Ecos De Sangre Y Plomo

CAPÍTULO 1 : REFUGIO

Sonó mi despertador. Me levanté tras una noche de descanso en mi pequeña carpa. La brisa fría se filtraba por los agujeros de la tela, generando en su interior un clima fresco, agradable en días de verano y tormentoso en fechas de invierno. En el exterior, la cercanía con el océano Pacífico marcaba su presencia por el olor a sal marina. El silencio reinaba en el ambiente, roto solo por el eco de los pasos de los guardias en el pasillo y el sonido del silbato que indicaba la hora oficial de despertar. La mañana iniciaba y los refugiados salían poco a poco de sus tiendas rumbo a la hoguera.

Nuestro refugio era un edificio estilo Strip center abandonado. La hoguera se ubicaba en un antiguo restaurante chino; aprovechamos la ventilación principal para crear una campana que liberara el humo hacia el exterior. Además, las instalaciones de la cocina servían bastante bien para el personal encargado de la alimentación del recinto.

Después de vestirme, me dirigí hacia allí para buscar algo de comida antes de comenzar mis actividades. En el camino me encontré a Eduardo.

—Buenos días, Kael —saludó él.

—Buenos días, Edu —respondí.

—¿Qué tareas tienes hoy? —preguntó.

—Debo ir con Mike para ver las prioridades —contesté—, ¿y tú?

—Tengo labores de carpintería y reparación —dijo con voz cansada.

—Te hubieras unido a nosotros. Sé cuánto odias la carpintería y, aun así, sigues en mantenimiento.

—Sabes que soy cobarde —admitió Eduardo—. La vez que traté de disparar un arma, la dejé caer y el instructor me aporreó.

Llegamos a la hoguera. La mayor parte de los residentes se encontraba alrededor de ella, a excepción de los guardias, vigías y el encargado del refugio. Siendo apenas cuarenta personas, no era difícil congregarse en un solo lugar. Saludé a Doña Sara, la encargada de preparar la comida, y retiré mi ración: un pan de combate y una botella de agua. Me despedí de Eduardo y continué mi rumbo, masticando el pan mientras caminaba por los pasillos.

Tomé rumbo hacia la armería para recoger el encargo del día anterior. La armería era una carpa bastante más grande que las demás, con una mesa en su interior y herramientas para fabricar partes de armas, montar municiones y clasificar armamento. Rogelio, un hombre de mediana edad, les daba mantenimiento a los equipos del refugio. Cada uno de los grupos —guardias, vigías y Reavers— tenían a su cargo armamento; nosotros, los Reaver, somos el grupo más pequeño, pero mejor equipado al tener asignada una mayor gama de recursos. Retiré mi equipo, revisé el detalle de la mantención y le agradecí a Rogelio antes de retirarme hacia la carpa principal.

Las actividades dentro del refugio se solían dividir en áreas o equipos formados por la Alcaldía, donde se encontraban los responsables de cada área. Los guardias resguardaban los accesos; los vigías tenían la misión de observar el entorno en busca de amenazas o detectar cualquier posible ataque; el equipo de mantenimiento se encargaba de las reparaciones, limpieza y soporte a la Alcaldía en la ejecución de las labores diarias; el equipo de alimentación, conformado por tres personas, se encargaba de la preparación de todos los alimentos; y por último los Reaver. Nosotros nos ocupábamos de todo lo relacionado con el exterior: recuperación de recursos, "limpiezas", cacerías y abastecimiento.

Caminé por los pasillos reforzados por pilotes de madera y piedras apiladas hacia la Alcaldía. El corredor era largo, de doble sentido y sin desviaciones, diseñado así por seguridad. La ubicación de la oficina principal fue pensada como punto de refugio en caso de invasión por parte de las bestias del exterior o de sufrir algún asalto. Al final del corredor existían bidones explosivos con el detonador en la oficina del Alcalde. El plan en caso de emergencia consistía en tumbar la vía y huir por la salida de emergencia en caso de colapso, ver nuestras defensas superadas o ante la presencia de algo que nos obligara a una rápida retirada.

En la Alcaldía se encontraba Mike, el líder de nuestra comunidad, un hombre de unos 45 años, alto y de complexión fuerte. Tenía cicatrices repartidas por todo su cuerpo y su rostro transmitía firmeza y decisión. Estaba acostumbrado a estar bajo presión, pues anteriormente fue suboficial de la fuerza aérea. Si no fuera por sus competencias, nuestro refugio hace tiempo habría fracasado.

Antes de ingresar me encontré con los otros miembros del escuadrón de Reaver: Oz, el más viejo de nuestro contingente; Liam, el más valiente de todos; y Annie, la voz de la razón en nuestra formación. Nos saludamos brevemente con un gesto y Oz nos indicó con una seña que debíamos ingresar a la sala de reunión. Mike ya nos esperaba desde temprano, como de costumbre. Él era quien más trabajaba en el recinto y, al mismo tiempo, quien menos descansaba por las noches.

—Buenos días, escuadrón de Reaver, por favor tomen asiento —dijo señalando las sillas alrededor de la mesa.

—Buenos días —respondimos al unísono mientras tomábamos asiento.

—Bien —dijo sacando su libreta—, espero que descansaran, porque hoy, o más bien esta semana, será bastante ajetreada.

—No le des tantas vueltas y habla —escupió Oz.

—Con calma —intervino Annie antes de que Mike pudiera responder.

A pesar de su carácter, nadie ponía en duda su valor. Dentro de los miembros de combate, aquel vegete huraño era el comando de mayor confianza del jefe. Solía encargarse de las misiones que a nadie más le gustaba aceptar: la pesca de recursos en solitario por los sectores más apartados de las ruinas, misiones de reconocimiento raudas en zonas calientes o el inventario de suministros en bóvedas lejanas. En fin; todas esas tareas molestas que significaban salir del refugio por horas o, como máximo, un día completo. Para Mike, la discreción y el silencio de Oz eran un activo invaluable; para el resto de nosotros, era simplemente el viejo cascarrabias haciendo el trabajo sucio que nos mantenía con vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.