
—Julián, si no firmaba, los inversores retirarían el capital mañana mismo —intentó explicar Valeria, levantándose de su silla, con las manos temblándole ligeramente—. Sebastián tiene el respaldo de la junta. Era la única forma de que este hotel viera la luz. Es solo un ajuste técnico...
—Es mi nombre, Valeria. Es mi visión la que acabas de borrar para dejar que él se cuelgue las medallas —dio un paso hacia atrás, alejándose de ella como si el espacio entre ambos se hubiera vuelto radioactivo—. Anoche en el archivo... por un momento pensé que de verdad me veías. Pero solo ves el éxito. Y para ti, yo siempre seré el desastre que puedes permitirte sacrificar.
—¡No es así! —exclamó ella, rodeando el escritorio—. Lo hice por ti también. Si el proyecto se hunde, tu carrera se hunde conmigo.
Julián soltó una risa amarga mientras recogía su maletín.
—Mi carrera ya está acabada en este edificio si tengo que trabajar bajo la sombra de tu ex. Disfruta de tu hotel, Martínez. Espero que las vistas desde la cima valgan la pena, porque te vas a quedar muy sola ahí arriba.
Salió de la oficina sin mirar atrás. Valeria se quedó de pie, rodeada de planos de lujo y presupuestos millonarios, sintiendo que el aire acondicionado del edificio nunca había estado tan frío. Acababa de salvar el proyecto de su vida, pero el peso en su pecho le decía que el coste había sido su propia alma.
Las consecuencias del error
Esa noche, Valeria recibió un mensaje de Sebastián: "Cena de celebración a las 9. Tenemos mucho que planificar para la nueva fachada". Al mismo tiempo, vio una notificación en su tablet; Julián acababa de enviar su dimisión formal al departamento de Recursos Humanos con copia a ella.
Valeria no se molestó en responder el mensaje de Sebastián. Dejó el teléfono sobre el escritorio, tomó su abrigo y salió de la oficina casi corriendo, ignorando las miradas de curiosidad del equipo de guardia. El lujo del edificio corporativo se sentía como una jaula de cristal que se cerraba sobre ella.
Manejó a través de la ciudad bajo una lluvia que no daba tregua, con el corazón martilleando contra sus costillas. Al llegar al edificio de Julián, ni siquiera esperó el ascensor; subió las escaleras de dos en dos hasta llegar al piso cuatro.