—Valeria, supongo que el correo fue un error de redacción fruto del cansancio —la voz de Sebastián sonaba peligrosamente calmada, sin rastro de la calidez fingida de la tarde—. Porque si no lo es, acabas de cometer el suicidio profesional más espectacular de la década.
Valeria apretó el teléfono, sintiendo la mano de Julián apoyarse con firmeza en su cintura, dándole el ancla que necesitaba.
—No hay ningún error, Sebastián. El diseño de Julián se queda. O nos vamos los dos.
Se escuchó una risa seca y metálica al otro lado de la línea.
—Qué conmovedor. El sacrificio de la reina por su peón. Pero déjame recordarte algo, Val. Si ese correo llega a la junta mañana por la mañana, yo no seré el único que pierda. Tengo en mi poder los registros de las cámaras de seguridad del archivo de la semana pasada.
El corazón de Valeria dio un vuelco. Julián se tensó visiblemente a su lado.
—¿De qué hablas? —preguntó ella, aunque ya lo sabía.
—Hablo de una conducta "poco profesional" entre dos directores de proyecto que se supone que deben mantener la objetividad ante una inversión de cincuenta millones. Si ese video llega a manos de los inversores, no solo los despedirán por incompetencia técnica; los demandarán por conflicto de intereses y negligencia. Sus nombres quedarán manchados de tal forma que no podrán diseñar ni una caseta de perro en este país.
Sebastián hizo una pausa dramática, saboreando el silencio aterrado al otro lado.
—Tienen hasta las ocho de la mañana para retractarse de ese correo y aceptar mis términos. Julián se va con una carta de recomendación estándar y tú te quedas a mi lado terminando el hotel. Es eso, o la destrucción total. Ustedes eligen.
La llamada se cortó con un clic definitivo.
Un callejón sin salida
Valeria soltó el teléfono sobre la mesa de Julián como si quemara. El aire en el apartamento se sentía helado. Sebastián no solo quería el proyecto; quería el control total y ver a Julián humillado y fuera de su vida para siempre.
—Nos tiene acorralados —susurró Valeria, tapándose la cara con las manos—. Si ese video sale a la luz, perderemos nuestras licencias. Todo por lo que hemos trabajado...
Julián se acercó a ella, pero esta vez no había rabia en sus ojos, sino una determinación fría.
—Él cree que somos piezas de su tablero, Valeria. Pero se olvida de que yo conozco los servidores de seguridad del edificio mejor que